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miércoles, 7 de junio de 2017

Testimonio del taller: Cómo proponer un proyecto de traducción

Queridos colegas,

Jorge Andrés Trinidad González, uno de los asistentes al taller "Cómo proponer un proyecto de traducción" impartido por Lucrecia Orensanz y César Ambriz el pasado mes de abril, nos comparte esta reseña sobre su experiencia durante aquellos cuatro días en Morelia. 


Testimonio del taller: 
Cómo proponer un proyecto de traducción


Cómo proponer un proyecto de traducción fue un curso-taller impartido del 17 al 20 de abril por Lucrecia Orensanz y César Ambriz. Entre las labores de la currícula de la reciente licenciatura en Literatura Intercultural, impartida en la UNAM Campus Morelia, mis compañeros y yo determinamos asistir al curso ya que abarcaba ejes claves de nuestra carrera en los que estamos interesados: el editorial y el de traducción. El tiempo en nuestras sesiones del taller se destinaron mitad a aspectos teóricos, mitad a la práctica y elaboración del proyecto. Lo mejor de todo es que el curso fue completamente gratuito y admitió a cualquier interesado en el tema con los conocimientos básicos de traducción.

Lucrecia Orensanz y César Ambriz
Durante el taller, los asistentes llenamos un portafolio que contenía lo necesario para presentar una propuesta de traducción a una editorial. Las sesiones del curso se dedicaron a analizar el proyecto que formulamos y explotar todas sus posibilidades. El objetivo: lograr obtener un apoyo económico o editorial para llevarlo a cabo. Lucrecia y César se encontraron siempre al tanto de nuestros portafolios y nos dieron recomendaciones desde su experiencia traductora.

Todo empieza con una fantasía traductora. Al menos así lo concebimos desde el primer día en el taller: hay que responder a la pregunta ¿qué nos gustaría traducir? Sobre ello, hay que fundamentar lo que sería un centro de gravedad: ¿qué es lo importante en nuestra traducción para fundamentar que debe ser publicada? ¿Qué elementos presentes en la obra mantendrá el traductor y por cuáles motivos? ¿Es el autor poco conocido en nuestro país?

En el segundo día, nos enfocamos al ámbito editorial. Analizamos “preguntas guía” que, al responderse e incluirse en el portafolios de nuestro proyecto, otorgarían información valiosa a las editoriales en donde presentaremos nuestro proyecto de traducción. Asimismo, nos enteramos tanto de posibles escenarios de traducción, como de las labores desde la concepción de un manuscrito hasta la producción del objeto-libro, la culminación del proyecto de traducción. Los asistentes al taller observamos algunos de estos producto finales de traducción, con motivo de pensar en la cristalización de nuestro proyecto: el campo editorial siempre puede ofrecer la mejor difusión para un trabajo de traducción al emparejar el volumen del contenido a publicar con el objeto-libro producido.

En nuestra tercera sesión, abarcamos los ámbitos legales de la traducción. Para aquellos que se inician en el oficio, saber acerca de los contratos, de la Ley Federal de Derecho de Autor y las regalías es indispensable para evitar abusos en el campo laboral. La información proporcionada en el taller resultó clara y concisa, y estoy casi seguro que ayudará en el medio profesional a más de uno.

Durante nuestra última sesión, nos enteramos acerca de los apoyos existentes para la traducción. Como cada proyecto tiene su propia convocatoria y favorece la posibilidad de cristalización de un manuscrito, cada traductor puede utilizar el apoyo que más le convenga: el que se acomode a las características de su proyecto. Repasamos durante este día a los actores que forman parte en la materialización de la traducción (editores, correctores de estilo, revisores, etc.). Al final del día, acordamos los idiomas y países de los que es recomendable realizar traducción en México.

La información proporcionada durante todo el taller resultó de mucha ayuda y mantiene en puerta la posibilidad futura de llevar a cabo nuestro proyecto hasta el formato de objeto-libro. Fue como si hubiéramos hecho un viaje por los lindes del medio profesional del oficio del traductor y sentirnos parte del mismo al ponernos al tanto de todas las minucias que ocurren en el campo editorial y la traducción en nuestro país. La trayectoria de César Ambriz y Lucrecia Orensanz complementaron opiniones respecto de los proyectos que trabajamos pues sus experiencias ofrecían diversos puntos de vista. Los apuntes del curso que nos otorgaron por correo electrónico son concisos y de mucha ayuda para el interesado en la traducción. Hay, de hecho, un mapa de los territorios de la traducción que esquematiza adecuadamente los campos que abarca el oficio y demuestra la infinidad de trabajo existente.

