viernes, 6 de marzo de 2015

Con ustedes...(I)

Esta es la primera entrega sobre softwares de traducción a cargo de nuestro experto en el tema, Manuel Azgard. Para todos aquellos que pegan el grito en el cielo con sólo escuchar de ellos, y también para los que no.




Con ustedes... ¡MemoQ! (y otras herramientas)

por Manuel Azgard

Por lo general, cuando menciono los términos “software de traducción profesional”, varios compañeros, tanto lingüistas como de otras áreas profesionales, se remiten de inmediato a los “traductores” automáticos disponibles de manera gratuita en internet. En el mejor de los casos, piensan en los diccionarios, también gratuitos y en línea.

Por otra parte, hay quienes efectivamente conocen las llamadas “TAC” (o “CATs”, en inglés), que son programas de Traducción Asistida por Computadora, es decir, herramientas que ayudan al traductor, pero que dependen al cien por ciento de su trabajo. Sin embargo, quienes las usan en nuestro país, por lo general conocen una o dos como máximo... de las cuales, debo señalar, ninguna es mi preferida. Pero ese es tema de otra entrada en este blog. Por el momento, comencemos por hacer la distinción entre un “traductor” automático y una TAC.

Si me permiten el recurso discursivo, primero dejaré en claro qué no es una TAC. Un programa de traducción asistida no es uno de aquellos programas gratuitos que se autoproclaman “traductores” automáticos... que en realidad distan muchísimo de lo que nosotros, como profesionales, definiríamos como “traductor”. Estos programas son incapaces de reconocer contextos temáticos y minucias del idioma que un traductor profesional puede discernir fácilmente. En mi experiencia, son un desastre al momento de conjugar subjuntivos, obviamente no son capaces de redactar una misma idea en tonos formal, informal o amistoso, ni mucho menos adaptar el estilo, la redacción y la terminología a las necesidades de nuestro cliente o de nosotros mismos. En otras palabras, estos programas se asemejan más al “traditore” que al “traduttore”, en la paranomasia que ya todos conocemos.

Por el contrario, “en la esquina roja”, tenemos las TAC. . Este tipo de programas te permiten generar tantas “memorias de traducción” (o TMs, translation memories) y bases terminológicas (o TBs, term bases) como desees. Ambos elementos se van alimentando de tu trabajo, y en algunos casos, a lo más que llegan, es a proponerte términos que encuentran en la base de datos a la que cada una se conecta. Pero no “traducen” por ti.

Una TAC que definiría como “decente” es aquella que te permite trabajar en casi cualquier tipo de archivo, desde los .DOC / .DOCX que todos conocemos, hasta archivos más especializados, como .XML, entre otros. Asimismo, si tienes un proyecto altamente repetitivo, te ayuda a “poblar” los segmentos que ya tradujiste antes, siempre y cuando hayas alimentado tu memoria y la tengas activa en el proyecto. Y lo mejor de todo, si tienes en tus manos un XML saturado de código que no se traduce, en algunos casos ni siquiera te lo muestra, o bien, lo importa como tags o placeholders (“etiquetas”), así que no tendrás que “adivinar” qué texto se traduce y qué partes son código para el programador.

Un ejemplo de lo que hemos mencionado hasta aquí: un cliente te manda traducir su software, versión 1. Entonces, abres tu proyecto en la CAT de tu elección, generas una memoria y, si lo deseas, una base terminológica. Como es un trabajo urgente, te apresuras los próximos 14 días (¿unas 12 horas al día, quizá?) para traducir y revisar tu trabajo, y logras entregar a tiempo a tu cliente. Créanme, sin una TAC, esto te tomaría más horas al día y más de 14 días. Un año después, te envía a traducir la versión 2 del software. Es el mismo cliente, el mismo tema, solo con algunos cambios, así que requiere la mayor uniformidad posible con respecto a la versión original. Sin una TAC, lo más probable es que, o tengas que buscar los cambios “a mano”, o en el mejor de los casos, hacer una comparación en tu procesador de textos o con tu lector de PDF. En mi experiencia, una comparación de documentos PDF, dependiendo del lector de PDF que uses, puede tomar entre unos cuantos minutos hasta casi una hora. Después de esto, tendrías que ir viendo página por página qué te marcó como texto nuevo, texto repetido y texto borrado del nuevo documento. Suponiendo que, en el mejor de los casos, esta comparación y análisis “a mano” te tome una media hora, aún así, después de tantos meses, cabe la posibilidad de que hayas olvidado alguna que otra palabra (“¿Cómo puse tal término?” “¿Cómo quedó tal enunciado?”). Recuerda: ¡es el mismo software, así que la uniformidad es prioridad! En este escenario, agradecerás haber trabajado con tu programa de traducción profesional. Al abrir el nuevo proyecto, vinculas la base terminológica y la memoria que generaste para la versión 1; así te mostrará un buen número de repeticiones y “semi-repeticiones” (llamadas fuzzy matches o fuzzies). Voilà! Te quedan muchos menos segmentos por traducir y quizá algunos más por verificar (los fuzzies). Y tu nuevo mejor amigo informático también te mostrará las diferencias entre los segmentos que ya tiene en la memoria contra los que tienes en el nuevo documento. De este modo, la versión 2 del software que te pidieron, te tomó a lo sumo dos días de trabajo, quizá tres, en lugar de tomarte nuevamente 12-15 horas diarias por unos 18 días, y sin la certeza de haber mantenido completa uniformidad en estilo y terminología.

