miércoles, 7 de noviembre de 2012

In memoriam

Hace un año ya que no anda por aquí Tomás Segovia. Como lo extrañamos, lo vamos a invocar con sus propias palabras: una conferencia que presentó en mayo de 2008 con el título "El oficio del traductor", en la clausura del IV Congreso "El español, lengua de traducción" (de la serie de congresos Esletra del Instituto Cervantes). Tomada de: http://cvc.cervantes.es/lengua/esletra/esletra_04.htm


“El oficio del traductor”
Tomás Segovia
Traductor

Soy un traductor literario, de humanidades, un traductor universitario. En estas palabras de clausura voy a hablar desde ese punto de vista, no sin antes decir que me ha gustado mucho lo que ha pasado en este congreso, porque pocas veces he visto abordar la traducción principalmente desde el punto de vista de la solidaridad, de la utilidad humana de la traducción. Eso, además, implica pensar la traducción como una práctica; y yo siempre he pensado que la traducción es un oficio, ni siquiera una profesión, sino más bien un oficio; y no un conocimiento, sino un saber. De eso voy a hablar, de la traducción como un oficio.

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A lo largo de los años, he visto cómo se ha ido profesionalizando cada vez más la traducción. En este congreso hemos visto abundantes ejemplos de ello. Es inevitable que se profesionalice viendo las cifras que nos han mencionado hace un momento con gráficas que crecen vertiginosamente. Sin embargo, un traductor como yo no deja de sentir cierta nostalgia de que el oficio se vuelva profesión, porque ya no se trata de lo mismo: un oficio es algo de lo que no se puede hacer disciplina académica, por un lado, y una cosa que escapa hasta donde se puede al Estado, a las autoridades, al poder, por otro.

Todavía en Grecia la medicina era un oficio; un médico era aquella persona que la gente creía que era médico, que la gente pensaba que tenía ciertas facultades especiales y acudían a él para curarse. Hoy en día, un médico es un señor al que el Estado autoriza para curar; hoy en día los médicos ya no podrían ser esas personas que la gente cree que curan. Existen, pero se llaman curanderos, con toda clase de farsantes, de engaños. ¿Qué es lo que se trata de controlar, profesionalizando un oficio? La filosofía también era un oficio en Grecia. Por supuesto que a nadie se le ocurriría decir que, vistos con los criterios de hoy, Platón y Aristóteles eran charlatanes —como ellos mismos decían de los sofistas—, pero también ellos eran charlatanes porque no podían ostentar un título. Esos oficios se van profesionalizando, pero incluso en el caso de la medicina, de vez en cuando, tenemos nostalgia de cuando era un oficio; de vez en cuando, añoramos al médico de cabecera, añoramos al médico interesado. Incluso hay slogans en la profesión médica de que el médico debe pensar en el paciente y no en la categoría de la enfermedad, es decir, que debe tratar de rescatar una relación directa con el paciente, una relación artesanal con el paciente.

Para un traductor como yo, esa profesionalización acarrea algunas pérdidas. Es decir, cuando no es el público el que decide quién es un buen traductor, sino que es la Academia —o sea, el Estado, uno de los brazos del Estado— quien decide quién es buen traductor, esto se controla mejor, pero en el buen y en el mal sentido de la palabra. Inmediatamente acarrea burocratización, peligro de politización y grave peligro de manipulación, por supuesto. De modo que aquí ya interviene el poder. Desde el momento en que se trata de una profesión regulada, hay jerarquías, y se producen luchas por esas jerarquías: luchas de poder.

