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domingo, 8 de diciembre de 2019

Ernst Jandl nuevamente en español

Queridos colegas:

Nos comparte Aníbal Campos la reseña "Punto y coma: nueva antología de la poesía de Ernst Jandl", que publicó en el blog Polillas al anochecer para hablar de la reciente edición en español de una antología del poeta austriaco Ernst Jandl, publicada por Arrebato Libros en una compilación y traducción de Sandra Santana.

En su reseña, Aníbal Campos retoma en un recuento erudito las ediciones anteriores de Jandl en español, a cargo del cubano Francisco Díaz Solar, y explica cómo la nueva edición de Sandra Santana es un buen segundo natalicio del poeta en nuestra lengua:

De la mano de Sandra Santana (Madrid, 1978), que figura como compiladora y traductora —y quien, a juzgar por sus más bien esporádicas, pero certeras ediciones dedicadas a aspectos poco tratados o conocidos del pensamiento y la literatura de los países germanohablantes, está llamada a convertirse en una de las divulgadoras más inteligentes y profesionales de esas culturas en España, mullido diván de tanto diletante gozoso—, asistimos aquí al genuino segundo natalicio —algo tardío, pero en ningún caso inoportuno— de Jandl para las letras españolas. ¿Por qué el segundo? Porque en algo se equivoca la editorial Arrebato Libros en su nota de contracubierta y en algunos de los postings promocionales de esta excelente antología cuando dice que es “la primera vez” que una amplia muestra de la producción de Jandl aparece en castellano. Ya en el año 2007, un poeta y traductor cubano, Francisco Díaz Solar (a quien, dicho sea de paso, Sandra Santana hace referencia en su prólogo, en un elegante gesto que mucho la honra y que no suele ser demasiado obvio ni habitual en el entorno de alborozado y pelusero cainismo en el que desarrolla su labor, donde campan por sus fueros, impunes, los plagiadores de bufandas estilosas), dio a conocer en la colección Torre de Letras (proyecto editorial alentado por la poeta cubana Reina María Rodríguez) una muestra algo más amplia que esta (89 poemas) titulada igualmente a partir de un verso de Jandl: Para hacer un poema.

Pueden leer la nota completa en el siguiente enlace: https://polillasalanochecer.blogspot.com/2019/12/punto-y-coma-nueva-antologia-de-la.html?fbclid=IwAR1Pdp1mS88G71o0Gj4Lf-oqJQRRsKTldBGULyIznQCEusDj0diDbaqESBQ

sábado, 26 de agosto de 2017

Rulfo, lector de traducciones

Queridos colegas,

Iván Garcia nos comparte este texto, reseña del libro Ladridos, astros, agonías. Rilke y Broch en el lector Rulfo de Víctor Jiménez, sobre las relaciones que el autor mexicano estableció, a través de la lectura, con los dos autores alemanes. 
El texto aparece también en el último número de la revista "Crítica".
¡Que lo disfruten!

Rulfo, lector de traducciones
por Iván García

Es agosto de 1946. Arístides Gregori –nombre remoto, escondido– acaba de publicar en Argentina su traducción de una de las grandes obras de todos los tiempos: La muerte de Virgilio, de Hermann Broch –nombre un poco más sonoro–, que publicó su libro a fines de junio de 1945. Es, también, fines de 1946 o principios de 1947: Juan Rulfo está leyendo ya esa traducción, y de manera muy acuciosa. En su ejemplar argentino, hay corchetes, llaves y varias otras marcas. Incluso, en la página 75, hay una pequeña enmienda de ritmo. Quién sabe, quizá hasta copió algunas páginas a mano o a máquina, como solía hacerlo con los libros que más le interesaban. Lo cierto es que Gregori, Broch y Rulfo, en esos años luminosos para la literatura, dieron un ejemplo de lo que realmente es tener interés por las palabras.

