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miércoles, 27 de junio de 2018

Traducir para renovar la literatura: entrevista a Juan Villoro

Queridos colegas:

Hoy les compartimos la entrevista que realizó Sarah Pollack a Juan Villoro acerca de su trabajo como traductor. La entrevista se publicó en la revista Letras Hispanas: Revista de Literatura y Cultura, editada por la Universidad Estatal de Texas.

Los hijos solitarios de un padre disperso: las traducciones de Juan Villoro

 En esta entrevista, llevada a cabo por correo electrónico, Villoro discute a profundidad su carrera como traductor, sus afiliaciones teóricas que van de Walter Benjamin a Borges y la manera en que la tradición puede renovarse a través de la traducción, aunque él mismo se considere apenas como un “escritor que a veces traduce”. Sus traducciones son por ello, 2 según las caracteriza el propio Villoro, los “hijos solitarios de un padre disperso”.

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Fotografía: Tania Victoria / Secretaría de Cultura CDMX
SP: ¿Te afilias a alguna teoría o visión crítica de la traducción en particular (Walter Benjamin, Umberto Eco, Borges, etc.)? 

JV: Hombre, has mencionado a autores esenciales, que me significan mucho cuando razono la traducción. Borges definió y puso en práctica una teoría de la traducción que juzgaba compatible para todo el campo del español; en este sentido, apelaba a una construcción que generara una ilusión de "neutraliadad". Es justo lo que trato de hacer y que se manifiesta de manera especial en El teniente Gustl. Benjamin y Eco han señalado que una buena traducción pone en juego las energías de la lengua de llegada; su cometido más alto es el de renovar la literatura a la que se incorpora. Me gustaría que esto fuera cierto de las traducciones que he hecho, más allá de los errores inevitables de quien, de vez en cuando, se deja ganar más por la imaginación que por la fidelidad. 


En este enlace pueden acceder a la entrevista completa:

http://gato-docs.its.txstate.edu/jcr:b6d797f1-d751-43bf-a8d6-8b902f250865/Entrevista_con_Juan_Villoro.pdf

sábado, 1 de noviembre de 2014

Todos nuestros muertos

Queridos colegas:

Los días de Muertos siempre me han parecido la época más festiva del calendario, pero este año están envueltos en horror y arbitrariedad. Brincos diéramos por que la atrocidad que ha llenado el último mes los titulares y las calles del mundo fuera algo excepcional, inusitado. En medio de tanta impotencia, nos comparte Isabel Vericat el siguiente artículo de Juan Villoro, aparecido el pasado 30 de octubre en El País. Rodeados de brutalidad, es difícil encontrar el sentido de trabajar minuciosamente con palabras, pero Villoro nos ayuda a recordar que ejercer dignamente nuestro oficio, luchar por mejores condiciones laborales, conocernos y apoyarnos cada día un poquito más, y buscar minuto a minuto las palabras exactas para crear textos hermosos y cumplidores, son todas maneras de plantarnos frente a los abusos de poder y de autoridad, desafiarlos con la cultura de la letra. Hablando con precisión, son chingaderas que tengamos que dedicar nuestra energía e inteligencia a defender cosas tan elementales como la vida, la libertad y la dignidad simplemente porque las autoridades están facultadas para hacer con nosotros lo que se les dé la gana. Ojalá las palabras de Villoro nos animen a buscar la manera y el momento de poner entre todos el acento que le falta a nuestro país y de devolverle al tiempo de Muertos el color y el regocijo que le son propios. Un abrazo,

Lucrecia


“Yo sé leer”: vida y muerte en Guerrero
 Juan Villoro
30 de octubre de 2014

En este territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis.
El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques
contrasta con la pobreza de la mayoría,
y el narcotráfico no es la principal
causa de su deterioro


El pasado 17 de octubre, el cadáver de Margarita Santizo fue velado en la calle Bucareli de la Ciudad de México, frente a la Secretaría de Gobernación. Así se cumplía la última voluntad de la difunta, que había buscado sin éxito a su hijo desaparecido. La escena sirve de alegoría para un país donde la política amenaza con transformarse en un rito funerario.