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Para hablar de la traducción como un oficio, yo había pensado abordarlo mediante un concepto que no ha aparecido en estas discusiones con su nombre, pero sí ha aparecido. Cuando se ha hablado de solidaridad y de usos sociales de la traducción, casi siempre se ha mencionado a la vez la calidad y se ha hablado de que la calidad no está peleada con el compromiso, entre otras cosas. Ahora bien, a la calidad se une un concepto, que es el de corrección, y creo que no se ha hablado de eso, aunque me parece que, para la traducción como oficio, se trata de un concepto pertinente y que, además, nos puede introducir en varios aspectos de la traducción, incluso en aspectos jurídicos porque, cuando un traductor termina su traducción, con lo primero que se va a topar es con un corrector.

Hasta hace poco, los editores solían tener correctores, y solía suceder que el corrector era un profesional mientras que el traductor era muchas veces un artesano. El traductor ejercía un oficio, y luego venía el corrector a ejercer una profesión. Es decir, muchas veces el corrector era un empleado fijo de la editorial, mientras que el traductor era un señor que a menudo hacía muchas otras cosas y, de vez en cuando, traducía un libro porque era muy difícil vivir solamente de traducir libros. Incluso los traductores que traducían para instituciones, como la mayoría de los organizadores de este congreso, tenían que pasar por un corrector. Además, acabamos de oír que eso está en vías de convertirse no en una práctica sino en una «normatividad», es decir, está a punto de burocratizarse. Por tanto, lo primero con que uno se encuentra es con un corrector. Ahora bien, ese corrector, ¿qué estatuto jurídico tiene? Si la traducción es eso que llaman una «propiedad intelectual», concepto contra el que yo he escrito varios artículos porque me parece que es un derecho y que llamarlo propiedad no solo confunde muchísimo las cosas sino que acarrea tremendos problemas de todo tipo —incluidos problemas de viudas, ya que se han mencionado antes las cartas de Octavio Paz; de propietarios intelectuales, en fin, de propietarios heredados—, debido a la idea de que eso es una propiedad. En todo caso, si le llaman propiedad —a mi modo de ver impropiamente—, si le llaman propiedad, ¿cómo es que hay un corrector?

Al autor de un libro, no solo según las leyes sino según las normas, un editor no se atreve a corregirle sin pedirle permiso, no manda una novela de García Márquez a un corrector, por ejemplo. Y si acaso algún corrector hace alguna corrección, le piden permiso al autor, pero a un traductor le mete mano todo el mundo y eso no es ilegal. Yo creo que sí. En México, por ejemplo, a mí me ha sucedido (yo he traducido casi siempre para México, claro, muy poco para editoriales españolas). Y me ha sucedido incluso que publiquen una traducción mía sin avisarme, con mi nombre y el del corrector, como traductores: «traducción de Tomás Segovia y fulano de tal», y eso sin haberme dicho nada. Supongo que el corrector ha cambiado mi texto, y a veces se producen cosas graves, como cambiar la terminología, lo que me ha sucedido también con alguna traducción.

Eso muestra que ese estatuto del traductor igualado con el del autor — bueno, un escalón más abajo, pero en el sentido de tener derechos de autor ¿no?, propiedad intelectual—, en muchos países no se cumple. En México casi nunca se cumple, a pesar de que México está en la Unesco, y por lo tanto ha suscrito esas declaraciones que son de las Naciones Unidas; pero no se cumplen, no se pagan regalías a los traductores. Se paga «a tanto alzado», como dicen ellos, a tanto la página y se acabó. Por ejemplo, esa traducción que tanto indignaba a Octavio Paz, mi traducción de Lacan, lleva treinta y tantas ediciones, y nunca me han pagado una sola regalía. Son problemas legales de la traducción, problemas laborales, a los cuales se asoma uno al pensar en el concepto de corrección. Aparte también existen otros aspectos lingüísticos, de corrección.