            Que Rulfo no fue un lector “básico”, con una formación exigua, es algo que ya tendría que estar totalmente claro. Suficientes esfuerzos se han hecho para desbaratar ese disparate. Que Rulfo no se enganchara con la imagen de un lector con tufos aristocráticos, es otra cosa. Pero lector era, y un gran lector, como ya hemos podido advertir en Retales, en sus versiones de las Elegías de Duino y en su gusto por los cronistas novohispanos, por citar apenas tres ejemplos. Otra cosa es también que no fuera de esos lectores que se apresuran a manejar libros y autores con una solvencia insoportable. Su relación con las palabras pasaba por una oscura, lúcida y fecunda asimilación.

             
Ladridos, astros, agonías. Rilke y Broch en el lector Rulfo, del arquitecto Víctor Jiménez, es una de las más recientes obras difundidas por la Fundación Juan Rulfo, que dirige el propio Jiménez. Su cometido es muy simple: culminar un acercamiento a Rulfo que nos permita ver, como explica Alberto Vital en el prefacio, “que estamos ante un autor de lecturas muy amplias” y que “no fue un autor testimonial o realista a la manera del realismo decimonónico.” Pero el estudio consigue más. Como advierte también Vital, Jiménez logra despejar aquella otra embestida que busca influencias en el narrador jalisciense para normalizar sus méritos: “Hoy Víctor Jiménez termina de subvertir la fórmula: mientras más lecturas se le detecten, más original será el autor.”
        
         ¿Cómo es esto posible? No por un traslado tosco de la lectura, como quien busca barajar un capital de formas, sino mediante una sutil diseminación, mediante ecos –como apunta Jiménez a partir del estudio de Zarina Martínez (“Juan Rulfo: ecos de Knut Hamsun”). O mediante murmullos –como tal vez habría dicho Rulfo–, donde la palabra ha perdido solidez, límites reconocibles, para volverse flujo. Incide también, desde luego, el estudio de mecanismos y herramientas que a menudo no están o no son habituales en nuestra lengua y que a veces llegan con la traducción (es decir, con la lengua de llegada extrañándose de sí misma a raíz de lo traducido, con la lengua de llegada traicionándose gracias a ese elemento que contrabandea la traducción). Pero aun esto debe hacerse eco, diseminación, flujo casi sanguíneo. El murmullo tiene la virtud de hacerse dúctil, atravesar interregnos, crear aleación con otros elementos, y esto permite que en vez de tener un encajamiento explícito de formas, tengamos una gama de fuerzas alimentando la vitalidad de un nuevo original.

           
Rainer Maria Rilke
El breve ensayo de Jiménez se compone de dos partes. En la primera, “Ladridos”, se analiza el vínculo entre Rainer Maria Rilke y Rulfo, concretamente entre la Melodía del amor y la muerte del corneta Cristóbal Rilke y “Nos han dado la tierra” y Pedro Páramo, algo que ya había planteado José Miguel Barajas en un estudio pionero. En esta ocasión, Jiménez se aboca a un solo párrafo de ese libro de Rilke, que Rulfo leyó en la traducción –no del todo afortunada– del jurista Eduardo García Máynez, editada en 1940. Jiménez además compara ese trabajo con una traducción argentina de 1944 (firmada por Ángel Battistessa y que también leyó Rulfo), una traducción francesa de 2013, una segunda versión de García Máynez editada en 1956 (cuando Rulfo ya había publicado sus libros) y el original en alemán, para ponerlos a contraluz con pasajes muy específicos de Rulfo. Como puede advertirse, se trata de un trabajo minucioso que parte de la traducción comparada. Cada detalle, cada diferencia de traducción cuenta, cada partícula puede ser el movimiento reconocible que trasminó de Rilke a Rulfo. La lectura de Jiménez es aventurada, pero no vaga, está en la línea de lo que la teoría llama close reading. Es así como nos muestra “la presencia directa de ciertas expresiones y atmósferas” de esa obra de Rilke en pasajes de Rulfo. Hemos dejado atrás ya la discusión de si Rulfo fue obra de la casualidad o no, para entrar en algo mucho más provechoso: ver cómo resuenan atmósferas rilkeanas en Rulfo, ver cómo un poeta europeo se aloja y se empoza en Rulfo, ver cómo se da con todo ello una “alquimia corporal” (como la llama Vital en su prefacio) que derriba la imagen de un Rulfo testimonial o realista. Es a causa de estas correspondencias, que por supuesto no se limitan a Rilke, que Jiménez descree de aquellos que opinan “que la literatura de Juan Rulfo surge (como se dice del brote de una planta) de un surco en el campo de Jalisco” e insiste en tomar más en serio la capacidad que tiene la lectura de incidir en la configuración del mundo de un escritor.