Caterina Camastra y Cecilia López Ridaura 
Más de algún asistente se planteará incorporarse al oficio profesionalmente, o en el caso de los asistentes que ya estuvieran en este, regresarán a él con nuevas herramientas para sus fantasías traductoras. Durante el curso, replanteamos la importancia del traductor y el editor, de los apoyos que existen, así como los elementos más importantes para la elaboración de un proyecto de traducción. El conocimiento del panorama actual, de apoyos existentes y de la producción editorial en México debería favorecer la existencia de más traductores, artífices importantísimos en el mundo cultural y en el intercambio de capitales simbólicos.

Agradecidísimo con Lucrecia Orensanz, César Ambriz, Caterina Camastra y Cecilia López Ridaura, quedo en espera de la noticia de que Círculo de Traductores lleve, en el futuro, este taller a distintos lugares de la República Mexicana para los interesados en sumarse al mundo profesional de la traducción.


Jorge Andrés Trinidad González

jueves, 6 de abril de 2017

El Círculo de Traductores en Morelia

Queridos colegas,

Nos da mucho gusto anunciarles que el taller "Cómo proponer un proyecto de traducción" del Círculo de Traductores será impartido en la ENES Morelia por Lucrecia Orensanz* y César Ambriz**.

Las sesiones se llevarán a cabo del lunes 17 al jueves 20 de abril de 16:30 a 19:30 hrs.

Caterina Camastra y Cecilia López-Ridaura, profesoras de la Licenciatura en Literatura Intercultural de dicha institución y amables artífices y coordinadoras de la invitación, nos comentan que el taller estará abierto al público, será gratuito y se otorgará constancia curricular. Así que, mejor, ¡imposible!





 *Lucrecia Orensanz es traductora independiente francés o inglés a español desde 1991 para diversas editoriales e instituciones. Cursó el ahora extinto Programa para la Formación de Traductores (PFT) del Colmex. Obtuvo la también extinta beca de Fomento a la Traducción Literaria del Fonca/Conaculta para traducir Conter lesrêves de Jean-Daniel Gollut (Aldus, 2009). Colaboró en De oficio, traductor. Panorama de la traducción literaria en México (Bonilla Artigas, 2010). En 2016 fue becaria de Looren América Latina, con el proyecto Chroniques antérieures de Vicent La Soudière (Deleátur, en prensa). En el Círculo apoya las distintas áreas, el Concurso 1x1 y el Laboratorio permanente.



**César E. Ambriz Aguilar cursó la carrera en Lengua y Literaturas Hispánicas así como el Diplomado en Traducción de Textos Especializados, ambos en la UNAM. Sus lenguas de trabajo son inglés y español y trabaja traduciendo para el sector financiero y empresarial. También está interesado en la comprensión de lectura, la docencia, la edición y el periodismo cultural. Ha dado talleres de gestión de proyectos de traducción y ha publicado textos de crítica literaria en revistas en España y México. Tiene proyectos a mediano plazo de iniciar una editorial que publique principalmente obras literarias del inglés, así como un blog dedicado a traducir y comentar traducciones. En el Círculo se encarga de administrar la página de Facebook y colabora esporádicamente con el blog. 

lunes, 29 de agosto de 2016

Testimonio del Diplomado en Traducción de Textos Especializados de la UNAM

Queridos colegas:

Compartimos a continuación las palabras que nuestro compañero César Ambriz* leyó en la clausura de la generación 2015 del Diplomado en Traducción de Textos Especializados (DTTE) que ofrece el Departamento de Traducción e Interpretación (DTI) de la UNAM, cuya convocatoria está abierta en este momento y cierra el 30 de septiembre. 

Aquí el enlace a la convocatoria
Aquí el enlace al registro en línea





Diplomado en Traducción de Textos Especializados: un testimonio

Por: César Ambriz


Emocionado, dispuesto y confiado, decidí entrar al Diplomado en Traducción de Textos Especializados que ofrecía el CELE. Confiado, digo, porque había cursado ya algunos años de español en la licenciatura y porque, según yo, dominaba el inglés. Estaba ansioso por empezar a traducir. Pero de repente me percate, a la segunda semana, de que estábamos en medio de un acalorado debate para dilucidar si las ballenas tenían lenguaje o no. Y después de las primeras semanas aprendí también una dura lección: que saber una segunda lengua no te hace traductor.