¿Qué es la corrección? ¿Cómo corrige un corrector? A mí a veces me gusta llamarlo, a ese empleado que tiene la editorial para revisar lo que yo he traducido, me gusta llamarlo «corruptor de estilo», porque muchas veces es un corruptor de estilo. Porque ¿qué es la corrección? Existe una tendencia moderna, defendida por gente lúcida sobre estas cuestiones, en el sentido de que no hay corrección; la lengua es un fenómeno histórico, social, evoluciona, cambia. La corrección es siempre un prejuicio, es purismo; a veces incluso se describe como un autoritarismo con algún trasfondo político, de clases, de poder, de dominio. Y en efecto, algo hay de eso.

No cabe duda de que corregir es un acto más o menos autoritario que implica jerarquías de autoridad y de hegemonía, pero a mi modo de ver la corrección también es otra cosa; no se trata solo de un criterio académico, de unas normas o reglas que unos cuantos señores deciden más o menos arbitrariamente o más o menos autoritariamente. Yo diría que es al revés: la corrección, como norma, es más bien antiacadémica, o por lo menos no es necesariamente académica, más bien la academia tiende a convertir las normas en reglas. No sé si se entiende el matiz; es una noción más bien lingüística la que estoy usando, no necesariamente ortodoxa. La noción de norma a mí me ha interesado mucho, entre otras cosas, porque tengo un muy buen amigo que vosotros conocéis muy bien, Luis Fernando Lara, que ha meditado mucho sobre la norma.

Un teórico poco conocido, que ya murió hace tiempo, el hispanista alemán Klaus Heger, elaboró una cuestión sobre la norma que a mí me parece convincente y es que la norma no implica una jerarquía de los hablantes como seres sociales, independientemente de la lengua, sino que la norma proviene de la lengua misma, o sea que proviene de los hablantes pero como hablantes, no como ciudadanos. Dicho de otro modo, lo que Heger propone es que el ejercicio de una lengua, la práctica de una lengua tiene implícitamente unos ideales; ideales no en el sentido de idealización, sino unos ideales en el sentido de lo que la cursilería moderna llamaría «imaginario», un imaginario de la lengua. Que en la práctica de la lengua existe un modelo implícito, inconsciente, que puede hacerse consciente pero que no es necesariamente consciente. Eso es lo que implica el simple latiguillo archifrecuente en toda lengua hablada: «mejor dicho»; dices algo, y dices «mejor dicho». Si hay una manera de «decir mejor» es que hay un modelo de mejor y peor dicho, hay un mejor y peor dicho. Y eso no porque lo decidan o no los académicos, sino porque el hablante tiene un cartabón inconsciente de lo que está mejor dicho y de lo que está peor dicho.

Si todo esto se objetiva, se puede volver inmediatamente autoritario y se puede volver purismo. Cuando yo hablaba de esto a unos señores a los que llamábamos «alumnos de traducción» —como si se pudiera dar un curso de traducción, que yo creo que no se puede, pero los he dado porque no había más remedio que darlos—, lo que les decía era, por ejemplo: si tú dices en una clase de anatomía, o de traumatología: «Cuando a un señor se le parte la pata», es incorrecto; pero si en un campo de fútbol dices «Me produjeron un trauma en la epífisis del peroné», también es incorrecto, porque la norma de un futbolista no es la misma que la norma de un profesor de anatomía, y esa norma está incluida en la lengua, no es la que dan los académicos. La mayoría de las veces uno puede percibir esa norma, pero los académicos no la perciben. Es la norma que está implícita en la lengua. Sí hay una corrección en la lengua; ahora bien, se trata de una corrección en ese sentido de la palabra, no de una regla dada por esa autoridad, sino en el de dilucidar lo que el ideal de lengua propone.

