Mostrando las entradas con la etiqueta pablo ingberg. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta pablo ingberg. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de julio de 2019

En Pantunflas entrevistan a Pablo Ingberg

Queridos colegas: 

No pueden perderse esta entrevista a Pablo Ingberg, traductor argentino con casi un centenar de obras clásicas traducidas desde idiomas tales como el griego antiguo, el latín, el inglés y el italiano.

Foto tomada de: https://en-pantuflas.com
Él es licenciado en Letras egresado de la UBA con diploma de honor y el premio de la Academia Argentina de Letras al mejor promedio. Ha publicado 5 libros de poesía, uno de poemas para niños, una novela y una obra teatral. Ha traducido más de 90 libros de Safo, Sófocles, Aristófanes, Virgilio, Shakespeare, Austen, Dickens, Melville, Whitman, Poe, Stevenson, Conrad, Carroll, entre otros tantos. Ha recibido el premio Teatro del Mundo a la mejor traducción dramática de 2000 por La tempestad de Shakespeare. Además, ha sido destacado en el mismo premio por otras 16 piezas de Shakespeare, dos de Sófocles, una de Joyce, una de Virginia Woolf y una de Howard Zinn. Asimismo, Pablo colabora con revistas, suplementos literarios y dicta cursos y talleres de traducción literaria.

Foto tomada de: https://en-pantunflas.com

Una vez que lleguen a  https://en-pantuflas.com/ y hayan escuchado la entrevista a Pablo Ingberg, les recomendamos navegar por todo el portal de En pantuflas, donde encontrarán más entrevistas y podcast acerca de nuestra profesión. Lo disfrutarán bastante. 
Imagen de: https://en-pantunflas.com




viernes, 6 de julio de 2018

¿Cómo traduces “said”?


En los diálogos suelen utilizarse los llamados “verbos de lengua” (decir, agregar, aseverar, responder, etc.) para introducir comentarios del narrador a lo dicho por los interlocutores.

¿Cómo calificar la repetición del verbo to say en un diálogo como el siguiente?

      Good evening, I say. May I serve you? I say.
      […]
      Good evening, he says. Hello. Yes, he says. I think we´re ready to order now, he says.

En “Fat”, un cuento de 1666 palabras que alterna narración y diálogos, y al que pertence el fragmento anterior, Raymond Carver —su autor— utiliza 74 veces el verbo to say, cifra que equivale a casi 4.5% del total de las palabas de su texto.

¿Sería conveniente que un traductor utilizara en ese cuento otros verbos distintos a decir para darle variedad a su versión al español?

Al respecto, recomendamos la lectura de la más reciente entrada del blog En la luna de Babel, de Scherezade Surià: Donde dije “dijo”, y la entrada de Pablo Ingberg que publicamos anteriormente sobre el mismo asunto: Elogio de la repetición.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Traducir pentámetro yámbico

Queridos colegas,

Hoy les compartimos la interesante nota "Metro y Tiempo: apunte sobre la traducción del verso de Shakespeare" de Pablo Ingberg, aparecida en la revista "Hablar de Poesía".


Pablo nos ofrece una detallada reflexión sobre las opciones métricas para la traducción del pentámetro yámbico del inglés al español. "Después de todo—nos dice—¿qué es escandir o medir para escribir o leer o traducir en endecasílabos o heptasílabos o alejandrinos sino una operación matemática poética? La música de las palabras, el ritmo, ¿no es acaso en el fondo, y en la superficie, una cuestión aritmética de cantidad de sílabas y por qué no geométrica de distribución de acentos en el espacio o el tiempo?"

Aquí pueden seguir leyendo la nota:
http://hablardepoesia.com.ar/2017/10/31/metro-y-tiempo-apunte-sobre-la-traduccion-del-verso-de-shakespeare/
¡Que la disfruten!

sábado, 22 de julio de 2017

Traducción procreativa

Queridos colegas,

Hoy compartimos con ustedes el texto "Traducción procreativa" de Pablo Ingberg, publicado a fines de mayo en la Revista Diaria de Traducción El Trujamán. Se trata de una reflexión traductológica a partir de una película de Jarmusch y de unas palabras de Alejandro Rubio.
¡Que lo disfruten tanto como nosotros!