Las primeras semanas fueron un poco confusas, veíamos mucha gramática, lingüística y no traducía tanto como había pensado y además no lo hacía tan bien como yo sentía que podía hacerlo. Sin embargo, a pesar de que mi confianza se nublaba, me di cuenta de que debía recorrer el diplomado como se sube por una escalera de caracol: aunque parezca que damos vueltas en círculo, nos acercamos a nuestro objetivo: aprender a zurcir una lengua en otra.

Fue muy sano darme cuenta de que aprender a empalmar y separar ambas lenguas, a trabajar con ellas y entender cómo opera cada uno de sus planos cuando se lleva un contenido de una lengua a otra. Empezaba mi paranoia por preguntarme qué era ese contenido y empezaba a desconfiar de mi propia lengua. Parece que ese es el pase de entrada al mundo de la traducción. Empezar a dudar de los pasos naturales con los que camina la lengua, de su deslizarse con seguridad sobre las cosas que nombra y hasta de las preposiciones que atornillan esas cosas en un discurso. Empecé a dudar de si en realidad sabía inglés e incluso, de si en realidad sabía español. Afortunadamente, me di cuenta de que también mis compañeros sentían la misma paranoia, y mientras los profesores traban de inculcarnos la paciencia necesaria para ejercer este oficio. Es una labor ardua pero bien ejecutada la que realizan los profesores de este diplomado: no nos enseñan la solución al problema, nos enseñan cómo resolverlo y dónde buscar las posibles soluciones. Y sin embargo, creo que todos podemos decir que aquí sí aprendimos a traducir. Estoy seguro de que ese es el objetivo que han tenido los profesores que imparten clases en el diplomado y debo decirles: han logrado que subamos esa escalera de caracol.

Por supuesto, el camino fue muy disfrutable porque conocí a muchos amigos que, afortunadamente, eran tipos raros que podían pasar horas buscando una preposición que atornillara bien las palabras como si se les fuera la vida en ello. Y una lección valiosa que aprendí con ellos y con todos los profesores fue la de la humildad. Esa humildad de saberse detrás de un texto que no es suyo, a pesar de que uno lo talle con su propia lengua hasta que le quede áspera. Aprendí también a renunciar a la perfección y a adoptar el sano ejercicio de mis habilidades hasta donde sea posible y reconociendo mis límites. Creo que es natural y deseable que todo traductor aspire a la perfección, pero siempre sabiendo que es imposible, y haciendo las pases con eso.

Y claro, aprendí muchísimo sobre gramática y lingüística. Pero, por fortuna, los maestros no nos inculcaron ese conocimiento con el fin de limpiar, fijar y dar esplendor, sino para percibir que esa piel de las palabras que llamamos estilo no es meramente decorativo y que las palabras no son inocentes. Ese conocimiento que, por ejemplo, Octavio Paz resume en unos versos que arrojan mucha luz:

la forma que se ajusta al movimiento
no es prisión, sino piel del pensamiento.

Me he esforzado en encontrar una imagen desde la que pueda pensar la traducción de la forma en la que la aprendí en este diplomado. Y creo haber encontrado una: el traductor es como un explorador que trae frutos de otras tierras y que busca cultivarlos en su propio suelo. ¿Cómo lograr que las naranjas redondas del español crezcan en la lengua italiana que es más fértil para los olivos?


Porque traducir es parte de la cultura, del cultivo. En ese sentido que le da Gabriel Zaid: la cultura es una conversación. Decía que saber una segunda lengua no te hace traductor. Tampoco una credencial o un diploma son suficientes. Hay que entender que el traductor es uno de quienes abre la puerta para que entren más voces a esa conversación, para que no se cierre sobre sí misma ni se convierta en nada más que estatuas. Y a veces implica luchar en guerras en que, aunque parezcan perdidas, hay que plantar cara. Esa lucha que busca defender la visibilidad de nuestro oficio y los derechos inherentes a todo trabajo.