           
Juan Rulfo
En este punto, antes de pasar a la segunda parte del ensayo, conviene atender algunas líneas del brevísimo texto inédito de Rulfo que abre el libro (una respuesta que dio a alguna entrevista que no se conserva): “Yo siempre estoy dispuesto a hundirme en el mundo del autor, lléveme adonde me lleve, pues no recapacito en nada antes de someterme a su lectura; simplemente me sumerjo en su mundo como quien se tira de cabeza a un río. El entrar en una obra tiene algo de mágico: se cruzan fronteras extrañas y, sin embargo, uno permanece en el mismo sitio […]. Fue entonces cuando me di cuenta del valor de los libros y de cómo lo ayudan a uno a escapar de cualquier encierro.” Ahí está la clave de lo que sustenta Jiménez: la lectura sacó a Rulfo, y a su propia escritura, de cualquier encierro, incluido el “realista”. Leer como él lee, sin recapacitar, sumergiéndose como quien se tira de cabeza a un río, es vulnerar todo límite reconocible, todo encierro identitario, para cruzar fronteras extrañas y asistir a las más inauditas combinaciones. Capitular así es hacerse totalmente permeable. Pero esto no quiere decir, en mi opinión, que el mundo campesino haya desaparecido de la obra. Las construcciones derruidas, las piedras sucesivas de la lengua, están allí, pero anidadas igualmente en los sentidos del poeta. Hechas eco también, incandescencia, murmullo oscuro. Están ahí, enhebrándose con otros estímulos, con la consciencia del autor o sin ella. Al respecto, son fascinantes las palabras de André Gide, traducidas por el propio Jiménez para ilustrar cómo se produciría la influencia literaria en Rulfo: “He leído tal libro y después lo he cerrado y devuelto a su estante; pero en dicho libro estaba tal palabra, una que no puedo olvidar. Ha descendido en mí tan adentro que ya no la distingo de mí mismo. Desde ese momento no soy ya más como si no la hubiese conocido. ¿Que he olvidado el libro donde leí esa palabra? ¿Que he olvidado incluso que la he leído? ¿Que no la recuerdo sino de manera imperfecta?... No importa. No deseo ser de nuevo aquél que era antes de leerla. ¿Cómo explicar su poder? Su poder proviene de que no ha hecho sino revelarme una parte de mí mismo todavía desconocida para mí mismo; no ha sido para mí sino una explicación; sí, una explicación de mí mismo.” Lo que Ungaretti dice de su poesía, vale para la de Rulfo: “Cuando encuentro / en este silencio mío / una palabra / cavada está en mi vida / como un abismo.”

            La segunda parte del ensayo está dedicada a distinguir la presencia de La muerte de Virgilio en Rulfo, quien no sólo leyó la versión de Gregori, sino que también adquirió la que José María Ripalda hiciera a partir de la del traductor argentino. Sin embargo, a diferencia del escrito juvenil de Rilke –donde podemos encontrar “las mismas palabras de la traducción de García Máynez en unas pocas expresiones cortas y aisladas de Rulfo”–, la “transmisión” o el “trasvase” de algunas ideas y expresiones de Broch se da de un modo muy distinto. Aún así, astros y agonías, más “la noche, con su densa negrura”, que dominan la narrativa de Broch, encuentran empatía en la de Rulfo: “en algunos cuentos –como apunta el especialista– y en Pedro Páramo la noche es sin duda parte importante de lo que ocurre en cada narración, y en la novela una estrella, la vespertina –asociada a la luna–, tiene un papel destacado como tema crípticamente significativo en el desarrollo de los acontecimientos: algo similar ocurre con la luna en algunos cuentos y parcialmente en Pedro Páramo”. No hace falta recordar que abundan las agonías en Rulfo. Además, advierte Jiménez sobre Broch, “en el terreno de la escritura es muy notorio el recurso a la repetición de palabras dos, tres o cuatro veces en la misma frase o el mismo párrafo, sin preocupación alguna por lo que diría un manual de estilo: el lector puede recordar que esto es algo característico también de la obra de Rulfo.” El análisis de Jiménez es más minucioso, pero baste con estos ejemplos para dar una idea de su cometido.