                                      


"Todos sabemos, escribe Pablo, que la traducción, por definición, no es igual al original. Si fuera igual, no haría falta. Más aún, no existiría. Concebida desde esa platónica idea de igualdad, la traducción es un imposible, como son imposibles aquellos peces posados en la copa del olmo de la oda I.2 de Horacio. Y sin embargo se mueve, Galileo dixit. Sin embargo, Horacio escribe esa imposibilidad, y, aunque la escribe en latín, pueden conocerla incluso quienes no saben latín. De hecho, han conocido ese poema innumerables personas, y entre ellas innumerables poetas, que no sabían latín. Es decir, lo conocieron en traducciones posibles. Y eso produjo efectos poéticos por todas partes."

Aquí el enlace a la nota completa:
http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/mayo_17/31052017.htm

martes, 28 de marzo de 2017

Taller de traducción de canciones a distancia

Queridos colegas,

Laura Cariola, coordinadora del área de cursos de AATI (Asociación Argentina de Traductores e Intérpretes), nos hace llegar la invitación a este singular e interesante taller sobre traducción de canciones (inglés-español) impartido por Pablo Ingberg. Se trata de un curso a distancia abierto a personas de todo el mundo.
El taller inicia el 1 de mayo y durará un mes. Para informes sobre el proceso de inscripción, escribir a: cursos@aati.org.ar
El cupo es limitado.
Más abajo la descripción y mecánica del curso:


Taller de traducción de canciones (inglés-castellano)
Pablo Ingberg*

Se trabajará con canciones de los Beatles, para llegar a traducciones compatibles con la música original, teniendo en cuenta toda la serie de restricciones que eso implica (cantidad de sílabas, ubicación de los acentos, cortes de palabras en las pausas, rima).
Como objetivo primero y principal, este taller ayudará a los participantes a capacitarse en la traducción de canciones para distintos usos, desde una o unas pocas aisladas para ser cantadas en recitales hasta la articulación de muchas en piezas de teatro musical. Además, los ayudará a expandir herramientas para el caso de que al traducir un texto narrativo o ensayístico se encuentren con canciones citadas o incluidas total o parcialmente. Y como efecto colateral, en tanto se trata de un ejercicio de sujeción a restricciones, constituye un excelente entrenamiento en el desarrollo de capacidades y estrategias siempre útiles para todo trabajo de traducción.
El taller comenzará con una introducción al tema, sus características y problemas y la forma de trabajo. Sobre esa base, se trabajará en la traducción de una canción por cada una de las cuatro semanas, a entregar cada lunes. Se realizará un encuentro virtual semanal por Skype para hacer las devoluciones, en un horario de dos horas a elegir, una vez iniciado el taller, por mayoría de los participantes dentro del rango del martes y el miércoles de 17 a 23 hs. Si algún participante no tuviera disponibilidad en esas dos horas semanales votadas por la mayoría, tendrá una única devolución individual de quince minutos en una de las cuatro semanas dentro del mencionado rango horario.

*Pablo Ingberg (1960)  Licenciado en Letras (Universidad de Buenos Aires). Premio Academia Argentina de Letras al mejor promedio. Publicó cinco libros de poesía, una novela, más de ochenta libros traducidos (de Safo, Sófocles, Aristófanes, Virgilio, Shakespeare, Poe, Melville, Whitman, Stevenson, Conrad, Joyce, V. Woolf, Fitzgerald, A. C. Doyle, etc.) y varias decenas de traducciones de poemas en revistas y suplementos literarios (de Arquíloco, Píndaro, Catulo, Horacio, Ovidio, Villon, Donne, Keats, Baudelaire, Corbière, Laforgue, Mallarmé, Carroll, Saba, Pessoa, Eliot, W. C. Williams, W. Stevens, Montale, Plath, etc.). Estuvo al cuidado de las Obras completas de Shakespeare publicadas por Editorial Losada, para la que dirige la Colección Griegos y Latinos. Recibió por sus traducciones los premios Teatro del Mundo y Konex-Diploma al Mérito y becas de la Casa de Traductores Looren y la Fundación James Joyce de Zúrich. Ha dado conferencias, seminarios y talleres sobre traducción en Argentina, Chile, España y Suiza.  CV detallado: http://www.pabloingberg.com.ar/pdf/cv/PabloIngberg-CV.pdf