Podría seguir hablando, hay muchos temas de nuestra labor que es importante mencionar, pero, si creo haber aprendido algo bien durante el diplomado, es saber hasta dónde dejar de intervenir. Así que sólo me queda decirles que el día de mañana salgan ahí, a defender el pan y la alegría, para que sepan que esa boca es suya.



*César E. Ambriz Aguilar cursó la carrera en Lengua y Literaturas Hispánicas así como el Diplomado en Traducción de Textos Especializados, ambos en la UNAM. Sus lenguas de trabajo son inglés y español y trabaja traduciendo para el sector financiero y empresarial. También está interesado en la comprensión de lectura, la docencia, la edición y el periodismo cultural. Ha dado talleres de gestión de proyectos de traducción y ha publicado textos de crítica literaria en revistas en España y México. En el Círculo se encarga de administrar la página de Facebook y colabora esporádicamente con el blog. Tiene proyectos a mediano plazo de iniciar una editorial que publique principalmente obras literarias del inglés, así como un blog dedicado a traducir y comentar traducciones.







domingo, 14 de junio de 2015

El traductor también es un vector

Hola a todos,

Hoy les compartimos este texto de César Ambriz Aguilar, que no sólo nos pareció muy interesante y de gran relevancia para nuestra labor, sino que además se vincula directamente con dos eventos recientes en la ciudad de México: la VI Feria del Libro Independiente que se realizó hace poco en la librería Rosario Castellanos del FCE y la Tercera Charla del Círculo de Traductores que será el próximo 17 de junio en el Centro Cultural de España en México, y será justamente una conversación con tres editores independientes mexicanos. ¡No se la pierdan!



El traductor como vector
por César Eduardo Ambriz Aguilar


Quiero a mi editor más de lo que me conviene.
Juan Villoro


De unos años para acá, las editoriales independientes en México han llamado mucho la atención sobre sí mismas. Tanto en la prensa escrita, como en las distintas ferias del libro que se realizan a lo largo del año en todo el país, su presencia es cada vez más notable. Ha sido tal el éxito, que durante un mes entre mayo y junio se realiza en la Ciudad de México la Feria del Libro Independiente con la colaboración del Fondo de Cultura Económica y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.





Habría que empezar por definir su posicionamiento y su identidad. Si bien bajo esta etiqueta de “editoriales independientes” se agrupan sellos muy disímiles, todos  coinciden en no estar subordinados a un grupo comercial mayor o algún aparato del Estado. Su supervivencia en tanto entidad comercial parece un milagro si recordamos que México es, estadísticamente, reconocido como un país de escasos lectores y, por ende, escasos compradores de libros. Y es que, además de su identidad en términos económicos, estas editoriales se caracterizan por emprender proyectos que las editoriales llamadas “comerciales” o “trasnacionales” jamás se atreverían a llevar a cabo. La labor, por lo tanto, parece doblemente suicida.

Y sin embargo, este año se está celebrando la 6ª edición de la Feria del Libro Independiente. Y asombra aún más que cada año se sumen nuevas editoriales, en lugar de que disminuya el número de participantes. De entre las más de 70 editoriales que podemos ubicar en este grupo, hay un puñado de ellas que ha hecho las cosas de forma tan ejemplar que su situación parece estable. Cualquier persona en contacto con los libros puede ubicar sin problemas a Almadía, Sexto Piso, Trilce, Era y Aldus, por mencionar algunas con más reflectores. Pero, a pesar de las circunstancias tan adversas en las que publican estas editoriales, ¿qué es lo que las sostiene? ¿Qué han hecho bien estos editores, ese gremio al que Villoro llama con cariño “los optimistas ante la catástrofe”? [1] Si bien cada caso merecería una respuesta particular, me aventuro a nombrar un factor en común que no se ha tomado en cuenta todavía: muchas de estas editoriales conocen la importancia de publicar traducciones.