            Si el ensayista se aventura a trabajar con todas estas “huellas posibles” de Rilke y Broch, dos nombres absolutos de la literatura mundial, no es para acercarle respaldos a la obra de Rulfo. Ésta no necesita ninguno. Lo hace para señalar que Rulfo fue un gran lector (no sólo por la cantidad de libros que leyó, sino por el modo en que lo hizo) y que ver en él a un autor realista es perderse de prácticamente todo. Eso lo logra Jiménez de manera notable, con una escritura sobria y respetuosa, acorde con lo que está estudiando.

           
Hermann Broch
Por último, algo importante: Rulfo no leyó a Broch ni a Rilke en la lengua original. A menudo se olvida, pero hubo gente que tradujo y ha continuado traduciendo a esos autores. Eso es lo que leyó y admiró Rulfo. Eso es a lo que le dedicó su atención y de lo que obtuvo un provecho indudable. Quizá para mucha gente que se precia de ilustrada la traducción no sea más que algo desdeñable: estupendo. Lo cierto es que para Rulfo, creador de la gran obra de nuestra lengua, fue fundamental.

¿Que la tremenda traducción de Gregori-Ripalda en realidad no es adecuada? Es posible. José María Pérez Gay, en El imperio perdido, dedica un ensayo a Broch y allí señala: “La muerte de Virgilio es una búsqueda y una reconquista del lenguaje; un acto de fe en los poderes de la literatura. Es además una novela casi intraducible. El idioma alemán utiliza el sustantivo, en cierto modo, como una oración o frase condensada. Su capacidad de construir vocablos compuestos no tiene límites. En inglés, francés o español el sustantivo desempeña una función sintáctica distinta. Los vocablos compuestos casi no existen. De acuerdo a la estructura del idioma alemán, la fuerza narrativa de La muerte de Virgilio y su poder musical descansan sobre los sustantivos: sus diferentes combinaciones regresan siempre al tema central. Al desconocer esta técnica, los traductores de Broch al español –Gregori y Ripalda– convirtieron la novela en un texto casi ilegible.” Dice además que Jean Starr Untermeyer, la traductora del libro al inglés, trabajó con Broch en “una relación simbiótica” durante seis años y que el resultado fue asombroso (incluso, se sabe que los últimos capítulos en alemán y su traducción al inglés se hicieron con diferencia de días). Otro tanto pasó con Albert Kohn, el traductor al francés, con quien Broch trabajó dos meses en la revisión. Desconozco si Gregori no tuvo la suerte de contactar al autor (o a Untermeyer, ya que el argentino también traducía del inglés). Desconozco si Ripalda se pronunció al respecto del juicio de Pérez Gay. Lo cierto es que si la traducción de Gregori-Ripalda es errática, eso errático configuró para Rulfo una lectura impactante, tal como lo sigue siendo hasta nuestros días.

sábado, 10 de junio de 2017

Crónica desde Banff: Describe lo que escribes


        


Queridos colegas,

Hoy les compartimos el texto "Describe lo que escribes" de Jorge F. Hernández, publicado hace un par de días en su columna "Agua de azar" del periódico Milenio.
El escritor se encuentra este año en el Centro Internacional de Traducción Literaria de Banff como traductor consultor, y el texto es una crónica de su experiencia.

"La quietud acompaña las palabras que lees para simular que hablas con alguien —nos dice Hernández— en tanto no se reúnen en torno al fogón los demás que escriben o cantan, pintan o piensan su propio paisaje en este remanso especial en medio de las montañas de un paisaje que parece lejano siendo tan íntimo. Al atardecer, se escuchan todos los idiomas del mundo, todas las lenguas traducidas por un puñado de escritores que prefieren habitar la sombra tras los telones de la generosa labor de tender puentes entre lenguas en esta época donde los necios insisten en levantar muros. La palabra se multiplica en los diferentes acentos y sentidos que se van entrelazando para que se entienda la prosa o se vuelva a dibujar el verso de un sentimiento o pedazo de memoria que se escribió hace siglos o ayer mismo en otro idioma que crees reconocer en el paisaje donde cada uno de los árboles a lo lejos habla su propio callado silencio, sobre un mar de arbustos temblorosos cuyas hojas parecen páginas al vuelo".