La espiral de violencia alcanzó un grado superior el 26 de septiembre con el asesinato de seis jóvenes y el secuestro posterior de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa. Ese día me encontraba en la Universidad Autónoma de Guerrero para dar una conferencia sobre José Revueltas. Mi anfitrión era un alto funcionario de la Universidad que en su juventud perteneció a la guerrilla de Lucio Cabañas.

Hablamos del escritor comunista tantas veces encarcelado por sus ideas. Esto permitió que el académico repasara su propia trayectoria: “Lucio Cabañas me salvó la vida”, comentó con una peculiar mezcla de admiración y tristeza: “Me obligó a bajar de la sierra antes de que mataran a su gente: ‘No tienes aspecto de campesino’, me dijo: ‘Si te encuentran acá, no podrás decir que andabas sembrando; tienes que continuar la lucha donde vales más: el salón de clases”.

La exigencia del guerrillero significó la pérdida de una ilusión. Al mismo tiempo, el solitario camino de regreso a la vida civil permitió que un luchador social siguiera con vida.

La gran paradoja del Estado de Guerrero es que ser maestro también es un oficio de alto riesgo. Cabañas nació en un pueblo que refutaba su nombre (El Porvenir) y se dedicó a la enseñanza primaria. Muy pronto descubrió que era imposible educar a niños que no podían comer. Al igual que otro maestro, Genaro Vázquez, creó un movimiento para mejorar la vida de sus alumnos y se topó con la cerrazón oficial. Con el tiempo, quienes enseñaban a leer radicalizaron sus métodos de lucha.

La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime discrepancias a balazos. En los años sesenta del siglo XX, dos terceras partes de los pobladores de Guerrero eran analfabetas. La Normal de Ayotzinapa surgió para mitigar ese rezago, pero no pudo ser ajena a males mayores: la desigualdad social, el poder de los caciques, la corrupción del gobierno local, la represión como única respuesta al descontento, la impunidad policiaca y la creciente injerencia del narcotráfico. Esas lacras no son ajenas a otras partes del país. La peculiaridad de Guerrero es que el oprobio ha sido continuamente impugnado por movimientos populares.

En México armado, libro fundamental para entender este conflicto, Laura Castellanos narra el tránsito de los maestros a la guerrilla. Genaro Vázquez fundó una Asociación Cívica que recibió el repudio de las autoridades y el mote despectivo de “Civicolocos”. Por su parte, Lucio Cabañas creó el Partido de los Pobres, pero no logró incidir en la política local. El Gobierno ofreció a los cabecillas dinero y puestos políticos (en Guerrero, suelen ser sinónimos). Los líderes rechazaron esa salida "negociada" y optaron por un camino sin retorno en la montaña.

La salvaje represión de la guerrilla se conoció con el redundante eufemismo de “guerra sucia”. Después de la muerte de Cabañas, hubo 173 desaparecidos. Castellanos cuenta la historia de la base aérea en Pie de la Cuesta, Acapulco, donde los aviones despegaban para arrojar disidentes al océano, inclemente recurso que también usarían las dictaduras de Chile y Argentina. En los años setenta, durante la presidencia de Luis Echeverría, México fue el país esquizoide que daba asilo a perseguidos políticos de Sudamérica y sepultaba a sus inconformes en altamar.

Hablábamos en Acapulco de José Revueltas y Lucio Cabañas cuando supimos que seis jóvenes habían sido asesinados en el municipio de Iguala. Esta noticia del infierno venía agravada por una certeza: el horror no era nuevo; llegaba de muy lejos. En Guerrero, la violencia ha sido sistemáticamente alimentada por las masacres cometidas por el ejército y grupos paramilitares. Luis Hernández Navarro, autor de un libro crucial sobre el tema (Hermanos en armas), señala que todos los movimientos insurgentes de la región han surgido después de matanzas (la de Iguala, en 1962, produjo el levantamiento de Genaro Vázquez; la de Atoyac en 1967, el de Lucio Cabañas; la de Aguas Blancas en 1995, el del Ejército Popular Revolucionario).

