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jueves, 22 de noviembre de 2018

Programa del XXII Congreso San Jerónimo


Queridos colegas:

En unos días comienza el XXII Congreso Internacional de Traducción e Interpretación San Jerónimo 2018, organizado como cada año por la Organización Mexicana de Traductores (OMT) en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. Este año, el Congreso San Jerónimo se centrará en el tema "La especialización, ¿futuro de la traducción?" y se llevará a cabo los días sábado 24 y domingo 25 de noviembre.

A continuación el programa, que también pueden consultar en este enlace:

Programa del Congreso San Jerónimo 2018

(Haga clic en cada título para más detalles).

Sábado, 24 de noviembre

Talleres previos al congreso (10:00 a 13:00)


Taller 2: La interpretación en los medios de comunicación a distancia, Tony Rosado, CompuSoluciones (Av. Mariano Otero 1105)  

Inicio del Congreso

CONFERENCIA PLENARIA INAUGURAL (16:30 a 17:20)




Guhl), 18:20-19:10, Salón E



Domingo, 25 de noviembre















CONFERENCIA PLENARIA DE CLAUSURA (18:00 a 19:00)
 

Talleres posteriores al congreso

Lunes, 26 de noviembre



Martes, 27 de noviembre






miércoles, 12 de septiembre de 2018

Traductora Transparente en Goethe-Institut México


Queridos colegas:

Les compartimos la excelente noticia de que este año nuevamente se llevará a cabo el evento Traductor Transparente para celebrar el Día de San Jerónimo, el Día Internacional del Traductor en el Goethe-Institut Mexiko.


¿Qué es un evento de Traductor(a) Transparente? 

El Traductor(a) Transparente es una presentación de traducción en vivo en la que un(a) traductor(a) literario permite observar su trabajo por encima del hombro, nos comparte de manera transparente sus reflexiones y pone a discusión sus decisiones de traducción. El público puede ver el texto de partida y todo lo que ocurre en la pantalla del traductor(a) – es decir, todo lo que escribe, las búsquedas que realiza en Internet y las obras de consulta digitales que revisa; así como si anota tres variantes una al lado de la otra o si coloca comentarios, interrogaciones y otras marcas en el texto. El traductor comenta su manera de proceder y en qué consisten los problemas a los que se va enfrentando – esto siempre de manera concreta según el texto que está tratando. Los espectadores pueden formular preguntas, proponer u objetar. Según la experiencia, la traducción transparente coexiste con un público ocasional al cual alcanza también – un público que en este caso tal vez es consciente por primera vez de que sus propias lecturas son traducciones, y experimenta de esa manera, en qué medida depende del traductor la estructuración de un texto importado a la propia lengua.

No se pierdan este evento que nos reunirá para acompañar a nuestra experta y emocionarnos juntos al presenciar ese acto de cuerda floja, traducir en tiempo y espacio real.

“El arte de traducir a Felicitas Hoppe”
Traductora transparente: Lorel Manzano 
Idioma: Español/Alemán
Fecha: 29 de septiembre de 2014, 17:00 hrs.
Sede: Goethe-Institut Mexiko, Biblioteca
Tonalá 43, Col. Roma, 06700 México, D.F.
52 55 52070487 
bibliothek-mexiko@goethe.de



miércoles, 30 de septiembre de 2015

¡Feliz día, colegas!


Como bien sabemos todos, hoy, 30 de septiembre, se celebra el Día Internacional de la Traducción y se conmemora el fallecimiento de Jerónimo de Estridón, traductor de la Biblia y santo patrono de los traductores. La celebración ha sido promovida por la Federación Internacional de Traductores, desde su creación en 1953, en un esfuerzo por impulsar la profesión y la comunicación entre culturas, y también para mostrar la solidaridad de la comunidad de traductores en todo el mundo.

Además de todas las celebraciones, congresos, eventos y lecturas que suelen llenar el calendario alrededor de estas fechas, hoy, en su día, el traductor se vuelve transparente durante un par de horas en el Goethe Institut. La idea de este evento, que se realiza en varias ciudades del mundo simultáneamente, es volver visible el trabajo del traductor, siempre tan invisible, de una manera sencilla y directa: viendo a colegas traducir en vivo.
 
