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domingo, 30 de abril de 2017

Traducir para los niños



Queridos colegas,

Hoy se celebra el Día del Niño y nos parece un buena ocasión para reflexionar sobre lo que significa traducir para este pequeño, aunque exigente público.

Les compartimos la nota "Traducir literatura infantil y juvenil: Notas a vuelapluma" que Mario Grande publicó hace ya tiempo en la Revista Diaria de Traducción El Trujamán, pero cuyas reflexiones no pierden vigencia.

"La diversidad de géneros se queda chica si contemplamos la literatura infantil y juvenil desde el punto de vista del lenguaje", explica Grande. "Desde balbuceos, aliteraciones, trabalenguas y rimas a jergas adolescentes a veces efímeras y localizadas, slang, neologismos, ocurrencias del autor y un peso de la oralidad que tiñe muchos relatos de una carga ponderativa que no puede obviarse al traducir".

Aquí pueden continuar leyendo:
http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/enero_14/07012014.htm


Les compartimos también esta recomendaciones publicadas en la sección Babelia del El País, con motivo del Día del Libro Infantil que se celebró el 3 de abril.
Aquí el enlace:
http://elpais.com/elpais/2017/03/30/fotorrelato/1490901969_232843.html

domingo, 4 de septiembre de 2016

El español de todos y de nadie


Colegas,

Hoy les recomendamos la nota "El español de todos y de nadie" de Maribel Marín aparecida el pasado 26 de agosto en el suplemento Babelia del periódico El País, que estuvo dedicado a la traducción. Se trata de una larga e interesante reflexión sobre el viejo pero a la vez siempre nuevo tema del español y sus variantes en el campo de la traducción. 

Aquí un pasaje del texto de Marín:

"¿Realmente es necesario cambiar la palabra coger (follar, en Argentina), por tomar, agarrar o asir, que no siempre son intercambiables, para no herir sensibilidades y poder comercializar una única versión de un libro a los dos lados del Atlántico? ¿Tan grave es que un español se tope con la palabra boludo en lugar de gilipollas, que lea cómo a un personaje lo vosean en lugar de tutearlo o que tenga que detenerse hasta descubrir, si no lo sabe, que frutilla significa fresa? ¿Por qué eliminar toda palabra que a un lector pueda extrañarle o todo rastro de un localismo? ¿Por qué darle la vuelta a la frase alambicada escrita por Balzac o maquillar el lenguaje vulgar de un escritor de medio pelo?
Son prácticas extendidas conocidas en la jerga como planchado y que, en palabras de Sáenz, tienen su origen en la “desconfianza de los editores en el lector y el desprecio del traductor. En ambas orillas”."

Aquí el enlace a la nota completa. Que la disfruten.


sábado, 15 de agosto de 2015

Poner en valor el idioma español

Hola a todos,

Hoy les compartimos esta reflexión de Álex Grijelmo sobre el uso y abuso de ciertas expresiones utilizadas por los políticos. El artículo apareció hace unos días en el El País.



"Poner en valor" el idioma español
Álex Grijelmo

La lengua propia de los políticos ha aportado en los últimos años un nuevo caso de amaneramiento con visos de elegancia que deriva en uso deplorable: “poner en valor”.

Nada se elogia, se destaca o se resalta. A nada se le da relevancia o realce, y nada se aprecia o se estima. Lo que mola es ponerlo en valor.

La expresión se ha extendido con tanta afición, que suelen sucumbir a ella lo mismo el ministro que el alcalde pedáneo. Si alguien quiere sentirse parte de la clase política, debe decir cada dos o tres frases que pone algo en valor.

El académico Emilio Lledó comentaba el domingo 14 de junio, entrevistado en El Mundo, que le horroriza esa expresión. Si apareciera sólo ocasionalmente, quizá la veríamos como un hallazgo de estilo. Pero el estilo es sorpresa, y ya no produce extrañeza que alguien use y use y use semejante fórmula.

Si alguien quiere sentirse parte de la clase política, debe decir cada dos o tres frases que pone algo en valor

Antes que en español, en francés se ha venido diciendo mettre en valeur, forma que se consolidó en ese idioma como locución verbal para significar lo que en nuestra lengua expresábamos con verbos como “elogiar” o “resaltar” y con locuciones como “dar valor” o “dar importancia”. A esas opciones acuden los traductores de aquel idioma cuando se encuentran oraciones como “le ministre a mis en valeur l’education”, de tal modo que el ministro, suponemos que francés, otorgó gran importancia a la educación.

En español usamos “poner en claro” o “poner en solfa” o “poner en duda”. Y también “poner en valor” si uno quiere. La gramática no se enfadará por eso. El problema radica en que nuestros políticos dan la impresión más de “ser hablados” que de “hablar”, como si un ente manipulador, y a veces cursi, moviera todos sus hilos y sus cuerdas (vocales) y los manejara cual marionetas idénticas, aun de diferentes partidos. Se repiten, se repiten y se repiten. Y, de nuevo, las clonaciones que se toman de otros idiomas desplazan en su depredación la riqueza de nuestra lengua.

Tal abuso, y eso es lo peor, puede acabar conduciendo a que nuestro vecino ponga en valor su huerto en vez de cultivarlo, a que nuestra amiga ponga en valor su casa en lugar de remozarla, a que pongamos en valor el frigorífico en vez de llenarlo de nuevo cuando se queda vacío, a que pongamos en valor la fabada en lugar de disfrutarla.

Será llegado entonces el momento de poner en valor el estilo, la retórica, el idioma. La sencillez. La búsqueda de las palabras precisas, las que cada cual elige para definir su discurso propio; y no las que colonizan el léxico de concejales y diputados y los separan cada vez más del lenguaje que emplean los que todavía son sus votantes.

Imagen insertada por Círculo de Traductores