¿Cuál será el saldo de 2014? El narcotráfico ha ganado fuerza en la región con la presencia rotativa de los cárteles de La Familia, Nueva Generación, los Beltrán Leyva y Guerreros Unidos. Pero no es la principal causa del deterioro. En ese territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza extrema de la mayoría de la población. La indignante desigualdad social justifica el descontento y explica que muchos no encuentren mejor destino que sembrar marihuana o matar a sueldo.

En 2011, el Partido de la Revolución Democrática llevó a la gubernatura a Ángel Aguirre, que había pertenecido al PRI y fungido como gobernador interino en 1999, sustituyendo a su jefe, Rubén Figueroa, responsable de la matanza de Aguas Blancas. Su elección fue un giro oportunista para sumar intereses políticos con el engañoso mensaje de una alternancia en el poder. Como los barcos que utilizan la insignia de Panamá, el PRD se ha convertido en una entidad que alquila su bandera. En la búsqueda del poder por el poder mismo, apoyó a un personaje que jamás combatiría la corrupción ni la injusticia. Al amparo de esa gestión, surgieron figuras dignas de Los Soprano, como el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, también del PRD y hoy fugitivo. De manera inverosímil, la cúpula partidista respaldó a Aguirre después de la desaparición de los estudiantes. Sólo la presión social llevó a su renuncia, que en modo alguno mitiga el eclipse del “Partido del Sol”.

En la búsqueda de los normalistas desaparecidos se han encontrado fosas con otros muertos. De 2005 a la fecha han aparecido 38 criptas de ese tipo. Excavar la tierra en Guerrero es un inevitable acto forense.

Durante medio siglo, los abusos de las autoridades han sido repudiados por una población pobre pero politizada. La Escuela Normal representa un centro neurálgico de la discrepancia. Conviene recordar que en los años sesenta uno de sus activistas se llamaba Lucio Cabañas.

El 26 de septiembre hubo cuatro balaceras distintas y un solo blanco: los jóvenes. Con el apoyo del crimen organizado, el alcalde Abarca sembró el terror para amedrentar a los normalistas que se movilizaban para recordar a las víctimas de la matanza de Tlatelolco. Una vez desatado el mecanismo represivo, también fue acribillado un equipo de fútbol. ¿Su delito? Ser jóvenes; es decir, posibles rebeldes.

“Hay una tensión entre leer y la acción política”, escribe Ricardo Piglia. Interpretar el mundo puede llevar al deseo de transformarlo. En ocasiones, la letra, y la ortografía misma, son un gesto político que desafía un orden bárbaro: “Podríamos hablar de una lectura en situación de peligro. Son siempre situaciones de lectura extrema, fuera de lugar, en circunstancias de extravío, o donde acosa la amenaza de una destrucción. La lectura se opone a una vida hostil”, argumenta Piglia en El último lector.

El Che Guevara pasó su última noche en una escuela rural. Ya herido, contempló una frase en la pizarra y dijo a la maestra: “Le falta el acento”. La frase era “Yo sé leer”. Ya derrotado, el guerrillero volvía a otra forma de corregir la realidad.

Hace años, maestros acorralados por el Gobierno decidieron tomar las armas en Guerrero. Lucio Cabañas decidió salvar a uno de los suyos para que volviera a la enseñanza, instrumento de lucha en un país sin ley.

43 futuros maestros han desaparecido. La dimensión del drama se cifra en una frase que se opone a la impunidad, el oprobio y la injusticia: “Yo sé leer”. El México de las armas teme a quienes enseñan a leer.