En una nota de la revista de traducción El Trujamán, que apareció en mayo de este año, José Aníbal Campos describió así la experiencia de esta estimulante práctica durante la Feria Internacional de Fráncfort en 2006: "...decenas de colegas en todo el planeta se han prestado a la transmutación en cristal, han salido de sus habituales entornos abisales para mostrar ante un público —que todavía exhibía orgulloso los restos del bronceado veraniego— la superficie transparente que deja a la vista el complicado mecanismo de transvases y vertidos en ese laberinto de vasos comunicantes llamado «traducción». De Tel Aviv a Ciudad de México, de Hamburgo a Buenos Aires, hemos visto con satisfacción la buena asistencia de público a un acto tan poco habitual como premonitorio, quizá, de una nueva era en la valoración de este oficio literario."

Este año, en el Goethe Institut de la ciudad de México, Gonzalo Vélez será el traductor de cristal al traducir en vivo poemas de Kathrin Schmidt.  Buena forma de celebrar nuestro día.
Aquí más información

Imágenes:
*San Jerónimo de Estridón
** Evento El Traductor Transparente 2014 con Claudia Cabrera, Institut Goethe, México, DF.

viernes, 26 de junio de 2015

Errar y traducir

Hoy reproducimos este artículo que nos comparte César Ambriz y que apareció hace ya algunos meses en el especial de traducción de la Revista Síncope. Ojalá que lo disfruten y que les sirva de pausa y reflexión, especialmente si están ya en la obsesiva fase de revisión de algún texto.

Errar es humano, traducir también
por: Alejandro Merlín  




El sentido común dicta que la mala traducción sucede cuando el traductor dice algo que no expresa el texto original. Ojalá fuera tan fácil. Durante mucho tiempo el mayor de mis temores fue equivocarme al traducir. Nada menos que el significado de un texto, escrito por otra persona, es lo que está en juego. Con el tiempo, -y cuanto más pronto mejor- se aprende que aquello que puede entenderse como “error” es mucho más ambiguo y amplio de lo que uno imaginaría. A lo que yo llamaba error era algo muy simple en realidad: sencillamente decir lo contrario de lo que decía el texto que traducía. Sin embargo, entre “decir lo contrario” y “decir casi lo mismo” hay un tramo demasiado extenso. Sobre todo si tomamos en cuenta la mediación del traductor que desdobla la actividad de la escritura y establece una distancia, por pequeña que sea, entre su interpretación del texto, la forma en que lo expresa y la lectura del último lector, su manera de interpretar, ya no el texto original, sino la traducción que ejecuta el traductor.

Si queremos usar metáforas para la traducción yo me quedo con dos. Está el reflejo del espejo que a su vez refleja la imagen real, la pintura de la pintura ola segunda, una imagen más reciente, la fotocopia de la fotocopia de un libro. Es natural que en este proceso la falta de tinta, la poca visibilidad o algunas palabras que parecen otras, puedan considerarse como erratas, como lejanas e ilegibles. A veces la errata de traducción, para el traductor, puede estar en la comprensión del texto; otras veces, en la expresión que eligió para la comprensión de ese texto; algunas otras, las más inusitadas quizás, en la dificultad de sospechar la recepción que tendrá la traducción. De esa índole es una supuesta errata famosa. 