domingo, 14 de agosto de 2016

Minucias de un taller de traducción

Queridos colegas:

A raíz de la entrevista con el traductor griego Kriton Iliópoulos, que publicamos el pasado 13 de julio dentro de la serie "Entre traductores te veas" (índice en este enlace) y en la que habla de un taller de traducción que estaba a punto de dar en Atenas, nos escribió el traductor argentino Pablo Ingberg para platicar que había estado por aquellos rumbos, había participado en el taller y además había escrito una reflexión al respecto para El Trujamán, revista diaria de traducción. También nos mandó una foto frente a la "Casa de la Literatura" de la isla de Paros, una de las casas de traductores de Grecia, que también menciona Kriton en la entrevista.


El cuento con el que trabajó Kriton en ese taller de traducción español-griego fue "Nota al pie" de Rodolfo Walsh, que en el Círculo conocemos gracias a la traductora e investigadora argentina Patricia Willson. Es una joya de cuento sobre la vida, obra y muerte de un traductor, pero también sobre traducción, escritura, autoría, fidelidad, condiciones laborales, reconocimiento profesional y tantas otras cosas. Les recomendamos mucho leerlo; lo pueden descargar en este enlace. Nos agrada mucho este cruce de personas y referencias, así que les compartimos el texto de Pablo, tomado de este enlace.

Traducir es leer con microscopio
Pablo Ingberg


Eso suelo decir, sin pretensiones de originalidad. Mientras traducimos, examinamos un tejido vivo célula por célula; al releer luego de corrido la traducción, vemos el tejido vivo con un espesor al que de otro modo muy probablemente no habríamos accedido en tal escala. Saltando de metáfora, vemos a la vez el bosque y cada uno de los árboles. En ese sentido, la traducción puede ser considerada una forma privilegiada de lectura.

Una experiencia reciente me llevó a confirmar de manera imprevista esa noción desde el otro lado del espejo. De paso turístico por Atenas, recibí una invitación del traductor griego Kriton Iliópoulos —a quien había conocido un año antes en la Casa de Traductores Looren de Suiza— a una clase suya de posgrado donde repasarían dudas surgidas a lo largo del trabajo de traducción, del castellano al griego, de un cuento del argentino Rodolfo Walsh, «Nota al pie». Un cuento que, por curioso azar, meses antes una alumna mía me había sugerido leer y tenía pendiente. Lo leí entonces con suma rapidez y sin escollos, según me pareció, y me presenté a responder consultas de estudiantes griegas sobre cuestiones lingüísticas argentinas que no me ofrecerían ninguna dificultad. Ay, el microscopio en este caso lo habían usado ellas.

