miércoles, 4 de marzo de 2015

Testimonio de una estancia en Looren

Pablo Ingberg nos cuenta sobre su experiencia en la Casa de Traductores Looren, en Suiza. Su estancia fue parte de la primera emisión de un programa especial para latinoamericanos que se realizará en tres años consecutivos (2015, 2016 y 2017), aunque la casa recibe, todo el año, traductores de todo el mundo.

En septiembre del año pasado difundimos aquí la convocatoria de este programa y también publicamos previamente el testimonio de Florencia Martín sobre Looren, pero referente a otro programa especial, el programa ViveVersa para traductores alemán-español-alemán.

"Vladimir y Estragón" en Looren

Testimonio de una estancia en Looren
Pablo Ingberg

La Übersetzerhaus Looren (Casa de Traductores Looren), que está cumpliendo diez años de existencia este marzo de 2015, ha lanzado por tres años un programa de becas para traductores latinoamericanos  que traduzcan obras de cualquier lengua al castellano o portugués, en cuya primera convocatoria tuvimos la fortuna de ser seleccionados la chilena Pola Iriarte, el brasileño Guilherme da Silva Braga y el argentino suscrito. El programa se repetirá, entonces, en los próximos dos años, y ojalá se agreguen muchos más para beneficio de nuestros colegas.

Nos pagaron el pasaje y nos entregaron mil quinientos francos suizos (hoy más o menos equivalentes a la misma suma en euros) para nuestros gastos durante el mes de estadía: comida (se puede ir a comprar de todo en las cercanías para cocinarse en la cocina) y transporte (si uno tiene ganas de ir a Zúrich y aprovechar para hacer algunas otras excursiones por ahí). El nivel de gastos dependerá de las elecciones de cada uno, pero con un tercio de eso ya se la pasa bastante bien. A lo que hay que agregar que uno se postula para la beca con un contrato de traducción por el que recibirá honorarios en su país (en mi caso, una selección de cuentos de Edith Wharton). En suma, para un gremio tan maltratado económicamente como el nuestro, es una buena oportunidad también desde ese punto de vista.

La hermosa casa en sí está situada en una ladera a unos doscientos metros de la orilla de un pueblito llamado Wernetshausen (tiene más letras que habitantes, bromeaba yo), que está a unos dos kilómetros y medio de un pueblo algo mayor llamado Hinwil, que está a su vez a casi treinta kilómetros de Zúrich. O sea, un poco en medio de la nada, pero una nada bellísima y bastante a mano de mucho. Hay diez habitaciones y amplios espacios comunes (cocina muy equipada, comedor, inmensa sala de estar con ventanales y chimenea), todo con vistas imponentes a una cuesta leve llena de bosques y aldeas, con el Lago de Zúrich abajo y más aldeas y montañas al otro lado. Ocho de las habitaciones son individuales y dos son dobles, aunque en el mes en que yo estuve sólo los últimos diez días hubo una pareja de traductores en una de esas dos, mientras que el resto del tiempo fueron “suite presidencial” para quien las habitaba en soledad. Todas tienen algo de celda monacal con perfectas comodidades básicas: cama, armarios, heladera, escritorio y una vista imponente. Cada una tiene su baño privado al otro lado del pasillo central. Para ir a Zúrich hay que caminar diez minutos hasta la parada del bus en Wernetshausen, viajar cinco minutos a la estación de Hinwil y de allí a los diez o doce minutos otros veintitantos minutos en tren hasta Zúrich, en total un poco menos de una hora.

El trabajo que se haga en Looren depende de cada cual: nadie está detrás de nadie. Yo trabajé al mismo ritmo que en mi casa. Con la diferencia de que tenía frente a mí una vista fenomenal; de que mis caminatas podían ser por bosques y montañas de tarjeta postal y mis salidas podían ser a Zúrich o a las cataratas del Rin, y de que cada vez que iba a la cocina o algún otro espacio común por cualquier motivo me encontraba con algún colega residente y siempre surgían conversaciones de lo más enriquecedoras. Inusualmente, según los más experimentados en la casa, se dio con naturalidad que uno u otro propusiera cada noche cocinar para el resto, y que además lo hiciera muy bien, con lo cual cenábamos siempre juntos en grupos de entre cinco y diez traductores comidas distintas y a cuál más deliciosa. En todas esas situaciones se producían interesantísimos intercambios sobre las experiencias de traducción en distintos países, de distintas lenguas y a distintas lenguas.