Suele señalarse que un error de traducción de San Jerónimo condenó a Moisés a tener cuernos en sus representaciones pictóricas durante varios siglos. Cuando escuché esta sentencia estuve de acuerdo. Claro, San Jeríónimo se equivocó, Moisés tenía cuernos y eso no tiene sentido. Años después, cuando adopté como remedio al insomnio la costumbre de leer la Biblia antes de dormir, llegué a la parte del Éxodo y me encontré con una nota al pie muy singular.1 Esta traducción de la Biblia, la de Jerusalén, que a mi parecer es una de las obras de traducción más importantes que se han hecho, dice: “Al bajar [Moisés] no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante, por haber hablado con Yahvé.” Ni siquiera hubiera recordado el famoso error de San Jerónimo si no hubiera sido por la nota que dice que el origen de estos versículos es dudoso, y que refieren una tradición del rostro de Moisés, expresada por el verbo qaram, derivado de qeren, “cuerno”, y que por eso la Vulgata de San Jerónimo expresa una traducción literal: Cornuta esset facies sua (“su rostro tenía cuernos”). Entonces, de no haber sido literal, no habría existido ese error. Resulta importante considerar que San Jerónimo tenía a la mano también los manuscritos en griego, pues conocía mejor el griego que el hebreo. En griego qaram dice dodicastai o dedocastai, que significa “glorificar”. Resulta entonces extraño que haya optado por dejar los cuernos.2
 
San Jerónimo se merece el beneficio de la duda, deberíamos pensar que quiso traducirlo así y no que simplemente se equivocó. Si eligió decir que Moisés bajó del Monte Sinaí con un rostro “cornado”, ¿qué quería decir? ¿Realmente quería que se pensara que eran cuernos como los de un carnero? La nota de esa edición agrega: “estos versículos utilizan esta tradición para describir a Moisés cuando bajó del monte”. A la tradición a la que se refieren es a una representación específica del hombre que ha sido inspirado o ungido por un Dios. San Jerónimo optó por lo que llama la traductología contemporánea una “traducción cultural”. Suponía que los lectores de su traducción iban a entender que descendió con cuernos en el sentido de que había sido iluminado, “glorificado” por la palabra de Yahvé, por eso su rostro “se había vuelto radiante”. Esta referencia cultural, esa intención, podía perderse y tergiversarse con el tiempo y entenderse, tarde o temprano, con otro sentido. Esta sospecha me hizo pensar en las dimensiones de lo que significa equivocarse al traducir. 

La Biblia es un paradigma de la historia de la traducción en nuestra cultura. No sólo implica las lenguas a las que ha sido traducida sino la cantidad y valor histórico de esas traducciones en cada lengua. No he conocido a nadie que ninguneé a otra persona intelectualmente por citar una traducción de la Biblia y no la versión original. Suele decirse: “Usted no puede hablar de Kant porque no sabe alemán”, como si haber estudiado alemán del siglo XXI fuera garantía de leer mejor a Kant. Claro, quien sepa alemán tiene más posibilidades de entenderlo mejor, pero es tanto como decir que sus traducciones en español no ayudan a conocer mejor sus textos. Casi como afirmar que traducir es imposible.

Lutero tradujo el Nuevo Testamento y, como a San Jerónimo, se le acusó de haber sido más que impreciso. De eso nos cuenta en su “Misiva sobre el arte de traducir”.3 Lutero a veces era una persona muy agresiva, quizá demasiado para ser cristiano. Vemos muchas de nuestras discusiones bizantinas descritas bajo su pluma. Jerónimo Emser lo cuestionó, entre otras cosas, sobre la traducción de una palabra del capítulo tercero de los Romanos de Pablo: “sostenemos que el hombre es justificado sin obras de la ley, sólo por la fe”. Al parecer Lutero agregó ese “sólo”, que en latín dice “sine”, que es restrictivo. Parece un énfasis que quiso hacer el traductor. Se le fueron encima porque estaba siendo interpretativo y porque justificaba ligeramente algunas de sus posturas telógicas. Me parece no sólo evidente que Lutero haya hecho eso sino hasta comprensible. Todos los traductores, de alguna manera, somos Lutero. Somos lectores atentos a un texto y asignamos un significado a lo que leemos. Lutero creía en la justificación por la fe porque conocía los textos bíblicos y pensaba que eso decían. Simplemente lo hizo un poco más explícito. Tampoco me parece un error de traducción. Lo que me gusta de la postura de Lutero, y hace que me caiga tan bien, es el gesto de justicia que se da a sí mismo, a todos los que practicamos este oficio, diciendo: “A nadie le está vedado realizar una traducción más perfecta.” Luego agrega un proverbio de la época: “el que edifica a la vera del camino tiene muchos maestros”. Traduces y de pronto todos saben más griego y latín que tú. 

