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lunes, 22 de septiembre de 2014

Entrevista con Nicolás Gelormini, traductor de cristal

Queridos colegas:

Nos comparte Pablo Ingberg esta entrevista que le hicieron a Nicolás Gelormini en el Instituto Goethe de Buenos Aires.

Seguramente recuerdan que Gelormini es el "traductor de cristal" invitado por el Instituto Goethe para traducir en vivo este 30 de septiembre en su sede de Buenos Aires, tal como lo hará Claudia Cabrera aquí en la ciudad de México, en un acto destinado a visibilizar a los traductores en su día. Todos los detalles sobre el evento en este enlace. Acudan al evento para conocer y apoyar a su traductor local. Saludos y por allá nos vemos,

Lucrecia


“El traductor escribe sobre una hoja

que de algún modo ya está escrita”

Cecilia Pavón entrevista a Nicolás Gelormini


Mientras traduce a Katja Petrowskaja como residente del colegio de traductores de Straelen, Nicolás Gelormini –uno de los traductores literarios del alemán más prestigiosos de Latinoamérica– contesta algunas preguntas en torno a la traducción, las versiones, los lectores y el tiempo.

Suele decirse que los escritores desarrollan una obra teniendo en vista un lector potencial ¿El traductor también piensa en la recepción de su trabajo?
Sí, por supuesto pensamos en el lector, pero de un modo distinto que los escritores. En principio, nosotros buscamos que la traducción plantee al lector los mismos desafíos que el texto original plantea a sus lectores. Es decir, que allí donde el efecto del texto original es que el lector dude, se detenga y lea dos veces una frase, nuestro lector deba hacer lo mismo. Naturalmente sería absurdo aspirar a una equivalencia total entre esas dos experiencias de lectura. Cuando un autor menciona a Goethe o a Jean Paul despierta en el lector alemán evocaciones que difícilmente se asemejarán a las del lector español, por más culto que sea. Sin embargo, esto no impugna el criterio de que el lector de la traducción, en un plano ideal, no debería tener las cosas ni más fáciles ni más difíciles que el que lee el original.

¿Es posible “modernizar” una obra literaria antigua para acercarla a los lectores contemporáneos?
Claro, en el caso de obras antiguas es inevitable una modernización de la lengua original y, efectivamente, la traducción termina quedando de algún modo más cerca de su lector que el original de los suyos. Muchas de las nuevas traducciones de obras clásicas se justifican, en primera instancia, por esa necesidad de actualizar la lengua de las versiones castellanas. Otra es la lógica de que es la traducción la que envejece y deben adoptarse criterios más actuales. Por otra parte, el proceso que mencioné en primer lugar también puede observarse dentro de un mismo idioma, con las versiones que se modernizan, por ejemplo, El Quijote o, en el caso del alemán, el Simplicius Simplicissimus.

Muchas veces se debe traducir en pocos meses una obra que llevó varios años o décadas escribir. ¿El traductor, en este caso, trabajaría condensando el tiempo?
Sí, y puede hacerlo, por algo que es obvio pero no siempre se recuerda, el hecho de que el traductor escribe sobre una hoja que de algún modo ya está escrita. De todos modos, yo no compararía el tiempo de la escritura con el de la traducción.

¿Por qué?
Porque el tiempo de la escritura está determinado por el texto en cuanto proceso, obra abierta, es el tiempo de la creación, el tiempo del pintor; el tiempo de la traducción está determinado por el texto en cuanto obra acabada, tiene la temporalidad del oficio, del restaurador. Pablo Ingberg, escritor y traductor, dijo alguna vez que “traducir es lo mismo que escribir, pero con lo más difícil ya resuelto”. Nosotros tenemos un original, partimos de una materia lingüística, por así decirlo, ya formada, aunque esté en otro idioma. Un escritor se enfrenta a cuestiones de orden mucho más diversas que un traductor y goza de una libertad, de una indeterminación, que no siempre ofrece su mejor cara y que, afortunadamente, casi siempre el traductor desconoce.

Usted ha traducido obras famosas como el Werther de Goethe, con muchas traducciones, y otras como El aquelarre de Ludwig Tieck, que no había sido traducida hasta ahora al español. ¿Las traducciones ya existentes o la falta de ellas tienen una influencia sobre su trabajo?
Aunque haya versiones españolas anteriores, trato de no consultarlas cuando hago mi primera versión. En ese momento quiero estar solo frente al original y dejar que la traducción surja del roce, de la tensión entre mi castellano y el estilo del autor. Sí consulto, en caso de tenerlas, traducciones al francés o al inglés, que me pueden resolver dudas de contenido sin interferir tanto en el plano del estilo. Con esto no quiero decir que las otras traducciones afectarán la pureza o la originalidad de mi traducción, sino que creo que puedo lograr un resultado más coherente en todos planos cuando estoy yo solo frente al original. Más tarde, si aún tengo dudas sobre tal o cual pasaje, me parece natural consultar cómo han resuelto mis colegas esas dificultades. Pero no siempre las cosas son más fáciles dentro del propio idioma. Cuando trabajé en el Werther, entre otras tenía a la mano una edición española de mediados del siglo XIX, de la que por página desconocía diez o quince palabras, mientras que del original debía consultar en el diccionario sólo una o dos.

