domingo, 23 de febrero de 2014

Se presenta la traducción de José Miguel Barajas del Igitur de Mallarmé


Los invitamos a la presentación de


IGITUR

de

Stéphane Mallarmé

Traducción de
José Miguel Barajas


jueves, 27 de febrero, 19:00 hrs.


Casa del Poeta, Café-Bar Las Hormigas
Álvaro Obregón 73, Colonia Roma, México, D.F.


con

Tedi López Mills

Adolfo Echeverría

José Miguel Barajas






Traducción de José Miguel Barajas
Paréntesis de Tedi López Mills
Ilustraciones de Fulvio Testa
AUIEO Ediciones, 2013
Edición bilingüe. 112 páginas
ISBN 978-607-7974-18-5















Una nueva traducción de la obra “homeopática” de Mallarmé, que había de curarlo de la Impotencia: “Si el cuento está hecho, yo estoy sanado: similia similibus”. Cuento, poema en prosa, drama… pero, sobre todo, vestigio de una ética y poética de la creación, Igitur acompañaría a Mallarmé como un espectro apuntador en su búsqueda del Libro, “persuadido de que en el fondo no hay más que uno, el que todos los que han escrito han intentado sin saberlo, incluidos los Genios. La explicación órfica de la Tierra, que constituye el único deber del poeta, y el juego literario por excelencia.”



 






dado1.jpg“Este cuento se dirige a la Inteligencia del lector que pone las cosas en escena, por sí misma” advierte la epígrafe: cuento, Inteligencia, lector, escena: son pistas que conducen hacia el nombre del protagonista, Igitur, es decir ergo, acuerdo y motivo de palabras, principio y figura del sentido.  



El manuscrito de Igitur consta de 48 hojas, ordenadas y numeradas por el Dr. Edmond Bonniot, yerno del poeta. Su versión fue publicada por Gallimard en las Éditions de la Nouvelle Revue Française en 1925, misma que se encuentra en las Œuvres complètes de Mallarmé, curadas por Hernri Mondor y G. Jean-Aubry para la Bibliothèque de La Pléiade en 1945. En el texto fijado por Bonniot se basa la presente traducción.


dado2.jpg


 Edmond Bonniot

Prefacio
a partir de documentos inéditos

Fue, creo, en 1900. Admitido, estando sólo todavía comprometido, por mi lamentada desaparecida, en el honor impregnado de confianza de analizar con ella una pila de notas, caducas luego de haber servido a obras anteriores (Mallarmé, lo sabemos, tenía la costumbre de lanzar las primeras ideas, los primeros lineamientos de su trabajo sobre octavos de media hoja de papel escolar) –notas apretadas en grandes cajas de té de China, de madera, tuve la satisfacción de descubrir entre ellas un cuaderno más grande, de aspecto más importante: estaba formado por un cierto número de medias hojas plegadas en dos, encerradas en una de ellas como cobertura, sobre la que leí:

Igitur. Desecho
La Locura de Elbehnon

Conocía por Mallarmé mismo quien de ello había hablado un Martes, la existencia¿había ocurrido? de este poema en el que había trabajado durante su juventud. Obtuve de su hija, sin pena, que se conservara el precioso cuaderno. […] 
Más tarde con entusiasmo me uní, con una alegría de explorador prudente, no a descifrar, sino a desbrozar un manuscrito muy frondoso, del que sin embargo creo haber comprendido el hilo conductor. […]


                     

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