Aquí pueden seguir leyendo la nota:
http://www.milenio.com/firmas/jorge_f-_hernandez_aguadeazar/creadores-mexcanos-estadounidenses-canadienses-contra-exclusion-milenio_18_970882980.html
¡Que la disfruten!

Rebaño de traductores en Banff
Las fotos nos las comparte Lucrecia Orensanz, quien es una de las becarias este año.

sábado, 11 de febrero de 2017

Reseña: Charla con Jorge Seca

Queridos colegas,

Hoy les compartimos esta reseña a cargo de Josefina Pacheco sobre la charla que sostuvimos el mes pasado en el Goethe Institut con el traductor español Jorge Seca: "La traducción del humor en Kafka y Tucholsky".

Aquí ya está también el video de la charla (https://www.youtube.com/watch?v=-mLZv_AoaB0), pero les comento que, por distracción de nuestro querido camarógrafo, la grabación comienza en el minuto 45, así que, luego de leer la reseña de Josefina, adelántenle y disfruten la conversación completa, que estuvo muy interesante.





Charla con Jorge Seca: la traducción del humor en Kafka y Tucholsky
por Josefina Pacheco

En un primer momento, el título de esta charla podría despertar la sorpresa del lector; yo misma me tardé en entender a qué se refería Jorge Seca con el humor en un escritor más bien recordado por sus retratos terribles de lo férreo y absurdo de la Autoridad y su Ley. En esta charla, Jorge Seca esboza, en cambio, el boceto de un Kafka cinéfilo, entusiasta de las producciones del cine mudo, y hace una lectura humorística de las narraciones del autor checo desde un ángulo poco trabajado.

 Y sí, es posible imaginar una película de Chaplin—de cuyas producciones Kafka fue probablemente espectador— en la que un ser humano amaneciera convertido en algo parecido a una cucaracha, así como los recursos con los que el humorista explotaría dicha transformación. La lectura sombría, que es la la que la mayoría de los críticos ha señalado sobre esta obra del escritor checo, consiste en que una mañana —llamada, según algunos de ellos, siglo XX— ocurrió la transformación mencionada, que no parece sino convertir a este ser en algo cada vez más minúsculo e insignificante frente a esa Autoridad, como quiera que sea concebida. ¿Estamos, pues, ante dos interpretaciones radicalmente distintas una de la otra? No necesariamente, pues como señala David Foster Wallace, “la comedia de Kafka es siempre también tragedia, y esta tragedia es siempre también un placer inmenso y reverente.” (http://aquellaeme.blogspot.mx/2010/08/algunos-comentarios-sobre-lo-gracioso.html) 

Quizá esta combinación, tan difícil de lograr en su compleja sencillez, es lo que ha hecho de Kafka uno de los escritores más emblemáticos y originales de todos los tiempos, pero especialmente de la época moderna —recordemos que, otra hipótesis señala que die Verwandlung, La metamorfosis, puede ser vista también como un cuento fantástico, como una de esas leyendas tradicionales, conocidas como Märchen en alemán, pobladas por seres y acontecimientos que desafían la realidad y sus reglas. Este ángulo no es necesariamente humorístico, pero escapa también al sentido trágico que suele asociarse con el texto señalado.

El último diálogo —la traducción también lo es— entre Jorge Seca y Kafka, es la versión al español de la narración En el penal, (In der) der Strafkolonie, según su título original, un relato asociado a la tortura que sinceramente, no he logrado ver con sentido de humor, pero tal vez algún día pueda ver con una mirada parecida a la de Jorge Seca. 