En estos programas, tú mismo defines si quieres que se vincule a una base terminológica “genérica”, que aplique una “traducción automática” con tu memoria y con el contenido de esa base. Claro, también puedes decirle “no te molestes, gracias, déjame a mí”. Así, solamente aprovecharás el contenido de tu memoria y tu base terminológica para ir poblando segmentos repetidos o fuzzies. También puedes consultar términos individuales en ambos componentes (TM y TB), y hasta modificar el contenido de ambos para ajustarte a las preferencias de tu cliente y así, en futuros proyectos, tendrás la versión más actualizada de la terminología.

Por último, la CAT que hayas elegido te dará la opción de exportar diferentes tipos de archivos. En lo personal, mi herramienta preferida es MemoQ. Es realmente fácil de entender, intuitivo y práctico. Digo que es fácil, porque en comparación con otras TAC, me tomó unos cuantos días dominar las funciones que más necesito, y quizá un par de semanas dominarlo a fondo. Digo que es intuitivo porque los comandos están donde tú creerías que están. Casi nada está oculto en recónditos menús y aún más recónditos submenús. Y en otra entrada, verán por qué afirmo que es práctico (un avance: soporta incluso archivos generados por otras TAC, además de que te permite exportar exactamente el tipo de archivo que quieres fácilmente).

En pocas palabras, MemoQ demanda muy poco esfuerzo para aprender sus características principales (y también resulta mucho más fácil entender las funciones avanzadas, en comparación con otras TAC más famosas). Este producto es desarrollado por la empresa húngara Kilgray, a un precio preferencial para América Latina: casi la mitad del que anuncian en su sitio web para profesionales individuales. MemoQ te permite generar un archivo final (en el formato original que te envió tu cliente) o archivos “intermedios”, entre los cuales destaca una tabla bilingüe, que muestra la lengua origen en la columna izquierda y tu traducción a la derecha.

En fin, quisiera despedir esta primera entrada retomando una idea central: el software de traducción profesional tiene enormes ventajas. Por una parte, la ayuda que te brinda al alimentarse de tus traducciones y permitirte consultar esas memorias. Por otra, el tiempo que te ahorra si tienes documentos de temas similares con contenidos similares (el ejemplo del software que mencionaba anteriormente es un caso que me sucedió a mí: la segunda y siguientes versiones me tomaron 2 o 3 días de trabajo, unas 6-8 horas por día, en lugar de 12-15 horas por 18 días). Además, su uso se está volviendo un requisito cada vez más solicitado para trabajar con numerosas agencias de traducción e incluso cada vez más clientes finales. Es por ello que surgió esta iniciativa con el Círculo de traductores... estén pendientes, próximamente tendremos más información sobre este tema (en especial referente a MemoQ).



Manuel Azgard Contreras (México) traductor profesional con 10 años de experiencia en traducción “no literaria” y 3 en traducción literaria. Por un lado, se ha especializado en las áreas jurídica, médica, corporativa y técnica. Y por el otro, tiene experiencia principalmente en la traducción de comics y novelas gráficas. Egresó del Centro Universitario Angloamericano en 2004, donde estudió la licenciatura en lenguas y la especialidad en traducción e interpretación. Ha tomado cursos y talleres, especialmente en traducción literaria y jurídica, además de asistir a presentaciones y demostraciones de diversas herramientas de traducción.

 




2 comentarios:

  1. ¿Para cuándo el curso de MemoQ, Manolo?

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    1. Estamos platicando en el círculo de traductores para definir fechas. A mediados de abril o inicios de mayo seguramente habrá algo. En cuanto tengamos sedes y horarios exactos, lo comunicaremos por aquí (y seguramente por el face, etc.)

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