A ese país le falta el acento. Llegará el momento de ponérselo.

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Ver también "El rencor vivo", nota publicada ayer 31 de octubre en Criterio Hidalgo y reproducida en Las tres y un cuarto. 
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Juan Villoro es escritor. Acaba de publicar ¿Hay vida en la Tierra? (Anagrama).


Tomado de: http://elpais.com/elpais/2014/10/24/opinion/1414176761_858161.html

lunes, 27 de octubre de 2014

Viajero en su casa: Sergio Pitol y Juan Villoro conversan sobre traducción

Sergio Pitol y Juan Villoro

 Colegas:

Hace poco me regaló Javier Sigüenza un libro encantador de Juan Villoro, llamado Los once de la tribu: crónicas de rock, futbol, arte y más... (Punto de lectura, 2005). Reproduzco la parte que hace referencia explícita a la traducción de "El viajero en su casa", una entrevista que le hizo Villoro a Pitol en 1990, a poco de su regreso a México tras muchos años de cumplir funciones diversas por todo el mundo. La parte en que habla de la influencia que Faulkner (y los traductores de Faulkner) en su obra me recordó una nota de Guillermo Piro que apareció hace poco sobre la influencia de Michaux en Cortázar. Saludos,

Lucrecia



El viajero en su casa
Juan Villoro entrevista a Sergio Pitol

[...]

--- La traducción ha sido para ti una actividad sostenida, desde tus días en Pekín hasta Defensa, la novela de Nabokov que acabas de traducir. Durante un tiempo sólo traducías del polaco, de hecho fuiste el introductor a nuestro idioma de Brandys, Gombrowicz, Andrejewski.

--- Sí, pero en una ocasión fui a Barcelona, a entregar mi traducción de Cosmos, de Gombrowicz, y me preguntaron si no podía traducir un libro de Basani porque estaban a punto de perder los derechos si el libro no aparecía. Lo hice, me pidieron otro, y así me quedé en Barcelona como traductor. En realidad, fuera de Gombrowicz, eran pocos los autores polacos que les interesaban, además la censura española era brutal, había muchas cosas de Andrejewski que no se podían publicar, entonces empecé a hacer algunas traducciones del italiano y muchas del inglés: Jane Austen (la primera traducción de Emma), mucho de Henry James, Conrad, Ford Madox Ford (El buen soldado sigue siendo mi traducción favorita). Algunas traducciones las disfruté muchísimo y otras me cayeron en los huevos; a veces un libro te causa otra impresión al ser traducido. Hace poco traduje a Firbank; había leído casi todo Firbank en otra época, hace veinte o veinticinco años, y escogí Las excentricidades del cardenal Pirelli como novela de entrada a la lengua española, pero ahora Firbank me parece muy fechado, mucho menos excéntrico, el tiempo le ha dado en la torre a muchos de sus efectos.

--- ¿Crees en las traducciones literales, que tienen defensores tan notables como Kundera o Nabokov?

--- No. Soy partidario de las libertades, de buscar ante todo la aproximación a la lengua a la que traduces, sin traicionar a la obra. Hay literalidades que destruyen todo el efecto estético y están mucho más lejos del original que una traducción libre. Lo decisivo es encontrar la respiración del autor y hacer sentir esa respiración en español. Yo me tomo muchas libertades, por ejemplo con los nombres de flores y de pájaros. Las novelas inglesas están llenas de centenares de flores y yo todas las vuelvo rosas, claveles, camelias, ¡cuando mucho rododendros!

--- ¿Qué enseñanzas te dejó la traducción para tu obra?

--- Una enseñanza enorme. En la época en que traduje verdaderamente como galeote fue cuando más aprendí ciertos aspectos de construcción de la novela, qué cosas tienen que contrastar con otras, cuáles tienen que distanciarse para crear determinado efecto...

--- El traductor tiene algo de médium, ¿no temes escribir desde otra voz, ajena a la tuya?

