domingo, 19 de junio de 2016

Otro testimonio de una residencia en Looren



Otro testimonio de una estancia en Looren, 2016
Lucrecia Orensanz

Queridos colegas:

Hace ya más de tres meses que regresé de la Casa de Traductores Looren, en Suiza, pero no me había reportado porque en cuanto desembarqué fui secuestrada por el peligroso cártel de Los Asuntos Pendientes, que me tuvo cautiva y sin ver la luz todo este tiempo. Gracias a las siempre eficientes y oportunas intervenciones de nuestras fuerzas del orden, fui liberada hace un par de días, con algunas magulladuras, pero lista para contarles las aventuras allá en el Viejo Mundo. La liberación ocurrió justo a tiempo, porque ya viene la charla del 21 de junio, 12 libros suizos recomendados para traducción, en la que se va a presentar la siguiente convocatoria de las Becas Looren América Latina, así que ojalá este testimonio sirva como invitación para que muchos de ustedes se animen a solicitar una residencia y el programa pueda prolongarse bastante tiempo más. Lo que anoto aquí se complementa con la información que pueden encontrar en el sitio web de Looren, con lo que nos contó en su entrevista Gabriela Stöckli, directora de la casa, y con las experiencias que narran otros residentes dentro de nuestra serie "Entre traductores te veas" (que se irán publicando poco a poco). 



1. ANTES

Aunque ha habido testimonios anteriores, como el de Pablo Ingberg y el de Florencia Martín, voy a platicar (un poco extensamente) mi experiencia porque cada una tiene sus peculiaridades. En primer lugar, para mí es difícil separar la residencia en sí del hecho de que fue mi primera vez en Europa. Esto no es sólo un asunto geográfico, sino psíquico, por decir, quizás un poco íntimo, pero tengo que despachar el asunto para poder pasar a lo que a ustedes les puede interesar más como futuros residentes. La cuestión es que cultivé durante mucho tiempo un gran orgullo por mi continente americano, sumado a bastantes reservas hacia el Viejo Mundo: una especie de orgullo paleolítico por el territorio físico y orgullo romántico y militante por América Latina (no importa que en los hechos reales mis antepasados hayan cruzado el Atlántico hace cien años y no el Estrecho de Bering hace quince mil). Se dio así por herencia familiar y circunstancias de vida, pero lo agradezco, pues me llevó a cruzar el charco a una edad avanzada y de la mano de mi oficio. Al dar el salto en estas condiciones, me parece que puedo establecer una relación madura y provechosa con esta otra parte del mundo. En mi caso, que es el de muchas colegas que son mamás, también es pertinente apuntar que nunca había buscado una estancia de traducción porque el minucioso frenesí cotidiano de hijos y trabajo me mantenía sujeta al día a día, pero en esta ocasión se combinaron favorablemente las condiciones muy propicias de la convocatoria de Looren, ciertos reacomodos familiares y la concreción oportuna de un contrato editorial, y ahora aquí estoy escribiendo un testimonio al respecto.


Empiezo entonces por dos requisitos que marca la convocatoria de las Becas Looren América Latina (la misma que se acaba de publicar para 2017): tener un contrato editorial por una traducción literaria (en ese momento tenía firmado con Deleátur un contrato para traducir Chroniques antérieures de Vincent La Soudière) y realizar algún tipo de esfuerzo en favor del gremio (me pareció que las actividades del Círculo cubrían esta parte). Además, para cuando salió la convocatoria, ya había comenzado a dar clases en el Diplomado de Traducción de Textos Especializados del DTI, la materia de Gestión de proyectos, en la que se toca el tema de las residencias para traductores, y esto fue el último empujón, pues me pareció lo más correcto predicar con el ejemplo. Narro todo esto porque me costó mucho trabajo decidirme a enviar la solicitud, y creo que varios (sobre todo varias) colegas han de estar en la misma situación. Cuando me comunicaron que me habían seleccionado, entré en pánico y pasmo; torpemente, ni siquiera compartí la buena nueva con colegas cercanos. Pero la beca se fue vinculando con otras circunstancias --la charla de Aníbal Campos en noviembre, las gestiones editoriales por el proyecto que iba a trabajar y los contactos con colegas en Europa, con cuyo apoyo esperaba apuntalar mi traducción-- y poco a poco todo fue entrando en su sitio. Vinieron meses frenéticos de preparativos: trámites, correspondencia, avisos, negociaciones, acuerdos familiares y vecinales para encargar hijos, casa y mascotas, gastos, gestiones y mil minucias. Para sorpresa de muchos, el inminente salto de continente provocó también un salto tecnológico: me hice de un teléfono con whatssap. Y de pronto ya era momento de cruzar el océano.


 2. DURANTE


La gente de Looren es en extremo ordenada y nos había enviado instrucciones precisas para llegar a la casa desde cualquier parte del universo, desde cualquier huso horario y a cualquier hora. Como tengo un don para perderme, me las ingenié para tomar un tren equivocado, pero mis esfuerzos no prosperaron porque allá en Suiza todo conspira a favor de que nadie se aparte de la senda correcta, así que acabé llegando a la Casa Looren el sábado 23 de enero casi a las 22 horas, con el paisaje cubierto de nieve. Me recibió Marco Rüegg, que viene siendo el mayordomo de la casa, o más bien su ángel de la guarda. Todos lo adoran, es inevitable. Algo lampareada, conocí esa misma noche a la italiana Margherita Carbonaro, un traductor esloveno que se iba al siguiente día y a los catalanes Dolors Udina y Toni Clapés, que estaban cenando. Todos en la gran cocina, el corazón de la casa. Luego conocí lo que sería mi cuarto durante cinco semanas, con su camita, su gran escritorio frente a la ventana y su ropero, todo perfectamente funcional y limpio. Y silencioso. Lo recuerdo y el silencio vuelve a zumbarme en los oídos.



Al paso de los días siguientes fui conociendo a más residentes, tanto del programa latinoamericano como europeos. En esta segunda emisión de Looren América Latina estuvimos tres mexicanas (Sonia Verjovsky, que traduce novela de inglés a español, Claudia Cabrera, que traduce de alemán a español, y yo, que llevaba un proyecto de francés a español) y una brasileña, Cláudia Mello Bellhasof, que traduce de inglés a portugués un género juvenil llamado novela paranormal, hasta entonces desconocido para mí (pueden ver las fichas y antecedentes penales de las cuatro en este enlace). A diferencia de los colegas europeos, que en su mayoría acuden regularmente a la casa (algunos reinciden año con año desde que se fundó hace una década) y que incluso han estado en otras residencias europeas (casi todos los países tienen, constituyen la red RECIT), para las latinoamericanas fue una novedad (salvo para la Claudia mexicana, que ya tenía amplia experiencia con residencias y talleres internacionales: Looren, Banff, Straalen, Buenos Aires, Guadalajara, etc.). Cuando nosotras llegamos, ya estaban ahí colegas como Margherita Carbonaro, que traduce novela de inglés a italiano, Dolors Udina, que traduce novela de inglés a catalán, Toni Clapés, que traduce poesía de francés a catalán, Mariya Georgieva, que traduce a Proust y otras obras literarias de francés a búlgaro, Özge Karlik, que traduce filosofía de alemán a turco, y Viktoria Popova, que traduce filosofía de alemán a búlgaro. Al paso de las semanas, a ellos los fueron remplazando otros colegas alemanes, ucranianos y un griego, Kriton Iliopoulos, que traduce novela de español y portugués a griego (poco a poco iremos subiendo las entrevistas con varios de ellos).


Normalmente, los europeos que van a Looren en distintos momentos del año buscan el encierro y el aislamiento propicios para trabajar intensamente. A tal efecto contribuyen tanto la disposición interna (una casa estudio hermosa, acogedora, completamente equipada y en perfecto funcionamiento) como la externa (su emplazamiento en la montaña de Heidi, algo lejos del diminuto poblado de Wernetshausen, a su vez apartado del pequeño poblado de Hinwil, a su vez a muchas estaciones de tren de Zürich). En el caso del programa Looren América Latina, se busca que además de trabajar sin distracciones, los traductores establezcan vínculos con colegas y con instancias suizas vinculadas con la producción editorial, como la fundación ProHelvetia. Pero al parecer, en esta segunda emisión introdujimos algunas irregularidades. Por una parte, según los comentarios de Marco y los residentes habituales, durante febrero de este año las latinoamericanas convertimos la casa en un sitio bastante más ruidoso y fiestero de lo que suele ser. Por otra, pedí permiso para hacer tres salidas a otros países, con el fin de visitar a colegas y personas relacionadas con los libros que estuve traduciendo, de modo que estuve bastante tiempo fuera (por ahora no voy a detallar esta parte). Esto fue atípico, pero incalculablemente provechoso, no sólo para mis proyectos personales, sino para el gremio (o eso espero), pues tanto en la casa como en las salidas entrevisté a colegas para nuestra serie de podcasts "Entre traductores te veas", que ya está empezando a aparecer en línea. Hablar con todas estas personas fue una de las partes más enriquecedoras e inspiradoras del viaje.


Como parte del programa que nos llevó a Looren, Gabi Stöckli nos agendó dos jornadas de reuniones muy interesantes en Zürich: una en ProHelvetia y otra en la Fundación James Joyce. En ProHelvetia, que es la fundación suiza para la promoción de la cultura (incluida literatura y traducciones), hablamos con Angelika Slavisberg, su directora, y con Anna Schlossbauer y Aurélia Maillard Despont, responsables de literatura italiana e infantil y juvenil, respectivamente, que nos compartieron material e información sobre posibles proyectos que se pueden emprender. Más adelante y de parte de ellas, Eva Stensrud nos amplió la información. De algún modo, este puente se concreta en la charla del 21 de junio. De estos encuentros me asombró la sencillez y horizontalidad de las personas que forman la institución, tanto en el momento de recibirnos ahí en las oficinas, como en los procedimientos establecidos para solicitar apoyos: por ejemplo, si un editor quiere pedir un apoyo a ProHelvetia, le escribe directamente a Angelika Slavisberg en cualquier momento del año e inicia las gestiones (todo esto está en la página de la organización, no es información privilegiada).



En la Fundación James Joyce tuvimos otra jornada intensa: un recorrido por la casa con su director, Fritz Senn, y una larga plática con el traductor alemán Ulrich Blumenbach sobre la situación gremial en Alemania, y de pilón pudimos asistir a una sesión de lectura del Ulysses de Joyce, que realiza semanalmente el profesor Fritz, y una sesión del taller de traducción mensual que dirige Ulrich Blumenbach, simplemente para observar cómo trabajan. Conocer la situación gremial de los traductores en Alemania (sus logros en cuanto a gestión con editoriales, reconocimiento pleno de derechos patrimoniales, incluso transición hacia pago complementario de regalías y encargo, mentoría para traductores novatos, premios de traducción y escenarios de lectura, entre otros mecanismos) fue muy importante y ojalá sirva para alimentar una asociación de traductores aquí en México.


Aparte de toda esta agitación local e internacional, la vida en la casa en sí es no sólo agradable, sino inspiradora. Esto ya se ha mencionado en testimonios previos. El que se trate de una "Casa" es muy atinado, congruente con cómo suele ser nuestro oficio: algo que realizamos en la casa. Entonces una estancia así es básicamente un cambio temporal de casa, un breve rato en una casa donde no tenemos que ocuparnos de toda la cotidianidad doméstica. Pero también es un cambio temporal de familia, pues desde la primera vez que te cruzas con los colegas en la cocina o que conoces a Marco o que bajas a la administración a arreglar algún asunto con Monica, Zorka, Florence o quien esté ahí, tienes la sensación de ser adoptado por una familia efímera pero inmediatamente entrañable. Y me parece que desde el primer instante, todos nos sumamos a perpetuar este ánimo para los que siguen.


Podría narrar muchos detalles (las cenas entre colegas, las anécdotas, los alrededores, las salidas, las minucias del trabajo realizado, los casos de choque cultural, etcétera), pero esto se volvería aún más kilométrico. Retomo más bien las preguntas con las que abre la convocatoria de las Becas Looren América Latina: ¿Traducir en un ambiente idílico y propicio para la concentración? Sí, definitivamente. ¿Intercambiar experiencias entre colegas en un contexto internacional? Sí, sobre todo esto en el caso del programa latinoamericano. ¿Consultar nuestra biblioteca especializada? Sí; casi no lo mencioné, pero las cinco bibliotecas de Looren (obras traducidas en la casa, literatura suiza, literatura mundial, obras sobre traducción, diccionarios especializados y otras obras de referencia), distribuidas por la casa, además de contener todo tipo de joyas, generan un entorno inspirador para el trabajo y el estudio. A esto se suman otros detalles, como que cada habitación lleve el nombre de un escritor suizo (a mí me tocó Charles Ferdinand Ramuz, de quien no tenía conocimiento hasta entonces) y aloje en sus libreros una selección de su obra, de modo que uno siempre está rodeado por una escenografía que contribuye a que se cumplan los objetivos del programa. Entonces sí, sin duda la Casa de Traductores Looren favorece la traducción literaria en múltiples aspectos, como dice la convocatoria.



3. DESPUÉS

Me advirtieron que caería en una depresión al regresar del primer mundo, pero en realidad volví con muchos ánimos de hacer cosas y compartir la experiencia. Claro, es posible que mi secuestro a manos de Los Asuntos Pendientes contribuyera a mantenerme alerta y sin posibilidad de deprimirme, pero tampoco creo que haya sido sólo eso. En resumen, diría que fue una experiencia inspiradora y revitalizante. En lo más inmediato, tuvo un efecto directo en mi proyecto; creo que después de los intercambios que permitió este viaje, la traducción de Crónicas anteriores es más madura y precisa. En otro nivel, creo que el viaje contribuye a fortalecer los canales de intercambio editorial entre México y Suiza, al haber ahora más conocimiento de causa para realizar iniciativas como el evento 12 libros suizos recomendados para traducción, en el que ojalá nos acompañen. Y más a largo plazo, espero que conocer las experiencias de otros colegas y otros países contribuya a la comunicación gremial entre nosotros en México y que podamos generar, sin perder el Círculo, esquemas gremiales de otro tipo, como una asociación, nuestra propia casa de traductores, más talleres internacionales y todo lo que llegue a concebir nuestra imaginación.



2 comentarios:

  1. ¡Qué bonito artículo! Durante la lectura he revivido los fantásticos días pasados en Looren con las colegas mexicanas. ¡Un abrazo, Lucrecia!

    ResponderEliminar
  2. ¡Gracias, Dolors!
    Y para seguir recordando, aquí el enlace a la entrevista contigo allá en Looren:
    http://circulodetraductores.blogspot.mx/2016/05/entre-traductores-te-veas-dolors-udina.html

    ResponderEliminar