Quizá no sea algo tan evidente, así que profundicemos en ello. Hay un punto en el que el editor y el traductor comparten las mismas pasiones. Ambos realizan su labor a partir del impulso de compartir algo que consideran valioso. Y aunque la vox populi dice que estos sujetos celosos de su labor no se llevan bien, la verdad es que no pueden vivir el uno sin el otro. Los dos, en la misma medida, influyen y hasta determinan lo que se lee. Y el alcance de esto es enorme, pues trazan una historia invisible detrás de la historia de la literatura y de las sociedades. Basta preguntarnos: si nadie hubiera traducido ni publicado a Faulkner, ¿García Márquez hubiera sido? Si Marx se hubiera quedado encerrado en el alemán, ¿el mundo sería el que es hoy? Por lo tanto no resulta ocioso reflexionar sobre el papel de la traducción en el mundo editorial.[2] Tomás Segovia lo ilustra muy bien:

En toda cultura, incluso en las culturas hegemónicas […] más de la mitad de la riqueza cultural se debe a la traducción [...] un país donde no hubiera traducciones rápidamente se volvería un país estrecho. Las  traducciones  se mezclan con  la cultura propia de ese  país y la renuevan constantemente. Sin traducción, la cultura no tendría hijitos, es un matrimonio.[3]

Traducir y publicar, sin embargo, no son trabajos aislados. Dependen de un marco comercial en el que se especula con la bolsa de valores literarios. Y al parecer los que dictan las tendencias, los que se comen el mercado, son las editoriales que pertenecen a grupos trasnacionales. Parece imposible competir con esa maquinaria que engulle a cuanta promesa literaria aparece en el panorama de cualquier lengua. Random House, Anagrama, Planeta, Alfaguara y otras más quieren echarse al bolsillo todas las constelaciones literarias. Esto no siempre fue así, pues durante el bloqueo editorial del franquismo en España, eran México y Argentina quienes llevaban el pulso de la publicación de traducciones, especialmente el Fondo de Cultura Económica. Pero ante las circunstancias actuales se vuelve necesario preguntarnos, ¿qué hay detrás de lo que se traduce en México? ¿Se traducen acaso sólo las sobras de lo que se apropian estas editoriales poderosas?

Es evidente que muchos de estos esfuerzos de las editoriales independientes mencionadas antes se ven doblegados por el poderío editorial y comercial de estos grupos dominantes. Pero en esas relaciones de poder, los editores independientes han buscado otras minas. Mencionemos algunos casos: si las editoriales trasnacionales se apoderan de los “autores consagrados” (como Anagrama hizo con Auster y Carver), Sexto Piso hace un movimiento interesante: rastrea los vínculos entre esas constelaciones. Si la obra de Paul Auster está publicada y apalabrada por Anagrama, los editores de Sexto Piso supieron aprovechar eso y publicaron uno de los libros favoritos de Auster. Si Alfaguara tiene la obra de Saramago, la editorial Almadía publicó astutamente a Gonçalo M. Tavares con una ficha azul sobre la portada que llevaba estas palabras del nobel portugués: “dan ganas de darle un puñetazo por escribir tan bien a los treinta y cinco años”. No quiero decir con esto que se cuelguen de la proyección comercial de otros autores, sino que han sabido ubicar muy bien las otras voces en medio de esa gran conversación que es la cultura, como la define Gabriel Zaid.[4]

Y es que creo que el papel del traductor aquí se asemeja al del editor. Como afirma Arturo Vázquez Barrón: “creo que [el traductor] tiene la responsabilidad y la obligación de proponer textos que quiera traducir. La responsabilidad de dar a conocer nuevas literaturas o nuevos autores no sólo recae en los editores. El traductor también es un vector y también tiene esa responsabilidad”.[5] Dadas las circunstancias actuales en las que labora el traductor, no es suficiente con que esté formado y sepa traducir bien, también debe saber generar proyectos atractivos, y mostrarle a los editores un autor, una obra a la que no puedan decir que no por su doble potencial literario y comercial. Parece difícil, pero podemos enumerar algunos ejemplos ilustrativos, tan sólo de la lengua inglesa, de algunas lagunas en el mercado editorial hispánico: John Gardner, John Updike, Lydia Davis, Donald Barthelme, Ray Bradbury, Margaret Atwood, Somerset Maugham y John Cheever por mencionar a algunos.

Para poder delimitar mejor todos estos proyectos potenciales dentro de las editoriales independientes resulta pertinente definir la línea editorial de lo que traducen. Como una muestra para empezar a trazar estos proyectos, analizaré el catálogo de una editorial especializada en traducciones a partir de su catálogo. Esto nos permitirá esbozar la geografía de proyectos con potencial de publicarse.