Justamente la primera idea que a uno le viene a la mente sobre la traducción de un libro escrito hace varios siglos es el problema del léxico, el vocabulario. Pero ¿qué sucede con la sintaxis? ¿Cómo influye el tiempo transcurrido en la sintaxis de una lengua? ¿Y qué problemas le presenta este aspecto al traductor?
Es una pregunta compleja. Un texto alejado en el tiempo no presenta necesariamente dificultades en el plano sintáctico. En la lengua, los cambios sintácticos se producen con un ritmo mucho más lento que los lexicales o morfológicos. Para la traducción, el desafío que plantea la sintaxis es fundamental: el modo en que las oraciones se conectan unas con otras determina el ritmo del texto, mientras que la organización interna de cada oración permite destacar la información que se quiere transmitir o parte de ella. En el caso específico de la traducción del alemán al castellano, para que una frase quede tan normal o rara como en el original hay que tomar la información y repartirla de un modo enteramente distinto, algo parecido a marcar las cartas, barajar y dar de nuevo.

Nicolás Gelormini nació en 1968 en Buenos Aires, Argentina. Es Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Desde 1999 se dedica a la traducción de literatura alemana. Entre otros autores, ha traducido a Johann Wolfgang Goethe, Andreas Maier, Thomas Mann, Katja Lange-Müller, E.T.A. Hoffmann. Su última publicación es “El aquelarre” de Ludwig Tieck.

Cecilia Pavón nació en 1973 en Mendoza, Argentina, y vive en Buenos Aires desde 1990. Coordina talleres de escritura y es traductora literaria del alemán y el inglés. Ha publicado “Un hotel con mi nombre” (poesía reunida, 2012), “Once Sur” (2013) “Los sueños no tienen copyright”(2010).


Tomado de: http://www.goethe.de/ins/cl/es/sao/kul/mag/fok/zei/13281786.html

jueves, 18 de septiembre de 2014

Traductora transparente, traductor de cristal


Queridos colegas:

Nos comparte Claudia Cabrera la invitación a un evento singular. Se trata de una iniciativa para celebrar el 30 de septiembre, Día Internacional del Traductor y cumpleaños de san Jerónimo, nuestro santo patrono. La idea de este evento es volver visible el trabajo del traductor de la manera más literal: viendo a colegas reconocidos traducir en vivo. Esto se va a hacer en varias ciudades del mundo simultáneamente el 30 de septiembre.

Nos dice al respecto Claudia: es una iniciativa que surgió en Alemania, la creó una organización llamada “Escenario de lectura mundial”, formada por traductores alemanes. Hacen un montón de eventos para difundir la labor del traductor y darle visibilidad. Esto del “Traductor transparente” se va a hacer sobre todo en ciudades alemanas y, en colaboración con el Goethe, en otras ciudades del mundo, siempre en sus bibliotecas. (Es decir que siempre es en la combinación alemán-otro idioma.) En Buenos Aires, por ejemplo, lo va a hacer Nicolás Gelormini, que conocí en Looren y es un chingón. Las ciudades donde se va a hacer son: Berlín, Düsseldorf, Flensburg, Fráncfort, Friburgo, Hamburgo, Heidelberg, Kiel, Colonia, Leipzig, Múnich, Niebüll, Zúrich, Ámsterdam, Bratislava, Buenos Aires, Estambul, Cairo, Kiev, Copenhague, Londres, D.F., Minsk, Nueva Delhi, Pekín, Roma, Sao Paulo, Estocolmo, Tel Aviv, Tiflis y Wellington.

Les copio las invitaciones a los eventos en México, D.F., donde va a traducir en vivo Claudia Cabrera, y en Buenos Aires, donde va a traducir en vivo Nicolás Gelormini. En la invitación de cada ciudad vienen los detalles de sede, obra traducida y traductor. Me parece curioso que en México el evento se llama "El traductor transparente", mientras que en Buenos Aires es "El traductor de cristal".

Entonces, si están en alguna de todas esas ciudades, acérquense al evento y vean en acción a su traductor estrella local: les aseguro que son criaturas encantadoras. Saludos,

Lucrecia


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México, D.F.

La traductora transparente invitada en el Goethe-Institut
Claudia Cabrera traducirá en vivo un pasaje del libro "Das Beil von Wandsbek" de Arnold Zweig
Idioma: Español/Alemán

Fecha: 30 de septiembre de 2014, 18:30 hrs.
Sede: Goethe-Institut Mexiko, Biblioteca
Tonalá 43, Col. Roma, 06700 México, D.F.
52 55 4445 4662
bibliothek@mexiko.goethe.org

Entrada libre

Descripción
La labor del traductor tiene lugar normalmente en un espacio que excluye al ámbito público. Con motivo de la celebración del Día de San Jerónimo, que se ha establecido como el Día Internacional de la Traducción, el 30 de septiembre de 2014, el público tendrá oportunidad de observar en vivo cómo trabaja la reconocida traductora Claudia Cabrera. Ella traducirá un pasaje del libro "Das Beil von Wandsbek" de Arnold Zweig. A través de la proyección del texto original y de la nueva traducción, el público podrá leer conjuntamente y seguir de manera directa algunas de las dificultades que se presentan en la traducción o incluso, ser de ayuda para encontrar algunas soluciones.