Su primera consulta se refería a la palabra «menudo» en este párrafo de la especie de larga nota al pie en itálicas —consistente en una carta de un traductor suicida— que recorre las páginas del cuento:
Claro que había cambios más importantes. Mis manos por ejemplo perdieron su dureza, se hicieron más chicas, más limpias. Quiero decir que era más fácil lavarlas, no había que luchar contra ese resabio de ácidos y costras y huellas de herramientas. Siempre he sido menudo, pero me volví más fino, delicado.
Mi lectura veloz no me había hecho reparar en la complejidad de ese detalle. Pregunté si el diccionario incluía una acepción de «menudo» con el sentido de «minucioso». Sí: ‘Exacto, que examina y reconoce las cosas con gran cuidado y menudencia’. Me apresuré a concluir entonces que, aunque la acepción habitual de «menudo» en Argentina con referencia a una persona es «pequeño, chico o delgado», el sentido en ese contexto debía ser «minucioso», porque de lo contrario no habría contraste lógico con lo que sigue: «pero me volví más fino, delicado» (ahí debí aclarar el sentido de «fino», pero eso resultó más fácil). Mi lógica, de todas maneras, no ganó unanimidad de opiniones. Había quiénes insistían en que el contraste se daba mejor con el sentido de «pequeño». Pero, más que eso, lo que me hizo sentir debilidad en mis fundamentos fue la observación de que la palabra «menudo» —además de aparecer otras veces como parte de la expresión «a menudo»— aparecía antes en el cuento con referencia al mismo traductor suicida, en ese caso en la especie de cuerpo principal de la narración en tercera persona:
Y lo encuentra siempre encorvado, menudo, con ese aire de pájaro, picoteando palabras en largas carillas, maldiciendo correctores, refutando academias, inventando gramáticas.
Allí el sentido de «pequeño» parece cuadrar bien, aunque no es de descartar la resonancia de «minucioso». Me he referido en otro trujamán a la importancia que adjudico a mantener las repeticiones en tanto «respeto de la trama lingüística del texto» (Berman). Preferiría entonces repetir ambas veces una misma palabra en la traducción, y en lo posible una ambigüedad afín. Como mis conocimientos de griego moderno son menos que básicos, me informé por Kriton y sus estudiantes de que no había manera de reproducir en griego semejante ambigüedad.

En fin, el debate continuó sin solución unánime, y hubo luego otros casi igual de complicados de resolver. En cualquier caso, más allá de detalles puntuales como los aquí esbozados, mi gran aprendizaje fue verme reflejado como en un espejo: las traductoras con el microscopio habían visto un espesor mayor que el de mi lectura común de hablante nativo.


Tomado de: http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/julio_16/01072016.htm


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Becas Looren: ampliación de plazo

Hola a todos,

Carla Imbrogno, coordinadora de Looren América Latina, nos ha dado la buena noticia de que se amplía el plazo para postular a las Becas Looren para traductores latinoamericanos.  Así que...
a participar y ¡buena suerte!


La Asociación Casa de Traductores Looren, en el marco de su programa “Looren América Latina” y con el apoyo de la fundación Avina Stiftung, prorroga el plazo para envío de postulaciones a las BECAS LOOREN PARA TRADUCTORES LATINOAMERICANOS 2016.
Fecha límite para el envío: 15 de septiembre de 2015

Las becas están dirigidas a traductores literarios profesionales latinoamericanos que estén traduciendo una obra literaria de cualquier idioma al español o al portugués y que cuenten con un contrato editorial para la traducción. Se privilegiarán las postulaciones de traductores literarios que se desempeñen en actividades de networking, capacitación profesional o actividad sindical o gremial.
Se otorgarán tres becas. Cada beca contempla una estadía de un mes en la Casa de Traductores Looren, un subsidio de 1.500 francos suizos y el reintegro de los gastos de viaje.
La estadía será del 25 de enero al 24 de febrero de 2016.

Para mayor información, consultar nuestra página web:
http://www.looren.net/en/looren-america-latina/

Foto de Looren tomada por Pablo Ingberg, quien obtuvo la beca el año pasado. Aquí su testimonio, publicado en este blog hace unos meses.