Para no aventarse de un Sexto Piso

Si hablamos de editar y traducir libros como una actividad suicida, ningún ejemplo más ilustrativo que la editorial Sexto Piso. Sus fundadores refieren que el nombre viene precisamente de ver la labor editorial como aventarse de un sexto piso, porque, supuestamente, si uno se lanza desde esa altura es probable que muera. Sin embargo, parece que editan sus libros en una planta baja, porque su labor ha sido ejemplar en el panorama editorial hispanoamericano. Desde 2002 han sabido llenar ciertos nichos que han los lectores han sabido valorar. Esto ha llevado a que económicamente parezcan muy estables.


Su catálogo está dividido en ensayo, clásicos breves, narrativa e ilustrados (algunos infantiles). Me centraré únicamente en su colección de narrativa como muestra de lo que un traductor podría considerar para proponer proyectos que encajen con una línea editorial determinada. Cuando uno analiza detenidamente el catálogo de Sexto Piso se da cuenta de que posee obras de autores que incluso han sido publicados por sellos con una maquinaria editorial diez veces más grande. Escritores, por ejemplo, como Henry James, John Steinbeck, Rudyard Kipling, George Orwell, Roberto Calasso y Robert Musil. Salvo el caso de Musil (de quien editaron más de la mitad de su obra), las obras que han publicado de estos autores podrían parecer periféricas respecto de su obra principal, pero quizá eso, en lugar de restarles valor, lo incrementa, ya que son títulos que sólo encontrarán en esta editorial. Todas estas obras, además, son traducciones ya sea del inglés, alemán o italiano, a español. Por lo tanto, el traductor puede, en su búsqueda de proyectos viables, seguir esta estrategia de ubicar obras “periféricas” de autores que tienen calidad literaria y potencial comercial comprobados.
 
Se me ocurren algunos proyectos posibles en esta línea, que, a partir de aquí enumeraré como una serie de ejemplos de proyectos de traducción que estoy llevando a cabo para conformar el catálogo de mi editorial próxima a aparecer en el mercado. Los traductores pueden identificar posibles proyectos similares a partir del análisis de estas lógicas editoriales. Ejemplo de estas obras “periféricas” de autores probados son los ensayos de Ezra Pound y de Raymond Carver que podrían tener un gran atractivo para el lector que compra los libros de Pound en la editorial Hiperión o los libros de Carver en Anagrama.


 

Un segundo perfil de esta colección es el de autores consagrados en la literatura estadounidense como Kurt Vonnegut, William Gaddis, Donald Barthelme y John Fowles, pero que han entrado de forma muy gradual y discreta al ámbito literario hispánico. Sin embargo, este tipo de autores suelen tener mucho potencial, ya que han existido proyectos similares en la historia de la traducción y la edición en el ámbito hispánico que han determinado incluso movimientos literarios. Por ejemplo, en la década de 1930, Victoria Ocampo y el grupo Sur (entre ellos Borges y su madre) empezaron a traducir un conjunto de obras de autores como Virginia Woolf, D.H. Lawrence, William Faulkner, entre otros, cuya lectura determinó el gusto literario de una generación tan importante como el Boom latinoamericano.[6] En este caso resulta un poco más difícil delinear posibles proyectos, pero hay casos como el de Joseph Heller, cuya novela Catch-22 se vende de forma consistente en Estados Unidos, aunque es muy poco conocido en el ámbito hispánico. Se me ocurre un ejemplo que podría ser paralelo a John Kennedy Toole cuya novela La conjura de los necios fue rescatada por Anagrama: Thornton Wilder, autor poco conocido cuya novela The Bridge of San Luis Rey también ganó el Pulitzer unos años antes que el mismo Kennedy Toole.



Encuentro un mecanismo más en la composición de este catálogo aunque sólo está presente en un libro. Se trata de una antología de cuentos que publicó Sexto Piso, reunidos por Nadine Gordimer (premio Nobel sudafricana) y que incluye autores como Saramago, Rushdie, García Márquez, Atwood, Grass, Updike, Sontag, Woody Allen y otros. En esta línea he traducido por considerarla muy viable una antología de cuentos editada por Raymond Carver titulada American Short Story Masterpieces. La antología resulta atractiva no sólo por el aval de Carver, sino también porque cuenta con relatos de Joyce Carol Oates, E. L. Doctorow, Ursula K. Le Guin, John Updike, John Gardner y otros.