La obra
El hacha de Wandsbek de Arnold Zweig
El carnicero de la ciudad de Wandsbek, Albert Teetjen, está al borde de la ruina. Para salvar su existencia está dispuesto a reemplazar al verdugo enfermo de la prisión Fuhlsbüttel. Con su hacha ha de ejecutar a 4 prisioneros. El modesto bienestar que los Teetjen obtienen con el dinero de las ejecuciones durará únicamente hasta que los vecinos se enteren de la procedencia del dinero.

La traductora
Claudia Cabrera (n. 1970) traduce del alemán desde 1995. Entre otros autores ha traducido a Robert Musil, Franz Kafka, Monika Maron y Hansjörg Schertenleib. En el ámbito teatral, ha traducido obras de, entre otros, Roland Schimmelpfennig, Anja Hilling y Falk Richter. En 2010 la Casa de Traductores Looren (Suiza) le otorgó una beca-residencia para traducir la novela La orquesta de lluvia, del escritor Hansjörg Schertenleib. En la FIL 2011, con Alemania como país invitado, codirigió con Thomas Brovot el primer Taller de Traducción Literaria Español-Alemán. En 2013 ambos coordinaron el Taller de traductores español-alemán (con foco en Latinoamérica) en la Casa de Traductores Looren. En mayo de este año asistió al taller de traducción literaria alemán-español Wortschmiede, realizado en Buenos Aires y en junio participó en la residencia de traducción literaria (BILTC) organizada por el Centro Banff, en Canadá.

Tomado de: http://www.goethe.de/ins/mx/es/lp/ver.cfm?fuseaction=events.detail&event_id=20393109

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Buenos Aires

El traductor de cristal
Traducción en vivo

Martes 30 de septiembre de 2014 de 16 a 18 h
Biblioteca del Goethe-Institut. Av. Corrientes 343, Buenos Aires

Descripción
En el día del traductor, traductores de todo el mundo transparentan la intimidad de su trabajo en un evento colectivo que tiene lugar el mismo día en más de 30 países. En Buenos Aires, el reconocido traductor Nicolás Gelormini traduce en vivo y conversa con el público en la biblioteca del Goethe-Institut. El público verá proyectados el texto original y su respectiva traducción en curso y podrá así entrar en contacto directo con las reflexiones y dudas con las que se enfrenta el traductor, además de poder discutir sus decisiones.

Día Internacional de la Traducción (san Jerónimo). Martes 30 de septiembre de 2014 de 16 a 18 h en la biblioteca del Goethe-Institut. Av. Corrientes 343. Entrada libre y gratuita.

El traductor de cristal nos invita a conocer la intimidad de la labor del traductor, usualmente confinada a un espacio privado y aislada del contacto con el público. El reconocido traductor Nicolás Gelormini traducirá en vivo pasajes de la novela de Katja Petrowskaja Vielleicht Esther [“Quizás, Esther”, título de trabajo] y comentará el desarrollo de su trabajo: las dificultades que encuentra, las posibilidades que coteja, las elecciones que realiza. El público verá proyectados el texto original y su respectiva traducción en curso, y podrá ser partícipe de todo lo que hace el traductor: lo verá buscando en internet, consultando diccionarios digitales y online, barajando diferentes opciones de traducción, tomando decisiones o volviéndolas atrás. Así, los espectadores podrán entrar en contacto directo con las reflexiones y dudas con las que se enfrenta el traductor, además de comentar o discutir sus decisiones.

El traductor
Nicolás Gelormini nació en 1968. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Desde 2002 se dedica a la traducción de literatura alemana. Ha traducido, entre otros, a E.T.A. Hoffmann, Werner Schroeter, Michael Hagner, Andreas Maier y Katja Lange-Müller. Su última publicación es El aquelarre, de Ludwig Tieck, Losada, 2014.

La autora
Katja Petrowskaja nació en Kiev en 1970. Estudió Letras en Estonia y obtuvo un doctorado en Moscú. Desde 1999 vive en Berlín y trabaja como periodista para la prensa rusa y alemana. Desde 2011 es columnista del Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung. En 2013 obtuvo el Premio Ingeborg Bachmann por su novela Vielleicht Esther.

La obra
Vielleicht Esther está compuesta por los dispersos fragmentos de un mosaico familiar. La protagonista se entrega a la reconstrucción de una historia que va de Kiev a Mauthausen, y de Varsovia a Auschwitz; un camino en el que la acompañan sus parientes vivos y muertos, su abuela Rosa, su tía Lida y su bisabuela, cuyo nombre era, quizás, Esther.

Tomado de: http://www.goethe.de/ins/ar/es/bue/ver.cfm?fuseaction=events.detail&event_id=13226949

La foto de arriba está tomada de: http://newdeal.feri.org/library/h67.htm