miércoles, 22 de abril de 2015

Repetir o no repetir




Elogio de la repetición
Por Pablo Ingberg

Las repeticiones tienen una «mala prensa» a mi parecer bastante generalizada y sobre todo muy inmerecida. Habrá repeticiones torpes, claro, pero también hay repeticiones bellas, y la mejor literatura está sembrada de espléndidos ejemplos. Los formalistas rusos, cuando buscaban definir su objeto de estudio, lo que hacía literario a un texto, encontraron que la repetición era uno de los recursos más definitorios de ese fenómeno. Edgar Allan Poe, en su célebre ensayo Filosofía de la composición, donde describe el proceso a través del cual afirma él haber compuesto su poema «El cuervo», da como punto de partida la búsqueda de una repetición que enseguida lo hizo optar por una palabra que funcionara a manera de estribillo. Numerosos recursos y figuras son formas de repetición: rima, aliteración, anáfora, polisíndeton. Los poemas homéricos, primera fuente de la literatura occidental, están plagados de fórmulas repetidas, como el epíteto de Aquiles, «el de los pies ligeros» (según la traducción de Segalá y Estalella). Y sin embargo, no es infrecuente encontrarse con resistencia a mantener las repeticiones al traducir. Voy a dar un solo ejemplo muy ilustrativo de esta cuestión que me ha tocado experimentar de muy diversas maneras.

Varias veces he trabajado en talleres de traducción con un relato de Virginia Woolf titulado «La señora Dalloway en la calle Bond», del que se dispararía poco después su novela La señora Dalloway. Clarissa Dalloway sale a comprar guantes (en la novela pasarían a ser flores) en la calle Bond. A los pocos metros y párrafos se cruza con un viejo amigo con el que mantiene un brevísimo diálogo de seis alocuciones, todas y cada una de ellas indicadas mediante la forma verbal said, «dijo»:


—¡Buenos días! —dijo Hugh Whitbread levantándose el sombrero de manera más bien extravagante junto a la tienda de porcelana, pues se conocían desde niños—. ¿Adónde vas?
—Me encanta caminar por Londres —dijo la señora Dalloway—. ¡En realidad es mejor que caminar por el campo!
—Nosotros acabamos de llegar —dijo Hugh Whitbread—. Por desgracia para ver a los médicos.
—¿Milly? —dijo la señora Dalloway, compasiva al instante.
—Decaída —dijo Hugh Whitbread—. Esas cosas. ¿Dick bien?
—¡Magnífico! —dijo Clarissa.


Pues bien, la inmensísima mayoría de las personas enfrentadas a ese párrafo opta por variar el verbo: dijo, respondió, comentó, preguntó, contestó, exclamó. No es difícil. Ahora, lo primero que suelo plantearles, ¿vamos a pensar que Virginia Woolf, una de las prosistas más extraordinarias de la lengua inglesa y una mente brillante, que revisaba meticulosamente sus escritos, no se dio cuenta ahí de lo que hacía, cometió una torpeza, y nosotros, que somos mucho más avispados que ella, tenemos que corregirla? Y (sólo por fingir, porque no me cabe duda de que fue una elección consciente de la autora) aunque fuera una torpeza, la función del traductor es traducir, incluso lo que cree torpezas, jamás corregir o «mejorar».

El peor argumento en contra que me tocó padecer fue: pero eso está en el espíritu del inglés y no en el del castellano. Bueno, si vamos a creer en espíritus… Por supuesto, solicité ejemplos concretos en ambas lenguas, no volátil aire. Poco después cayó incidentalmente en mis manos un ejemplo perfecto: alguien cercano me comentó que acababa de leer el cuento «Fresco de mano» del argentino Juan José Saer, y que la únicas formas verbales empleadas allí para las abundantes alocuciones es «digo/dice». Parece que el espíritu de la repetición sopla también en todas partes, aunque muchos no lo quieran ver.




miércoles, 4 de marzo de 2015

Testimonio de una estancia en Looren

Pablo Ingberg nos cuenta sobre su experiencia en la Casa de Traductores Looren, en Suiza. Su estancia fue parte de la primera emisión de un programa especial para latinoamericanos que se realizará en tres años consecutivos (2015, 2016 y 2017), aunque la casa recibe, todo el año, traductores de todo el mundo.

En septiembre del año pasado difundimos aquí la convocatoria de este programa y también publicamos previamente el testimonio de Florencia Martín sobre Looren, pero referente a otro programa especial, el programa ViveVersa para traductores alemán-español-alemán.