Estas son sólo algunas de las lógicas editoriales que un traductor puede empezar a identificar para proponer proyectos de traducción. Sería interesante revisar también qué criterios editoriales operan en las editoriales especializadas en poesía, o las colecciones de ensayo. Así mismo, resultaría muy productivo revisar desde qué lenguas se traduce más, y, sobre todo, si han empezado a introducir literatura de lenguas que no suelen traducirse tanto a español.


Conclusiones

Esta breve aproximación a la relación latente entre las labores del traductor y el editor pretende mostrar un panorama de esa otra tarea que el traductor literario tiene que asumir. Si bien únicamente me centré como muestra en una editorial y en una lengua de origen, el traductor puede realizar esta misma clase de sondeo según sus gustos y sus proyectos. Reitero que la labor del traductor hoy en día va más allá del conocimiento de su oficio. También tiene que saber tomar el pulso del ámbito literario y editorial y proponer proyectos que latan en esa misma frecuencia. Muchas veces nos pintan el panorama más alarmante de lo que en realidad es. No creo que el traductor deba ver al editor como un agente hostil que sólo se aprovecha de su fuerza de trabajo. Creo, más bien, que debe de saber pensar como un editor. Y no es una actividad imposible, pues el traductor está acostumbrado a desdoblarse en otra conciencia. En gran medida, ese es uno de los vectores de su oficio.


Notas
[1] Si bien le da ese nombre al editor catalán Jorge Herralde, sin duda alguna aplica para cualquiera que ejerza el oficio. Vid. Jorge Herralde, El optimismo de la voluntad, p. 3.
[2] Lejos quedaron ya, espero, esas consideraciones absurdas que veían en el influjo de otras culturas una contaminación. Antonio Alatorre narra un caso muy cómico. Dice que en los ochenta se formó una comisión para la defensa del español mexicano, que buscaba construir y fortalecer una identidad nacional sin influjos extranjeros. Los funcionarios del PRI que conformaban la comisión solicitaron su asesoría y la de Juan Rulfo y pusieron a éste como ejemplo de escribir “a lo mexicano”. Fue grande su sorpresa, sin embargo, cuando Alatorre les dijo que si Rulfo había adquirido tal maestría al escribir había sido por leer a puros escritores gringos. Vid. Antonio Alatorre, Ensayos sobre crítica literaria, pp. 160-180.
[3] Tomás Segovia en De oficio, traductor, pp. 46-47.
[4] Vid. Gabriel Zaid, Los demasiados libros, pp. 29-40.
[5] Arturo Vázquez Barrón en De oficio, traductor, p. 81.
[6] Hay declaraciones explícitas, por ejemplo de Cortázar y de García Márquez, sobre cómo este proyecto determinó sus lecturas en una época en la que se publicaba a un ritmo más mesurado (y me atrevería a decir, más humano). Dice, por ejemplo, García Márquez: “Gracias a ellos fuimos admiradores precoces de Jorge Luis Borges, de Julio Cortázar, de Felisberto Hernández y de los novelistas ingleses y norteamericanos bien traducidos por la cuadrilla de Victoria Ocampo”. Vid G. García Márquez, Vivir para contarla, p. 137.


Referencias
ALATORRE, Antonio. Ensayos sobre crítica literaria. México: Conaculta, 2001, 188 p.
GARCÍA Márquez, Gabriel. Vivir para contarla. México: Planeta, 2002, 579 pp.
HERRALDE, Jorge. El optimismo de la voluntad: experiencias editoriales en América Latina. México: Fondo de Cultura Económica, 2009, 329 pp.
SANTOVEÑA, Marianela et al. De oficio traductor. Panorama de la traducción literaria en México. México: Bonilla Artigas Editores, 2007, 308 pp.
ZAID, Gabriel. Los demasiados libros. México: Random House Mondadori, 2010, 151 pp.


*César Eduardo Ambriz cursó la carrera en Lengua y Literaturas Hispánicas así como el Diplomado en Traducción de Textos Especializados, ambos en la UNAM. Escribe y traduce de forma cotidiana y también está interesado en la comprensión de lectura, la docencia, la edición y el periodismo cultural. Incursionó en el mundo de las librerías al fundar en conjunto el proyecto de la librería Wiser Books & Coffee, especializada en literatura en inglés y editoriales independientes. Actualmente dirige la sección de Literatura de la revista electrónica Síncope y está próximo a lanzar su sello editorial Aldaba.