Y, como menciona el mismo traductor, el de Kurt Tucholsky es un caso completamente distinto. A petición de su editor, Tucholsky escribe una historia de amor que, al parecer, tiene mucho de autobiográfico: Das Schloβ Gripsholm: eine Sommergeschichte (1932). En la versión al español de Jorge Seca, el título es: El castillo de Gripsholm, Una historia veraniega (El acantilado, Barcelona, 2016). Veamos un fragmento de la carta que escribe Tucholsky a su editor, texto con el que inicia la novela y que es traducido así por Jorge Seca:

Bien, vale, así que quiere una historia de amor… Querido jefe, pero ¿cómo se le ocurre semejante cosa? ¿Amor en nuestra época? ¿Ama usted? Pero ¿quién ama hoy en día? Lo mejor será pensar, a lo sumo, en una breve historia de amor de verano. La cosa no es fácil. Ya sabe usted lo mucho que me repugna importunar a la opinión pública exhibiendo mis líos privados… Así que esto queda descartado. Además engaño a todas las mujeres con mi máquina de escribir y por eso no experimento ningún romanticismo. ¿Está usted incitándome acaso a que me invente una historia? Oiga, fantasía sólo la tienen los hombres de negocios cuando no pueden hacer frente a los pagos. Entonces se les ocurren todo tipo de tretas. Pero a los tipos como yo...


Al leer este fragmento, se vuelve claro lo que señalan algunos comentarios a propósito del texto de Tucholsky —y sí, también de la traducción de Seca—: “Una “[...] novela de aliento báltico, engañosamente ligera, de un estilo ágil y desenfadado que se sustenta en el dominio del lenguaje coloquial, a menudo trampolín para un humor de media sonrisa, un tanto desencantado[...] Y es que, junto al idílico retrato de una pareja que vive la ya mencionada “historia de amor”, hay una terrible historia de maltrato y abuso infantil de la que esta pareja viene a ser testigo.


Así pues, mientras que Kafka nos regala un mundo de verdades que resultan cómicas quizá por ser insoportables —uno también puede reír por nervios, por miedo—, Tucholsky, nos deja un sabor agridulce con esta historia de contrastes, entre la belleza de la naturaleza y la amorosa convivencia de una pareja, a poca distancia de un lugar donde se practican maltratos tan crueles, tan injustos y abusivos que, justamente, impiden dibujar una sonrisa plena en nuestros rostros.

Imagen 2: Franz Kafka. Tomada de: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/k/kafka.htm
Imagen 4: Portada de El castillo de Gripsholm. ed. Acantilado. http://www.acantilado.es/catalogo/

viernes, 18 de noviembre de 2016

Reseña: Día Internacional de la Corrección de Estilo

Queridos colegas,

Nos comparte PEAC esta interesante reseña de Norma L. Vázquez Alanís sobre lo ocurrido y discutido en la décima edición del Día Internacional de la Corrección de Estilo (X DICE) que se llevó a cabo el pasado 27 de octubre. El tema de este año fue: ¿A quién le corresponde garantizar la calidad de una publicación?
Como recordarán, aquí compartimos el programa completo.

X Día Internacional de la Corrección de Estilo 
Por: Norma L. Vázquez Alanís

Pocos autores valoran el trabajo del corrector: Martí Soler

Garantizar la calidad de una publicación es una responsabilidad compartida, porque la cadena de producción editorial es un trabajo que se realiza en equipo y el encargado de cada proceso debe responsabilizarse de la parte que le toca, aunque el editor es el último obligado a responder por la calidad del producto que llevará al mercado, coincidieron especialistas en la materia, que participaron en la décima edición del Día Internacional de la Corrección de Estilo (X DICE).

Convocado conjuntamente por Profesionales de la Edición AC (PEAC), la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la UNAM, y la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), el X DICE reunió a correctores y editores para que compartieran sus experiencias respecto a la pregunta: ¿a quién le corresponde garantizar la calidad de una publicación?

Después de que el secretario del consejo directivo de la Caniem, José María Castro, dijera que la corrección de estilo es indispensable en la cadena de producción editorial e informara que la Cámara ofrece cursos para capacitar correctores y es una entidad certificadora en la cadena editorial, la directora general de PEAC, Ana Lilia Arias, hizo un breve relato de cómo se originó el Día Internacional de la Corrección y precisó que se seleccionó el 27 de octubre por ser el aniversario natal de Erasmo de Rotterdam, un humanista que fue corrector y traductor por decisión propia.