"Vladimir y Estragón" en Looren

Testimonio de una estancia en Looren
Pablo Ingberg

La Übersetzerhaus Looren (Casa de Traductores Looren), que está cumpliendo diez años de existencia este marzo de 2015, ha lanzado por tres años un programa de becas para traductores latinoamericanos  que traduzcan obras de cualquier lengua al castellano o portugués, en cuya primera convocatoria tuvimos la fortuna de ser seleccionados la chilena Pola Iriarte, el brasileño Guilherme da Silva Braga y el argentino suscrito. El programa se repetirá, entonces, en los próximos dos años, y ojalá se agreguen muchos más para beneficio de nuestros colegas.

Nos pagaron el pasaje y nos entregaron mil quinientos francos suizos (hoy más o menos equivalentes a la misma suma en euros) para nuestros gastos durante el mes de estadía: comida (se puede ir a comprar de todo en las cercanías para cocinarse en la cocina) y transporte (si uno tiene ganas de ir a Zúrich y aprovechar para hacer algunas otras excursiones por ahí). El nivel de gastos dependerá de las elecciones de cada uno, pero con un tercio de eso ya se la pasa bastante bien. A lo que hay que agregar que uno se postula para la beca con un contrato de traducción por el que recibirá honorarios en su país (en mi caso, una selección de cuentos de Edith Wharton). En suma, para un gremio tan maltratado económicamente como el nuestro, es una buena oportunidad también desde ese punto de vista.

La hermosa casa en sí está situada en una ladera a unos doscientos metros de la orilla de un pueblito llamado Wernetshausen (tiene más letras que habitantes, bromeaba yo), que está a unos dos kilómetros y medio de un pueblo algo mayor llamado Hinwil, que está a su vez a casi treinta kilómetros de Zúrich. O sea, un poco en medio de la nada, pero una nada bellísima y bastante a mano de mucho. Hay diez habitaciones y amplios espacios comunes (cocina muy equipada, comedor, inmensa sala de estar con ventanales y chimenea), todo con vistas imponentes a una cuesta leve llena de bosques y aldeas, con el Lago de Zúrich abajo y más aldeas y montañas al otro lado. Ocho de las habitaciones son individuales y dos son dobles, aunque en el mes en que yo estuve sólo los últimos diez días hubo una pareja de traductores en una de esas dos, mientras que el resto del tiempo fueron “suite presidencial” para quien las habitaba en soledad. Todas tienen algo de celda monacal con perfectas comodidades básicas: cama, armarios, heladera, escritorio y una vista imponente. Cada una tiene su baño privado al otro lado del pasillo central. Para ir a Zúrich hay que caminar diez minutos hasta la parada del bus en Wernetshausen, viajar cinco minutos a la estación de Hinwil y de allí a los diez o doce minutos otros veintitantos minutos en tren hasta Zúrich, en total un poco menos de una hora.

El trabajo que se haga en Looren depende de cada cual: nadie está detrás de nadie. Yo trabajé al mismo ritmo que en mi casa. Con la diferencia de que tenía frente a mí una vista fenomenal; de que mis caminatas podían ser por bosques y montañas de tarjeta postal y mis salidas podían ser a Zúrich o a las cataratas del Rin, y de que cada vez que iba a la cocina o algún otro espacio común por cualquier motivo me encontraba con algún colega residente y siempre surgían conversaciones de lo más enriquecedoras. Inusualmente, según los más experimentados en la casa, se dio con naturalidad que uno u otro propusiera cada noche cocinar para el resto, y que además lo hiciera muy bien, con lo cual cenábamos siempre juntos en grupos de entre cinco y diez traductores comidas distintas y a cuál más deliciosa. En todas esas situaciones se producían interesantísimos intercambios sobre las experiencias de traducción en distintos países, de distintas lenguas y a distintas lenguas.