--- Nunca le he temido a las otras voces. Uno de mis primeros cuentos, "Victorio Ferri cuenta un cuento", le debe mucho a Faulkner y a Rulfo. Otro, tal vez el primero que escribí, "Amelia Otero", según yo era una transcripción textual de las conversaciones de mi abuela y mis tías en sus épocas de Huatusco, antes de la Revolución; creí detectar las distintas voces de las personas que contaban la historia de una mujer que había sido infiel, había matado a su amante y luego se había encerrado de por vida. Años después descubrí que era casi una calca, no de conversaciones de mi abuela, sino de aquel cuento excepcional de Faulkner... el de la mujer que se encierra...

--- "Una rosa para Emily".

--- Ése. En las cosas que escribo siempre se filtran otras cosas.

--- Algunas de ellas me asombran. Según tú, El tañido de una flauta le debe mucho a Eric Ambler. Creo que sólo tú lo notas.

--- Ciertos bloques de construcción provienen de Ambler; la composición en distintos escenarios a los que llega el narrador en su pesquisa. Son cimientos que no se ven; la obra negra de una novela toma elementos de todo lo que has leído, lo que has tenido frente a los ojos, lo que has oído.

--- Tu prosa tiene un fraseo muy largo, un tanto inusual, ¿crees que le debe algo a tu contacto con otras lenguas?

--- No lo sé. En todo caso le debe algo a los traductores de Faulkner.

--- Además de los idiomas extranjeros, durante tus muchos años en la diplomacia te enfrentaste  a otro idioma, el de los télex, los oficios, los discursos, un idioma de encubrimiento...

--- Un idioma que parece castellano, pero no lo es del todo.

--- ¿Cómo te libraste del español oficioso?

--- No lo sé de cierto, pero quizás fue esto lo que me hizo buscar ciertas formas paródicas. Si hubiera seguido escribiendo como en mis primeras novelas, los personajes habrían terminado escribiendo como oficios: "Y asimismo le ruego a usted, con el tacto y la discreción que lo caracteriza." Tuve que crear un lenguaje paralelo, paródico, para vencer el contagio. De un idioma muerto, rígido, alejado de la realidad, surgió el lenguaje desaforado de El desfile del amor y Domar a la divina garza. Ahora que no tengo que contestar télex ni que redactar oficios he vuelto a un lenguaje mucho más convencional. Tal vez sea una perdida, tal vez sea limitante estar lejos de los deleites del télex.

[...]


La foto de hasta arriba es de Celia Álvarez, tomada de una nota aparecida en 2013 en la Revista de la Universidad de México: http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=22&art=718&sec=Art%C3%ADculos

El cartón y la foto de abajo están tomados del artículo de José Homero, "Sergio Pitol: el revés del tiempo", publicado en La Jornada Semanal, donde aparecen sin créditos: http://www.jornada.unam.mx/2003/07/27/sem-pitol.html

martes, 27 de mayo de 2014

Fundadores de la novela: cuatro conferencias de Juan Villoro en El Colegio Nacional

Colegas:

Entre mayo y junio, Juan Villoro va a dictar cuatro conferencias que pueden ser de interés para muchos de ustedes. Además, se transmiten en línea, así que las pueden aprovechar quienes estén lejos o no puedan ir físicamente al Colegio Nacional.

Se trata del ciclo "Fundadores de la novela o cómo escribir un género que no existe", formado por los siguientes cuatro temas:

Jueves 29 de mayo
Cervantes: la novela fronteriza
(enlace para la transmisión en línea)

Martes 03 de junio
Defoe: la invención de la realidad
(enlace para la transmisión en línea)

Jueves 05 de junio
Goethe: narrar para conocer
(enlace para la transmisión en línea)

Martes 10 de junio
Gógol: el atrevimiento de reír
(enlace para la transmisión en línea)

Aquí abajo el volante escaneado, con más información: