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miércoles, 7 de junio de 2017

Testimonio del taller: Cómo proponer un proyecto de traducción

Queridos colegas,

Jorge Andrés Trinidad González, uno de los asistentes al taller "Cómo proponer un proyecto de traducción" impartido por Lucrecia Orensanz y César Ambriz el pasado mes de abril, nos comparte esta reseña sobre su experiencia durante aquellos cuatro días en Morelia. 


Testimonio del taller: 
Cómo proponer un proyecto de traducción


Cómo proponer un proyecto de traducción fue un curso-taller impartido del 17 al 20 de abril por Lucrecia Orensanz y César Ambriz. Entre las labores de la currícula de la reciente licenciatura en Literatura Intercultural, impartida en la UNAM Campus Morelia, mis compañeros y yo determinamos asistir al curso ya que abarcaba ejes claves de nuestra carrera en los que estamos interesados: el editorial y el de traducción. El tiempo en nuestras sesiones del taller se destinaron mitad a aspectos teóricos, mitad a la práctica y elaboración del proyecto. Lo mejor de todo es que el curso fue completamente gratuito y admitió a cualquier interesado en el tema con los conocimientos básicos de traducción.

Lucrecia Orensanz y César Ambriz
Durante el taller, los asistentes llenamos un portafolio que contenía lo necesario para presentar una propuesta de traducción a una editorial. Las sesiones del curso se dedicaron a analizar el proyecto que formulamos y explotar todas sus posibilidades. El objetivo: lograr obtener un apoyo económico o editorial para llevarlo a cabo. Lucrecia y César se encontraron siempre al tanto de nuestros portafolios y nos dieron recomendaciones desde su experiencia traductora.

Todo empieza con una fantasía traductora. Al menos así lo concebimos desde el primer día en el taller: hay que responder a la pregunta ¿qué nos gustaría traducir? Sobre ello, hay que fundamentar lo que sería un centro de gravedad: ¿qué es lo importante en nuestra traducción para fundamentar que debe ser publicada? ¿Qué elementos presentes en la obra mantendrá el traductor y por cuáles motivos? ¿Es el autor poco conocido en nuestro país?

En el segundo día, nos enfocamos al ámbito editorial. Analizamos “preguntas guía” que, al responderse e incluirse en el portafolios de nuestro proyecto, otorgarían información valiosa a las editoriales en donde presentaremos nuestro proyecto de traducción. Asimismo, nos enteramos tanto de posibles escenarios de traducción, como de las labores desde la concepción de un manuscrito hasta la producción del objeto-libro, la culminación del proyecto de traducción. Los asistentes al taller observamos algunos de estos producto finales de traducción, con motivo de pensar en la cristalización de nuestro proyecto: el campo editorial siempre puede ofrecer la mejor difusión para un trabajo de traducción al emparejar el volumen del contenido a publicar con el objeto-libro producido.

En nuestra tercera sesión, abarcamos los ámbitos legales de la traducción. Para aquellos que se inician en el oficio, saber acerca de los contratos, de la Ley Federal de Derecho de Autor y las regalías es indispensable para evitar abusos en el campo laboral. La información proporcionada en el taller resultó clara y concisa, y estoy casi seguro que ayudará en el medio profesional a más de uno.

Durante nuestra última sesión, nos enteramos acerca de los apoyos existentes para la traducción. Como cada proyecto tiene su propia convocatoria y favorece la posibilidad de cristalización de un manuscrito, cada traductor puede utilizar el apoyo que más le convenga: el que se acomode a las características de su proyecto. Repasamos durante este día a los actores que forman parte en la materialización de la traducción (editores, correctores de estilo, revisores, etc.). Al final del día, acordamos los idiomas y países de los que es recomendable realizar traducción en México.

La información proporcionada durante todo el taller resultó de mucha ayuda y mantiene en puerta la posibilidad futura de llevar a cabo nuestro proyecto hasta el formato de objeto-libro. Fue como si hubiéramos hecho un viaje por los lindes del medio profesional del oficio del traductor y sentirnos parte del mismo al ponernos al tanto de todas las minucias que ocurren en el campo editorial y la traducción en nuestro país. La trayectoria de César Ambriz y Lucrecia Orensanz complementaron opiniones respecto de los proyectos que trabajamos pues sus experiencias ofrecían diversos puntos de vista. Los apuntes del curso que nos otorgaron por correo electrónico son concisos y de mucha ayuda para el interesado en la traducción. Hay, de hecho, un mapa de los territorios de la traducción que esquematiza adecuadamente los campos que abarca el oficio y demuestra la infinidad de trabajo existente.

Caterina Camastra y Cecilia López Ridaura 
Más de algún asistente se planteará incorporarse al oficio profesionalmente, o en el caso de los asistentes que ya estuvieran en este, regresarán a él con nuevas herramientas para sus fantasías traductoras. Durante el curso, replanteamos la importancia del traductor y el editor, de los apoyos que existen, así como los elementos más importantes para la elaboración de un proyecto de traducción. El conocimiento del panorama actual, de apoyos existentes y de la producción editorial en México debería favorecer la existencia de más traductores, artífices importantísimos en el mundo cultural y en el intercambio de capitales simbólicos.

Agradecidísimo con Lucrecia Orensanz, César Ambriz, Caterina Camastra y Cecilia López Ridaura, quedo en espera de la noticia de que Círculo de Traductores lleve, en el futuro, este taller a distintos lugares de la República Mexicana para los interesados en sumarse al mundo profesional de la traducción.


Jorge Andrés Trinidad González

jueves, 6 de abril de 2017

El Círculo de Traductores en Morelia

Queridos colegas,

Nos da mucho gusto anunciarles que el taller "Cómo proponer un proyecto de traducción" del Círculo de Traductores será impartido en la ENES Morelia por Lucrecia Orensanz* y César Ambriz**.

Las sesiones se llevarán a cabo del lunes 17 al jueves 20 de abril de 16:30 a 19:30 hrs.

Caterina Camastra y Cecilia López-Ridaura, profesoras de la Licenciatura en Literatura Intercultural de dicha institución y amables artífices y coordinadoras de la invitación, nos comentan que el taller estará abierto al público, será gratuito y se otorgará constancia curricular. Así que, mejor, ¡imposible!





 *Lucrecia Orensanz es traductora independiente francés o inglés a español desde 1991 para diversas editoriales e instituciones. Cursó el ahora extinto Programa para la Formación de Traductores (PFT) del Colmex. Obtuvo la también extinta beca de Fomento a la Traducción Literaria del Fonca/Conaculta para traducir Conter lesrêves de Jean-Daniel Gollut (Aldus, 2009). Colaboró en De oficio, traductorPanorama de la traducción literaria en México (Bonilla Artigas, 2010). En 2016 fue becaria de Looren América Latina, con el proyecto Chroniques antérieures de Vicent La Soudière (Deleátur, en prensa). En el Círculo apoya las distintas áreas, el Concurso 1x1 y el Laboratorio permanente.



**César E. Ambriz Aguilar cursó la carrera en Lengua y Literaturas Hispánicas así como el Diplomado en Traducción de Textos Especializados, ambos en la UNAM. Sus lenguas de trabajo son inglés y español y trabaja traduciendo para el sector financiero y empresarial. También está interesado en la comprensión de lectura, la docencia, la edición y el periodismo cultural. Ha dado talleres de gestión de proyectos de traducción y ha publicado textos de crítica literaria en revistas en España y México. Tiene proyectos a mediano plazo de iniciar una editorial que publique principalmente obras literarias del inglés, así como un blog dedicado a traducir y comentar traducciones. En el Círculo se encarga de administrar la página de Facebook y colabora esporádicamente con el blog. 

jueves, 14 de enero de 2016

Controversia alrededor de una elección léxica

Queridos colegas:

Caterina Camastra, traductora al italiano de narrativa mexicana contemporánea, nos comparte un ejemplo de uno de los problemas fundamentales a los que nos enfrentamos los traductores: la elección de la palabra "más adecuada".

 
La calabacera de la discordia 
Caterina Camastra


“Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera?
Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte.”
Jonás 4:9 

Este diálogo tiene lugar entre Jonás y Yahvé. Jonás, acabadito de salir del vientre de la ballena y de quedar como charlatán en Nínive, cansado e irritado, se construye una choza en las afueras de la ciudad. Yahvé contribuye con un amparo del sol, una planta de las que se enredan y hacen techo. Jonás se alegra, mas Yahvé, a quien los arranques de buena onda nunca le suelen durar demasiado, decide mandar un gusano a devorar la planta. La versión oficial cuenta que lo hizo para enseñarle a Jonás una lección de piedad, sin renunciar, nótese, a la peculiar crueldad de estilo que es su sello de distinción. Y que diga Jonás que le fue bien, no pudo haber pasado de una insolación, finalmente. O si no, que le pregunte a Job qué tan mal puede llegar a irle a un hombre piadoso cuando a Yahvé se le ocurre involucrarle en uno de sus célebres caprichos. El caso es que Jonás sí se enoja y con cierta vehemencia, “hasta la muerte”, según contesta a la interpelación algo socarrona que se le dirige.

No soy ninguna erudita en temas bíblicos, cabe aclarar. Me tropecé con este versículo porque Alberto Chimal lo transcribe como epígrafe de su libro Grey, que yo traduje al italiano. Citas y epígrafes, sabemos, deben antes que nada buscarse en su fuente original, o bien en una traducción lo más canónica posible; con más razón, si se trata de textos sagrados. Al buscar, entonces, en la Biblia en italiano me encontré con lo siguiente: 
Dio disse a Giona: “Fai bene a irritarti così a causa del ricino?”. Egli rispose: “Sì, faccio bene a irritarmi così, fino a desiderare la morte”.
Amén de la falta de síntesis, ritmo y gracia del texto italiano frente al español, el problema más grande era perder la calabacera por el ricino. Calabacera suena a un mundo familiar de verduras y jícaras, con un curioso retintín de español ya un poco anticuado, como novela del XIX, como vals del Istmo: rima con friolera, 'cosa de poca monta, de poca importancia', comparte imagen con dar calabazas, 'decir que no'. Enojarse por una calabacera es al mismo tiempo ridículo y mortal, tal como narran los cuentos de Grey, dedicados a explorar las estrambóticas creencias de sectas religiosas fantásticas cuyo parecido con la realidad es totalmente intencional.

A lo mejor el ricino también hubiera podido sonar divertido, por aquello del aceite purgante; hubiera hasta podido ser cierto, avalado antes de la Biblia, desde la traducción del qiqi egipcio que Plinio propone en su Historia natural. Sin embargo, no me terminaba de convencer, tal vez porque con justa razón se puede uno enojar por el ricino (ocurriéndoseme tristes escenas italianas de fascista memoria); es decir, no me sonaba tan risueño y disparatado como enojarse por una calabacera. Hurgando un poco más en las diferentes traducciones bíblicas al español, esta calabacera resultó ser también mata de ricino, enredadera, planta frondosa o planta a secas. Y más: tal parece que el original hebreo, qiqayon, es un hápax legómenon, una ocurrencia solitaria; de ahí su dificultad de interpretación. Descubrí artículos, discusiones, sociedades eruditas enteras entregadas al estudio de la botánica en la Biblia, todo un universo de simpáticos chiflados, más que dignos de formar parte de las huestes sectarias de Grey. 

Las dificultades que tenía con mi epígrafe, me vine enterando, hacían eco de un problema de traducción de siglos. Y no se trata de una discusión cualquiera, sino nada menos que de una disputa escolástica como Dios manda, entre meros padres de la Iglesia. San Jerónimo, patrono de nosotros los traductores, entre finales del siglo IV y comienzos del V d.C. se dio la tarea de sistematizar y corregir la traducción de la Biblia al latín, integrando la versión que se conocerá como la Vulgata. Como buen traductor, y siendo que sabía hebreo, decidió remitirse a la fuente original, mientras que las traducciones latinas hasta ese momento se basaban en la versión griega, la Septuaginta. Entre otras intervenciones, san Jerónimo estimó oportuno cambiar la traducción de qiqayon y sustituir cucurbita, ‘calabacera’, por hedera, ‘hiedra’ o ‘enredadera’. Sus argumentos, basados en el análisis componencial y la sensata negociación, son maravillosamente modernos y le sonarán familiares a cualquier colega, amén de ser, como toda elección traductora, discutibles: 
En ese pasaje, donde la Septuaginta dice calabacera, y Aquila y los demás han optado por la palabra enredadera (kissos), el manuscrito hebreo usa ciceion, que significa, en el idioma actual de Siria, ciceia. Se trata de un tipo de arbusto de hoja anchas, como una vid, que cuando se siembra crece rápidamente hasta el tamaño de un pequeño árbol, que se sostiene solo, sin necesitar el soporte de palos o cañas como las calabazas y las enredaderas. Así que si yo, al traducir palabra por palabra, hubiera elegido ciceia, nadie hubiera sabido qué significa; si hubiera usado la palabra calabacera, habría agregado algo al texto hebreo. Así que me decidí por enredadera.
En todo esto, lo más interesante es que san Jerónimo esgrime tales argumentos en su correspondencia con otro santo y sabio, Agustín, quien le escribió alarmado por el botánico asunto. San Agustín sabía poco griego y de hebreo nada, pero eso era lo de menos. Resulta que se había enterado de que el obispo de Oea (la actual Trípoli) había tenido que enfrentar un tumulto de los fieles, escandalizados al oír algo diferente a lo que “era familiar a los sentidos y la memoria de todos los creyentes, y había sido cantado por tantas generaciones en la Iglesia”. Tal parece que los más sentidos fueron los griegos presentes, por aquello de la traición del kolokynthē de la Septuaginta. Parece también que, interpelados, los judíos locales confirmaron que sí, era calabacera y no hiedra. Para san Agustín, sin embargo, ni la naturaleza de la planta en cuestión, ni la competencia traductora de san Jerónimo finalmente importaban mucho: el peligro por conjurar era la introducción de cambios perturbadores en las reconfortantes letanías de la Fe. Como buen guardián de la Tradición, san Agustín estaba dispuesto a defenderla contra la traductología en ciernes, contra la peligrosa costumbre de la duda y la discusión, contra la misma verdad si fuera necesario. Más que una hiedra y una calabacera, aquí se enfrentan, ante los textos, el mundo, la vida misma, dos posturas epistemológicas irreconciliables. Está en juego nada menos que la friolera, o calabacera, del libre pensamiento crítico frente al sagrado deber de la conformidad y la obediencia.

Y sí, ¡cómo nos enojamos por las calabaceras! Cada uno por la suya, mucho, hasta la muerte. Se enojan los protagonistas de los cuentos de Grey, se enoja el buen Jonás, se enojan los fieles tripolitanos, se enoja san Agustín contra su buen amigo san Jerónimo. La disputa parece estar ya cifrada en el versículo, sustituyendo a Yahvé y Jonás por los dos santos varones: una de esas ocurrencias textuales que me hacen sentir un escalofrío de incomodidad y vacilar un momento en mi tranquilo ateísmo, considerando también que Alberto Chimal, cuando le conté toda esta historia, se mostró felizmente sorprendido; no la conocía. Tampoco sabía, para esto, que en su texto deambulaba otro hápax legómenon aparte de su destorcido personaje. Hay libros que logran asombrar hasta a sus autores.

En italiano, finalmente, opté por quedarme con la cucurbita en su variante de zucca da fiaschi, ‘calabaza para jícaras’, por razones que san Agustín, sin embargo, no hubiera aprobado: como dije en un principio, estaba preocupada por una traducción que mantuviera la irreverente gracia involuntaria del original, y para el caso me gustaron las connotaciones burlescas de ‘cabeza hueca’, ‘testarudez’ y ‘fracaso’ que en mi idioma se asocian a zucca y fiasco. Hasta san Jerónimo, mi patrono, pudiera tomársela como una ofrenda, como una barroca, irónica victoria.

Sobre la autora. Caterina Camastra (1976, Brescia, Italia). Diplomada en Traducción por la SSLMIT (Bolonia, Italia), licenciada en Idiomas por la Universidad de Westminster (Londres, Reino Unido), maestra en Literatura Mexicana por la Universidad Veracruzana, doctora en Letras por la UNAM, con estancias postdoctorales en la Universidad de Turín (Italia) y El Colegio de Michoacán. Sus principales intereses de investigación son el teatro en México en el siglo XVIII, la literatura tradicional y popular en el mundo hispánico, la traducción y la literatura comparada, las relaciones entre la cultura hispánica y la árabe-andalusí. Colabora como docente con la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Veracruzana. Es traductora al italiano de narrativa mexicana contemporánea (Hugo Hiriart, Verónica Murguía, Alberto Chimal, Alberto Ruy Sánchez, Sergio Galindo), principalmente para la editorial italiana independiente Bibliofabbrica, varias veces beneficiaria del programa Protrad del Fonca. Es autora de varios artículos en revistas académicas (La Palabra y el Hombre, Investigación Teatral, Contrapunto, Revista de Literaturas Populares, Boletín del Archivo General de la Nación) y colaboraciones en libros colectivos. También es autora de dos libros para niños (Ariles y más ariles. Los animales en el son jarocho, y Fiestas del agua. Sones y leyendas de Tixtla), publicados por la editorial El Naranjo y ganadores de diversos premios. Contacto: saeeda.bai@gmail.com

Imagen: “Jonás bajo la calabacera”, dominio público. Fuente: British Library Add 21160, f. 292v. Disponible aquí o acá.