En español en particular, como lengua de traducción, es especialmente importante o, al menos, especialmente interesante porque traducir al español es traducir a veintiuna lenguas y es un problema que los traductores literarios y humanísticos conocen muy bien, y los traductores técnicos un poco menos, pero incluso entre los traductores técnicos o traductores institucionales, aparece constantemente ese problema de que el español sea veintiuna lenguas, por lo menos, sin contar la de los chicanos y la de los restos de español que quedan en Filipinas. Por ejemplo, traduciendo algún tratado internacional, en la ONU o en la Unión Europea, si se tradujera «este artículo entrará en vigor» o «estará en vigor hasta diciembre de 2008», un mexicano va a entender que empezará en diciembre de 2008. No hay más remedio que aceptar algunas normas, por lo que no hay más remedio que decir que en el español real, a pesar de la diferencia de las veintiuna lenguas, hay una norma implícita de español común, hay un ideal de español común que permite —aunque los mexicanos, que en este caso estarían en minoría, protesten— decir que lo correcto es que «hasta» significa «término de un periodo que empieza en un 'desde' implícito», mientras que para un mexicano «hasta» significa «comienzo de un periodo de tiempo». Cuando en México se dice «llega hasta las tres» lo que se quiere decir es «no antes de las tres». ¿Se puede corregir un texto mexicano que diga «llega hasta las tres» cuando lo que se quiere decir en la norma general es «no llega hasta las tres»? Yo diría que, una vez más, depende del contexto práctico; si es un texto para uso de mexicanos, no, no se puede corregir eso, pero si es un texto para uso de varios países de lengua española, yo creo que sí se puede.

Todo esto está lleno de problemas espinosos, porque existe esa corrección referida a una norma general del español, y yo creo que la hay, una norma general del español. Es español culto, por supuesto, pero el español culto no es pecado. Cuando yo era estudiante, decías «español culto» y todo el mundo torcía el gesto porque había que hablar «español inculto», o sea, popular, democrático. Pero el español culto no es un pecado. A Cervantes no le podemos regañar por escribir como escribía; me parece que tenía cierto derecho a escribir mejor que Quevedo, por ejemplo.

Sin embargo, no se trata solamente de la cuestión del español culto, sino que dentro de lo que podemos llamar español culto, de una norma general, también aparecen esos problemas de corrección. Por ejemplo, todavía, en el terreno de la traducción, sigue habiendo una hegemonía, por lo menos, digámoslo entre comillas, «política», del español de España. Todo el mundo dice de dientes para afuera que el español de España lo habla menos del diez por ciento de los hablantes y que, por tanto, la norma de la Península no puede ser la norma universal. Sin embargo, lo sigue siendo. Es difícil, pero no imposible, que un mexicano o un colombiano acepten una corrección de su norma colombiana o mexicana. Pero es muy difícil que un español acepte una corrección de su norma española. Por ejemplo, ahora hace un rato, al desayunar quise tomar jugo de naranja y no había, pero, además, se llamaba «zumo de naranja». Para el noventa y tantos por ciento de los hispanohablantes, esto es un disparate. El zumo es lo que rezuma, y las frutas que exprimimos no son frutas «zumosas» sino frutas «jugosas». Sin embargo, es imposible que un español corrija lo de zumo, ni siquiera por una norma española. Mi abuela, no ya mi abuela sino mi padre, jamás hubiera dicho «zumo de naranja». Eso es una innovación en el español peninsular. Son esas modas pedantes que se imponen; algún pedante dice que zumo es más elegante que jugo e inmediatamente corre como mancha de aceite. No hay cursilería que no prospere en la norma lingüística. En México, por ejemplo, para que vean que en todas partes cuecen habas o en todas partes corren babas, una cursilería que se impuso como mancha de aceite, es que a algún cultillo se le ocurrió decir: «No se dice vaso de agua, los vasos no son de agua, son de vidrio»; y entonces todo el mundo en México en los cafés pide «Por favor, un vaso con agua». No tardó ni seis meses en imponerse, todo el mundo a repetir eso: «un vaso con agua».

Estas cuestiones sobre la corrección muestran ese carácter artesanal de la traducción, que es también el carácter artesanal de la lengua misma. La lengua misma es el terreno general de todas las significaciones y el sistema al que pueden traducirse todas las significaciones. Por eso a mí me parece que para un traductor la traducción obviamente es un oficio. De todas formas, no digo yo que no haya que leer teoría de la traducción y aprenderla, como también es conveniente si se es escritor leer lo que dicen los académicos. Ahora bien, un escritor no se va a reprimir por lo que le diga un académico, o no debería hacerlo, pese a que algunos sí lo hagan —en realidad, no se reprimen por lo que dicen los académicos sino más bien por lo que dicen los teóricos, que son más teóricos todavía que los académicos—. Los académicos, a su manera, también son artesanos; los teóricos, no. Hay escritores que se reprimen por lo que dicen los teóricos; allá ellos, pero es saludable que un escritor conozca la teoría, le ayuda a tener ciertas miradas sobre el lenguaje, sin duda alguna a tomar conciencia de muchas cosas, aunque, desde luego, no tiene que aprender a escribir de la teoría; es al revés: la teoría es la que tiene que tomar de la práctica su sabiduría. Un traductor siempre está incómodo leyendo teoría de la traducción, entre otras cosas porque casi siempre lee uno teorías traducidas, y a menudo mal traducidas, porque generalmente los teóricos son muy malos traductores.

Lo que sucede todo el tiempo es que la teoría inevitablemente está tomando la traducción en un sentido metafórico pero uno podría decir, jugando pero jugando como juegan ellos, como juegan los teóricos, «metafóricamente metafórico», y eso es peligrosísimo. Para un teórico la traducción es algo mucho más general que lo que es para nosotros, es decir, tomar un texto de una lengua y pasarlo a otra lengua, o a veces, si incluimos dentro de la traducción la interpretación simultánea, también esta —a mí siempre me ha parecido extraño que se llame interpretación, porque interpretar, también la traducción interpreta, y el texto interpreta más que lo que llamamos interpretación, pero son tecnicismos de terminología que ya nos los aclararán las normas—. La cuestión es que para un teórico, eso que nosotros hacemos que es traducir, tomar un texto y pasarlo a otra lengua, no es más que un caso, pero traducción es otra cosa, algo más general. La lengua traduce ideas o conceptos o estructuras o formas, o logos diseminado, en fin, algo traduce.

La lengua traduce algo, dentro de la lengua el significante traduce el significado, y luego en la acción también, un gesto traduce un sentimiento, o una intención, o una política traduce una ideología. Pero traducir es metafórico, en ese sentido, o al revés, pero da igual. También Derrida nos ha tratado de explicar que es al revés, que lo que es metafórico es llamar traducir a pasar de una lengua a otra porque en realidad traducir lo que significa es transferir el poder o cosas de esas. La cuestión es que lo están tomando en un sentido metafórico, pero luego esa metáfora se usa metafóricamente, y entonces llega un momento en que de esa metáfora, de la idea de que traducir es un montón de cosas, no solo traducir interlingüísticamente o intersemióticamente como dirían ellos, sino que de ahí empiezan a deducir cosas sobre la traducción misma, sobre la traducción práctica; entonces la ventaja es que un teórico, por ejemplo, Umberto Eco, tiene que hablar de verdad de traducción, lo primero que dice es «Bueno, yo he hecho teoría de la traducción pero ahora vamos a hablar de práctica, olvidémoslo».

Sí, hay que olvidar, pero es que hay que olvidar como hay que olvidar en la lengua, porque la traducción yo creo que es, junto con la creación literaria, la experiencia más radical de una lengua, y en cierto sentido más radical aún que la creación, porque por el hecho de estar mirando dos lenguas a la vez se tiene la doble visión que da tener dos ojos, y hay una visión en profundidad que a veces el creador no tiene. A veces un escritor tiene intuiciones de su lengua maravillosas, pero otras veces le falta un poco de perspectiva porque la está viendo con un solo ojo, en una sola lengua.

En mi carrera literaria me ha asombrado hasta qué punto algunos amigos míos escritores no veían el trasfondo de la lengua, no veían la lengua en profundidad; no tenían esa conciencia, en ese sentido en que hablaba yo antes de la norma de Heger. Yo a veces he pensado que si puede uno atreverse a decir las cosas, es que hay una conciencia inconsciente, que es por ejemplo una conciencia implícita, la de esa norma en el sentido hegeriano, no hegeliano sino hegeriano, de norma lingüística que es que cuando alguien le pregunta a otro en cualquier nivel lingüístico, aunque sea entre analfabetos de barrio bajo, cuando le preguntas «¿Qué quieres decir?» es que está implicando que hay mejores y peores maneras de decir. Ahora, de eso que está implicando en cierto modo es consciente, es consciente de que hay ciertos niveles de lengua, que no podría pedir un mejor nivel si no tiene conciencia de que hay un mejor nivel o mejores niveles. Pero de esa conciencia no es consciente. O sea, si uno le pregunta «¿En qué estás pensando cuando dices lo que quieres decir, cuando preguntas en qué estás pensando?», no sabría contestar, pero de su comportamiento uno podría deducir que está pensando en eso, está pensando en niveles de decir mejor o peor. A eso le podríamos llamar, salvando la paradoja, una conciencia inconsciente. Y eso pasa continuamente en la lengua.

En la lengua, cuando uno toma conciencia de esa conciencia inconsciente generalmente se paraliza, suele uno paralizarse. Y si uno le va a decir a una persona «Pásame el salero» y empieza a pensar «imperativo de segunda persona, pronombre personal...», se acaba, no puede hablar. Para hablar hay que pasar la gramática al segundo plano, a ese inconsciente, ese consciente inconsciente. Y eso es lo que nos pasa en la traducción con la teoría: cuando traducimos, hay que dejar la teoría en el cajón porque si tenemos la teoría delante de los ojos nos va a ocurrir como a los escritores que tienen la teoría delante de los ojos, que pueden ganar premios incluso —son premios académicos, todos—, pero son ilegibles; y creo que eso también nos pasa a los traductores.

Más o menos de esto era de lo que yo quería hablar aquí, un poco para remover en el plano de la traducción como oficio, que me parece que es lo que ha estado como en presupuesto en este congreso, es decir, que estábamos pensando en la traducción como un oficio, me parece a mí.

Muchas gracias.

martes, 6 de noviembre de 2012

En noviembre, UNTI en el Círculo de Traductores


Colegas,

La sesión presencial del Círculo correspondiente a noviembre se recorrerá una semana, para el miércoles 14, por razones logísticas. Será como siempre a las 17:00, en el Salón Panorama del Centro Cultural de España, en el Centro Histórico de la ciudad de México, justo atrás de la Catedral.

En esta ocasión nos acompañan Pedro Hernández y Luis Chávez de la Unión Nacional de Traductores Indígenas, A.C. (UNTI), con la charla "Traducción de las Sagradas Escrituras a lenguas indígenas".

UNTI es una asociación dedicada a traducir la Biblia a las lenguas indígenas de México siguiendo la línea del Instituto Lingüístico de Verano (ILV). De la propia página de la Unión tomamos los párrafos que siguen.
Para mayor información, pueden entrar a: http://www.untimexico.org/

Quiénes Somos

La Unión Nacional de Traductores Indígenas somos una organización sin fines de lucro, formada por nativo hablantes mexicanos los cuales nos dedicamos al desarrollo, promoción y preservación de nuestras lenguas a través de proyectos de traducción, alfabetización, lecto-escritura, y elaboración de materiales de gramática. Nuestro proyecto más importante es la traducción de La Biblia.
La UNTI esta formada por traductores nativo hablantes del sur, centro y norte del país por lo que entre nosotros se encuentran representadas un gran número de variantes de lenguas indígenas de México.