Además, la directora de la casa, Gabriela Stöckli, nos organizó sendas reuniones en Zúrich con el representante en Suiza del Deutscher Übersetzerfonds (Fondo Alemán de Traducción ) y con la directora de la AdS (Autoras y Autores de Suiza , asociación que nuclea a los escritores y también a los traductores en tanto autores de traducciones sujetas a derechos de autor), donde intercambiamos sobre la situación de nuestros colegas en Suiza y Alemania y en nuestros respectivos países, y yo expuse sobre el proyecto de ley de traductores que estamos impulsando en Argentina. Personalmente, como traduje algunos libros de Joyce y espero traducir algunos otros, me resultaron muy provechosas las visitas que hice a la Zurich James Joyce Foundation, donde me recibió con mucha amabilidad su director, Fritz Senn, y asistí a una sesión de un grupo de lectura del Ulises.

En 1999 estuve en The Banff Centre for the Arts  como novelista, cuando no existía allí el actual programa de traductores, pero existía un programa para escritores conjunto con la hoy inexistente Fundación Antorchas de Argentina, que me pagó el pasaje de avión y me dio algo de efectivo para gastos, mientras que el Banff Centre se encargó de darme habitación para dormir, una cabaña en el bosque contiguo para trabajar y comida paga en el comedor. El programa actual para traductores , en cambio, no cubre el costo del viaje ni otros viáticos, sólo alojamiento, comida y lugar de trabajo. Es decir, hay que gastar dinero propio, y bastante si se va desde Argentina, para poder ir.  En Looren, en cambio, si uno es más o menos moderado con los gastos, no sólo los tiene todos cubiertos sino que hasta puede volverse con un restito en el bolsillo.

El Banff Centre es una especie de gran campus lleno de gente, entre ella artistas de diversas disciplinas que ofrecen conciertos, exposiciones, lecturas, funciones de teatro o danza, y con quienes se puede intercambiar en los amplios espacios comunes. Looren es una especie de monasterio de traductores, pequeño, tranquilo, bucólico en la medida en que puede serlo algo en Suiza, país donde no se puede caminar cien metros sin tropezar con alguna casa. Bellísimos son los dos lugares, Banff más agreste, Looren más intervenido por el hombre. En ambos tuve hermosas experiencias. Pero en las condiciones que ofrecen actualmente, el bolsillo hace una diferencia enorme entre uno y otro.

Este primer año la convocatoria para postularse a las becas Looren para traductores latinoamericanos  venció a mediados de noviembre del año anterior y el programa se desarrolló desde principios de enero hasta principios de febrero. Pero esa fecha de viaje inicial es temporada altísima para Sudamérica y los vuelos cuestan muy caros, de manera que en la próxima ocasión se desarrollará probablemente desde fines de enero. La época, en cualquier caso, es del invierno suizo en una zona montañosa algo rural. De todas maneras, me resultó mucho menos frío de lo que me temía. Hay que llevar una buena campera, chaqueta o como quieran llamarla, un buen calzado y una gorra, cosas que uno se saca con facilidad al entrar en cualquier parte, porque todas las temperaturas interiores son veraniegas. Y las exteriores, muy soportables: lo habitual en los días más fríos era entre -3º de mínima y 4º de máxima, más cerca de lo último que de lo primero. Vale la pena.


Pablo Ingberg (Buenos Aires), estudió literatura en la Universidad de Buenos Aires, y traduce del griego antiguo, del latín y del inglés. Editó una versión de las obras completas de William Shakespeare en español, y ha traducido obra de Walt Whitman, Virginia Woolf y Sófocles. Pablo está a cargo de la serie Griegos y latinos de la editorial Losada, da clases de traducción literaria y también es reconocido como poeta. Ha estado involucrado en la creación de una ley para la protección de los derechos de los traductores, que está en espera de aprobación en el parlamento argentino.  Durante su estancia en Looren tradujo al español cuentos de Edith Wharton.





Foto y biografía tomada de:
http://www.looren.net/1-2-News.html 
Fotos de Looren: Pablo Ingberg

1 comentario:

  1. Como próximo becario de la Übersetzerhaus Looren en 2019, tu informe me cae como anillo al dedo, Pablo. Me has respondido varias preguntas que me rondaban, como la de la comida y el vestido, aunque también tus comentarios sobre los alrededores me entusiasman bastante. ¡Gracias y un abrazo! Este año no pudimos vernos en las Jornadas en Bs As, pero ya la vida nos reunirá.

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