Después de estas dos memorias de lector de la experiencia ajena, podría exponer algunos de los errores que he encontrado en distintas traducciones de literatura francesa que he encontrado en distintos libros, pero no es mi afán exhibir y con ello morderme la lengua. Hay errores que son ignorancia, claro que existe eso, pero otros me lo parecen simplemente por mi manera de entenderlos. Por ejemplo, muchas traducciones de Las flores del mal, en ese primer verso de cierto soneto que comienza Tu mettrais l’univers entier dans ta ruelle, traducen ruelle como “callejón” o “calleja”. Según mi lectura del marqués de Sade y de acuerdo al Dictionnaire analogique de la langue française. Le Grand Robert, ruelle, en este sentido, es el espacio que hay entre la cama y la pared en las habitaciones aristócratas de hasta el siglo XIX. De hecho, Le Robert consigna como ejemplo analógico de esta palabra con este significado este mismo verso de Baudelaire. Se trata de un matiz, pero importante. No es lo mismo decir que alguien “sería capaz de meter al universo entero a un callejón” que meterlo a la cama. De cualquier modo, es posible que los traductores lo supieran y hubieran preferido la otra palabra, la otra interpretación, el otro significado. O no. Quizás hicieron su traducción antes de que se publicara el diccionario del que hablo, quizá no sospecharon que podría tener otro sentido, quizá lo haya entendido igual Baudelaire. 

Como decía al principio, estas cuestiones sólo terminan por preocuparme y desmedrarme. Parece que cuanto uno más sabe, más duda al traducir y puede volverse más posible hacerlo, y a la vez, más imposible. Puede que, luego de decir esto, alguien se ponga a averiguar en qué me he equivocado. Para evitarle la fatiga le cuento que suelo confundir el verbo conjugado rêver (que es soñar) con la tercera persona del verbo revêtir (revestir), es decir, revêt, cuando tiene el sentido de “soñar con alguna idea” y “revestir alguna idea”. De hecho, sólo una vez me di cuenta de que había cometido ese error, gracias a mis alumnos. Afortunadamente mi traducción no había sido publicada y pude corregirlo. Luego creí que todo estaba mal, que todo lo había hecho mal, y que no tenía sentido seguirme dedicando a esto pero al revisar otra vez la traducción, cambié de opinión y simplemente culpé a mi miopía, no a mis facultades mentales. También, alguna vez confundí “psíquico” con “físico”. Por esa misma paranoia es que reviso todas las traducciones que hago. Entonces, quede dicho: el error en traducción debe angustiarnos lo suficiente como para corregir, pero no para decidir que no traduciremos nada. Al traducir hay una lucha constante por dar sentido, una lucha contra la resistencia que nos ofrece la lengua por traducir, ese otro código, y una contra la expresión de su sentido en nuestra lengua.

Sólo me queda agregar, como suelo hacer, algo más personal. Espero no tener que volver a escribir sobre la traducción, al menos, lo que queda de 2014. Desde hace más de un año he traducido casi todas los tardes y he tenido al menos un trabajo de traducción por ya más de cuatro años consecutivos. Hasta podría culpar a este oficio de una soledad involuntaria. Mi experiencia me dice que he ganado algo: un cansancio prematuro por aquellas discusiones sobre traducción que no son discusiones sobre cosas concretas. Con lo que me ha tocado en suerte traducir, que relativamente es poco pero es mucho, –que ha sido en general historia de la literatura– creo que me he curado de orgullo. 

1 Biblia de Jerusalén, Bilbao, Desclée de Brouwer, 1998, p. 114. Exódo, 34:29-30.
2 María Barbero, experta en filología alemana, en un artículo que es posible leer en internet, dedica una exposición erudita al respecto. Me ha parecido la más razonable, pese a ser un artículo de internet.
3 Lutero, Obras, Salamanca, trad. Téofanes Egido, Ed. Sígueme, 2001, pp. 306-318.