En los años 60 se empezó a cuestionar el trabajo de la corrección de estilo, pues se decía que nadie puede corregir a nadie y menos el estilo de alguien, pero en 1992, PEAC impartió el primer curso y ahora ofrece el diplomado en corrección profesional de estilo y asesoría editorial, así como cursos y talleres de redacción, corrección, ortografía y diseño, agregó Ana Lilia Arias.

Inaugurado el evento, la conferencia inicial quedó a cargo del maestro Martí Soler Viñas, quien ha dedicado su vida a la corrección, y le siguieron dos mesas de discusión con los temas El corrector y los libros de texto y ¿A quién le corresponde garantizar la calidad de una publicación?, en las que participaron seis calificados editores y correctores.

La charla del maestro Soler giró en torno a sus vivencias en el mundo editorial, donde ha laborado por más de medio siglo, desde que su padre y su mentor Ramón Lamoneda, lo introdujeron en la corrección de textos.

Cuando tenía 25 años entró al Fondo de Cultura Económica (FCE), que fue como la universidad de los de su generación, y aun cuando llegó a ocupar una gerencia, se mantuvo «corrigiendo a los correctores». Soler consideró que el éxito de su trabajo radica en que revisa el estilo de autores y traductores, pero principalmente porque se corrige a sí mismo, y se preguntó si hay algo más difícil que eso, pues «uno es más feroz con uno mismo».

En todos los tiempos ha sido necesaria la corrección, subrayó Soler Viñas, y mencionó que los antiguos impresores fueron a la vez editores, correctores y traductores. «Aunque los correctores estamos supeditados a los editores, éstos no pueden permitir la impresión de un texto sin corregir», añadió.

Relató el maestro Soler Viñas el caso de un autor a cuya obra una correctora de estilo le hizo cambios, y cuando él la leyó ya impresa, pidió que se quemara la edición completa porque ese texto no era el que había escrito; la correctora le había cambiado todo. También citó la anécdota de un autor famoso que pidió a la editorial que no se le quitaran a su texto las comas mal puestas porque ese era su estilo… y se le tuvieron que restituir porque el corrector se las había quitado.

El editor, corrector y tipógrafo platicó que su primera incursión en el oficio fue la corrección de pruebas del Canto General de Pablo Neruda, porque su padre, quien trabajaba en los Talleres Gráficos de la Nación, llevó a casa las pruebas para corregirlas allí, y le pidió que le ayudara. Reconoció que Ramón Lamoneda fue quien le enseñó a corregir pruebas.

Por último, Soler Viñas sostuvo que son pocos los autores que valoran la labor del corrector, y que en su largo desempeño en estas lides sólo tiene cuatro cartas de agradecimiento a su trabajo, entre ellas una del escritor guatemalteco Alejo Carpentier.

Defender el cargo, prioridad de quienes hacen libros de texto 

En la mesa de trabajo dedicada al tema El corrector y los libros de texto, tres panelistas dijeron que la corrección es un trabajo colectivo y humano, aunque se desempeñe a través de recursos tecnológicos, y que la producción de los libros de texto es una labor importante que requiere de mejores cuidados de corrección y de asesores de calidad. Sin embargo, el trabajo de los correctores se ha menospreciado, aseguraron los participantes Blanca Estela Gayosso, Daniel Mir Elizondo y Octavio.

Gayosso, quien es editora, dijo que, por su función como formadores, los libros de texto y escolares son los referentes conceptuales para alumnos y maestros. Aseguró que el gerente editorial es el responsable de la corrección de un libro de texto, una vez que acabaron el proceso de autoría, iconografía, corrección y edición. Lamentó que, como no hay planeación, la corrección de estilo se ve acotada por cuestiones de tiempo o de presupuesto; muchas veces, el texto se corrige al tiempo que lo va acabando el autor.

Por su parte, Mir Elizondo dio voz a los autores de libros de texto e indicó que estos se tienen que escribir en dos meses. Afirmó que esos autores se enfrentan a cambios en los lineamientos en cuanto a contenidos y tiempos, y carecen de asesores para desarrollar los temas encargados. Estos libros requieren una investigación y una actualización sobre los temas, para que no se vuelvan obsoletos.