Además, la directora de la casa, Gabriela Stöckli, nos organizó sendas reuniones en Zúrich con el representante en Suiza del Deutscher Übersetzerfonds (Fondo Alemán de Traducción ) y con la directora de la AdS (Autoras y Autores de Suiza , asociación que nuclea a los escritores y también a los traductores en tanto autores de traducciones sujetas a derechos de autor), donde intercambiamos sobre la situación de nuestros colegas en Suiza y Alemania y en nuestros respectivos países, y yo expuse sobre el proyecto de ley de traductores que estamos impulsando en Argentina. Personalmente, como traduje algunos libros de Joyce y espero traducir algunos otros, me resultaron muy provechosas las visitas que hice a la Zurich James Joyce Foundation, donde me recibió con mucha amabilidad su director, Fritz Senn, y asistí a una sesión de un grupo de lectura del Ulises.

En 1999 estuve en The Banff Centre for the Arts  como novelista, cuando no existía allí el actual programa de traductores, pero existía un programa para escritores conjunto con la hoy inexistente Fundación Antorchas de Argentina, que me pagó el pasaje de avión y me dio algo de efectivo para gastos, mientras que el Banff Centre se encargó de darme habitación para dormir, una cabaña en el bosque contiguo para trabajar y comida paga en el comedor. El programa actual para traductores , en cambio, no cubre el costo del viaje ni otros viáticos, sólo alojamiento, comida y lugar de trabajo. Es decir, hay que gastar dinero propio, y bastante si se va desde Argentina, para poder ir.  En Looren, en cambio, si uno es más o menos moderado con los gastos, no sólo los tiene todos cubiertos sino que hasta puede volverse con un restito en el bolsillo.

El Banff Centre es una especie de gran campus lleno de gente, entre ella artistas de diversas disciplinas que ofrecen conciertos, exposiciones, lecturas, funciones de teatro o danza, y con quienes se puede intercambiar en los amplios espacios comunes. Looren es una especie de monasterio de traductores, pequeño, tranquilo, bucólico en la medida en que puede serlo algo en Suiza, país donde no se puede caminar cien metros sin tropezar con alguna casa. Bellísimos son los dos lugares, Banff más agreste, Looren más intervenido por el hombre. En ambos tuve hermosas experiencias. Pero en las condiciones que ofrecen actualmente, el bolsillo hace una diferencia enorme entre uno y otro.

Este primer año la convocatoria para postularse a las becas Looren para traductores latinoamericanos  venció a mediados de noviembre del año anterior y el programa se desarrolló desde principios de enero hasta principios de febrero. Pero esa fecha de viaje inicial es temporada altísima para Sudamérica y los vuelos cuestan muy caros, de manera que en la próxima ocasión se desarrollará probablemente desde fines de enero. La época, en cualquier caso, es del invierno suizo en una zona montañosa algo rural. De todas maneras, me resultó mucho menos frío de lo que me temía. Hay que llevar una buena campera, chaqueta o como quieran llamarla, un buen calzado y una gorra, cosas que uno se saca con facilidad al entrar en cualquier parte, porque todas las temperaturas interiores son veraniegas. Y las exteriores, muy soportables: lo habitual en los días más fríos era entre -3º de mínima y 4º de máxima, más cerca de lo último que de lo primero. Vale la pena.


Pablo Ingberg (Buenos Aires), estudió literatura en la Universidad de Buenos Aires, y traduce del griego antiguo, del latín y del inglés. Editó una versión de las obras completas de William Shakespeare en español, y ha traducido obra de Walt Whitman, Virginia Woolf y Sófocles. Pablo está a cargo de la serie Griegos y latinos de la editorial Losada, da clases de traducción literaria y también es reconocido como poeta. Ha estado involucrado en la creación de una ley para la protección de los derechos de los traductores, que está en espera de aprobación en el parlamento argentino.  Durante su estancia en Looren tradujo al español cuentos de Edith Wharton.





Foto y biografía tomada de:
http://www.looren.net/1-2-News.html 
Fotos de Looren: Pablo Ingberg