Artículo tomado de Revista Síncope
Imagen: "Moisés" de Miguel Ángel, insertada por Blog del Círculo de Traductores

jueves, 18 de septiembre de 2014

Traductora transparente, traductor de cristal


Queridos colegas:

Nos comparte Claudia Cabrera la invitación a un evento singular. Se trata de una iniciativa para celebrar el 30 de septiembre, Día Internacional del Traductor y cumpleaños de san Jerónimo, nuestro santo patrono. La idea de este evento es volver visible el trabajo del traductor de la manera más literal: viendo a colegas reconocidos traducir en vivo. Esto se va a hacer en varias ciudades del mundo simultáneamente el 30 de septiembre.

Nos dice al respecto Claudia: es una iniciativa que surgió en Alemania, la creó una organización llamada “Escenario de lectura mundial”, formada por traductores alemanes. Hacen un montón de eventos para difundir la labor del traductor y darle visibilidad. Esto del “Traductor transparente” se va a hacer sobre todo en ciudades alemanas y, en colaboración con el Goethe, en otras ciudades del mundo, siempre en sus bibliotecas. (Es decir que siempre es en la combinación alemán-otro idioma.) En Buenos Aires, por ejemplo, lo va a hacer Nicolás Gelormini, que conocí en Looren y es un chingón. Las ciudades donde se va a hacer son: Berlín, Düsseldorf, Flensburg, Fráncfort, Friburgo, Hamburgo, Heidelberg, Kiel, Colonia, Leipzig, Múnich, Niebüll, Zúrich, Ámsterdam, Bratislava, Buenos Aires, Estambul, Cairo, Kiev, Copenhague, Londres, D.F., Minsk, Nueva Delhi, Pekín, Roma, Sao Paulo, Estocolmo, Tel Aviv, Tiflis y Wellington.

Les copio las invitaciones a los eventos en México, D.F., donde va a traducir en vivo Claudia Cabrera, y en Buenos Aires, donde va a traducir en vivo Nicolás Gelormini. En la invitación de cada ciudad vienen los detalles de sede, obra traducida y traductor. Me parece curioso que en México el evento se llama "El traductor transparente", mientras que en Buenos Aires es "El traductor de cristal".

Entonces, si están en alguna de todas esas ciudades, acérquense al evento y vean en acción a su traductor estrella local: les aseguro que son criaturas encantadoras. Saludos,

Lucrecia


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México, D.F.

La traductora transparente invitada en el Goethe-Institut
Claudia Cabrera traducirá en vivo un pasaje del libro "Das Beil von Wandsbek" de Arnold Zweig
Idioma: Español/Alemán

Fecha: 30 de septiembre de 2014, 18:30 hrs.
Sede: Goethe-Institut Mexiko, Biblioteca
Tonalá 43, Col. Roma, 06700 México, D.F.
52 55 4445 4662
bibliothek@mexiko.goethe.org

Entrada libre

Descripción
La labor del traductor tiene lugar normalmente en un espacio que excluye al ámbito público. Con motivo de la celebración del Día de San Jerónimo, que se ha establecido como el Día Internacional de la Traducción, el 30 de septiembre de 2014, el público tendrá oportunidad de observar en vivo cómo trabaja la reconocida traductora Claudia Cabrera. Ella traducirá un pasaje del libro "Das Beil von Wandsbek" de Arnold Zweig. A través de la proyección del texto original y de la nueva traducción, el público podrá leer conjuntamente y seguir de manera directa algunas de las dificultades que se presentan en la traducción o incluso, ser de ayuda para encontrar algunas soluciones.

La obra
El hacha de Wandsbek de Arnold Zweig
El carnicero de la ciudad de Wandsbek, Albert Teetjen, está al borde de la ruina. Para salvar su existencia está dispuesto a reemplazar al verdugo enfermo de la prisión Fuhlsbüttel. Con su hacha ha de ejecutar a 4 prisioneros. El modesto bienestar que los Teetjen obtienen con el dinero de las ejecuciones durará únicamente hasta que los vecinos se enteren de la procedencia del dinero.