Uno de los mayores problemas, apuntó, es que los encargados de los programas de los libros de texto cambian cada sexenio porque se trata de puestos políticos, ocupados por gente que no sabe nada ni le importa el libro, sólo el cargo, de manera que hay total ambigüedad en los temas de los contenidos solicitados.

En este punto, Octavio Rodríguez, dedicado a las artes gráficas, el cuidado de ediciones y la corrección de pruebas y de estilo, sostuvo que en la Secretaría de Educación Pública (SEP) la educación es lo que menos interesa a quienes sólo quieren conservar su empleo. Relató que, cuando trabajó en esa dependencia oficial, los correctores estaban acotados por la burocracia y no había coordinación, pues cada quien estaba cuidando su puesto de trabajo.

Desafortunadamente, apuntó, en los libros de texto no importa la calidad del contenido, sino que esté a tiempo para la fecha en que debe llegar al almacén; en la SEP, el corrector tiene que trabajar bien, barato y rápido.

Rodríguez sostuvo que, cuando el PAN estuvo en el poder, «les dio en la torre a todos los departamentos editoriales de las secretarías de Estado». El corrector no tiene más remedio que aceptar los plazos cortos y los salarios malos, porque el mundo editorial es muy cerrado, observó. El trabajo se ha devaluado mucho, porque los editores no aprecian la labor de corrección.

El ponente aseguró también que, como consecuencia tanto de la llegada al poder del panismo, como de la derechización del PRI, los actuales funcionarios son analfabetas, no leen; se ha desvalorizado el trabajo de la SEP, pues en su interior solamente hay lucha de poder para conservar el puesto. Antes, afirmó, el nacionalismo revolucionario permitía el trabajo en los libros de texto porque los funcionarios sí leían y muchos de ellos eran grandes intelectuales.

Recordó que, en la pasada administración, los libros de texto tenían 300 o más errores en promedio por unidad, y también saltos y cambio de palabras en los poemas contenidos en los libros de lectura.

Quién garantiza la calidad de una publicación

En otro panel de discusión dentro del DICE, al examinar a quién corresponde garantizar la calidad de una publicación, los participantes dictaminaron que el responsable final es el editor, como último eslabón de la cadena de producción.

Ramsés Lagos, quien es editor, escritor y catedrático, dijo que el editor y el corrector garantizan un valor para la cultura, la cual cada vez se respeta menos. Comentó que a veces los correctores hacen modificaciones en cada línea de un texto, pues tienen miedo de no cambiar nada porque piensan que su jefe va a creer que no trabajan.

La sustitución de palabras puede variar conceptos específicos, y el cambio de puntuación puede dar otro sentido al texto, por ello Lagos pidió a los correctores ser más flexibles. A su juicio, el principal responsable de la calidad de la edición es el corrector.

Por su parte Cinthya Chávez, jefa de redacción del grupo editorial Penguin Random House, opinó que el editor tiene que ser un parteaguas para llevar a cabo una buena tarea. En su fuente de trabajo la regla de oro es que hay que entender la idea del libro, antes que interponer el manual de estilo, pues en la corrección se debe buscar que un texto se entienda.

En Penguin todos los correctores son externos y hay que darles armas para que hagan bien su trabajo, pero finalmente el editor es el último responsable del producto en el mercado, refirió. Chávez dijo que agradece del corrector que vea desde cero el texto y que, al no estar viciado con el mismo, pueda revisarlo correctamente, pero criticó lo inflexibles que son, cuando hay manuales de criterios editoriales.

Mientras, Carlos Garduño, escritor y corrector en diversas casas editoriales, se planteó otra pregunta: ¿quién tiene la culpa de los errores de la producción editorial y de quién es el triunfo cuando sale bien la publicación?


Destacó la necesidad de que en todo proceso editorial se hagan pruebas primeras, segundas y finas; igualmente pidió a los correctores dejar de lado la pasividad, si quieren ampliar el mercado laboral. En el proceso editorial hay que generar pruebas de las responsabilidades de cada subproceso, para tener un producto de calidad, finalizó.