La traductora
Claudia Cabrera (n. 1970) traduce del alemán desde 1995. Entre otros autores ha traducido a Robert Musil, Franz Kafka, Monika Maron y Hansjörg Schertenleib. En el ámbito teatral, ha traducido obras de, entre otros, Roland Schimmelpfennig, Anja Hilling y Falk Richter. En 2010 la Casa de Traductores Looren (Suiza) le otorgó una beca-residencia para traducir la novela La orquesta de lluvia, del escritor Hansjörg Schertenleib. En la FIL 2011, con Alemania como país invitado, codirigió con Thomas Brovot el primer Taller de Traducción Literaria Español-Alemán. En 2013 ambos coordinaron el Taller de traductores español-alemán (con foco en Latinoamérica) en la Casa de Traductores Looren. En mayo de este año asistió al taller de traducción literaria alemán-español Wortschmiede, realizado en Buenos Aires y en junio participó en la residencia de traducción literaria (BILTC) organizada por el Centro Banff, en Canadá.

Tomado de: http://www.goethe.de/ins/mx/es/lp/ver.cfm?fuseaction=events.detail&event_id=20393109

******************
Buenos Aires

El traductor de cristal
Traducción en vivo

Martes 30 de septiembre de 2014 de 16 a 18 h
Biblioteca del Goethe-Institut. Av. Corrientes 343, Buenos Aires

Descripción
En el día del traductor, traductores de todo el mundo transparentan la intimidad de su trabajo en un evento colectivo que tiene lugar el mismo día en más de 30 países. En Buenos Aires, el reconocido traductor Nicolás Gelormini traduce en vivo y conversa con el público en la biblioteca del Goethe-Institut. El público verá proyectados el texto original y su respectiva traducción en curso y podrá así entrar en contacto directo con las reflexiones y dudas con las que se enfrenta el traductor, además de poder discutir sus decisiones.

Día Internacional de la Traducción (san Jerónimo). Martes 30 de septiembre de 2014 de 16 a 18 h en la biblioteca del Goethe-Institut. Av. Corrientes 343. Entrada libre y gratuita.

El traductor de cristal nos invita a conocer la intimidad de la labor del traductor, usualmente confinada a un espacio privado y aislada del contacto con el público. El reconocido traductor Nicolás Gelormini traducirá en vivo pasajes de la novela de Katja Petrowskaja Vielleicht Esther [“Quizás, Esther”, título de trabajo] y comentará el desarrollo de su trabajo: las dificultades que encuentra, las posibilidades que coteja, las elecciones que realiza. El público verá proyectados el texto original y su respectiva traducción en curso, y podrá ser partícipe de todo lo que hace el traductor: lo verá buscando en internet, consultando diccionarios digitales y online, barajando diferentes opciones de traducción, tomando decisiones o volviéndolas atrás. Así, los espectadores podrán entrar en contacto directo con las reflexiones y dudas con las que se enfrenta el traductor, además de comentar o discutir sus decisiones.

El traductor
Nicolás Gelormini nació en 1968. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Desde 2002 se dedica a la traducción de literatura alemana. Ha traducido, entre otros, a E.T.A. Hoffmann, Werner Schroeter, Michael Hagner, Andreas Maier y Katja Lange-Müller. Su última publicación es El aquelarre, de Ludwig Tieck, Losada, 2014.

La autora
Katja Petrowskaja nació en Kiev en 1970. Estudió Letras en Estonia y obtuvo un doctorado en Moscú. Desde 1999 vive en Berlín y trabaja como periodista para la prensa rusa y alemana. Desde 2011 es columnista del Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung. En 2013 obtuvo el Premio Ingeborg Bachmann por su novela Vielleicht Esther.

La obra
Vielleicht Esther está compuesta por los dispersos fragmentos de un mosaico familiar. La protagonista se entrega a la reconstrucción de una historia que va de Kiev a Mauthausen, y de Varsovia a Auschwitz; un camino en el que la acompañan sus parientes vivos y muertos, su abuela Rosa, su tía Lida y su bisabuela, cuyo nombre era, quizás, Esther.

Tomado de: http://www.goethe.de/ins/ar/es/bue/ver.cfm?fuseaction=events.detail&event_id=13226949

La foto de arriba está tomada de: http://newdeal.feri.org/library/h67.htm