Nuestra Misión

Existimos para que las comunidades indígenas de México reciban las Sagradas Escrituras en su idioma natal. Trabajamos para la preservación y fortalecimiento de nuestras lenguas. Producimos materiales que impulsen el desarrollo de nuestros pueblos. Alentamos e impulsamos la formación y ejercicio de liderazgo indígena.

Nuestro servicio

Apoyamos el desarrollo de la educación bilingüe en México, la traducción y difusión de materiales informativos sobre la salud, la impartición de justicia, la preservación del medio ambiente, los derechos humanos, entre otros. Impartimos talleres de lecto-escritura en diferentes lenguas indígenas, llevamos a cabo actividades que fomentan la preservación y el uso de los idiomas originarios, alentamos decididamente el uso de las Sagradas Escrituras traducidas y otros materiales relacionados.

UNTI cumple su misión de la siguiente forma:

  • Desarrollando proyectos de Investigación Lingüística
  • Traduciendo las Sagradas Escrituras
  • Fomentando el uso de la lectura y la escritura en lengua materna.
  • Desarrollando proyectos de Alfabetización.
  • Organizando talleres sobre uso y distribución de materiales ya traducidos.
  • Capacitando a hablantes nativos para preparar materiales en su lengua natal.
  • Ayudando a la preservación de las lenguas indígenas de México.
  • Impulsando la educación Bilingüe en diferentes estados del país.
  • Colaborando en proyectos que impulsen el desarrollo de los pueblos y las personas indígenas.
  • Capacitando y animando a líderes indígenas para su fortalecimiento, desarrollo y ejercicio.

Cobertura Lingüística

De acuerdo al catálogo de lenguas indígenas nacionales publicado por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas – INALI – en México se hablan 364 variantes de idiomas indígenas mexicanos. Estas lenguas se agrupan normalmente por familias dando a entender que las lenguas pertenecientes a una familia comparten similitudes en su genética.
En la actualidad, UNTI agrupa a 65 variantes de estas lenguas mexicanas. Además colaboramos con la UNTI de Costa Rica y Panamá, así como con otras organizaciones de traductores indígenas en todo el continente Americano.
Para más información en cuanto a familias lingüísticas de México puede visitar los sitios sugeridos. www.inali.gob.mx  www.sil.org/mexico

Antecedentes

Nuestra organización nació en el año de 1985 como una confraternidad de traductores indígenas – CONTI - y en 1995 fue registrada legalmente como Unión Nacional de Traductores Indígenas Asociación Civil – UNTI, obteniendo de esta forma nuestro Registro Federal.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Gana Selma Ancira el Premio de Traducción Literaria Tomás Segovia


Anuncia Conaculta que Selma Ancira es la ganadora del primer Premio de Traducción Literaria Tomás Segovia
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Nota tomada de: http://www.conaculta.gob.mx/sala_prensa_detalle.php?id=24041 Comunicado No. 2361
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***El galardón está dotado con cien mil dólares estadounidenses y  se entregará el próximo 25 de noviembre en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el Fondo de Cultura Económica y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) anuncian que Selma Ancira es la ganadora del primer Premio de Traducción Literaria Tomás Segovia.
Selma Ancira (México, 1956) es especialista en literatura rusa. Ha traducido, entre otros autores, a Alexander Pushkin, Fiódor Dostoievski, Iván Bunin, Mijaíl Bulgákov y Boris Pasternak, así como a Marina Tsvietáieva de quien ha traducido casi la totalidad de su prosa. También ha trasladado al español a autores griegos como Seferis, Ritsos, Kambanelis y María Iordanidu.
Entre los premios que ha recibido se encuentran la Medalla Pushkin en 2008, máximo galardón con el que Rusia condecora a los artistas extranjeros; el XII Premio de Traducción Ángel Crespo en 2009; el Premio de Literatura Marina Tsvietáieva en 2010; el Premio Literario Maximilián Voloshin ese mismo año, y el Premio Nacional de Traducción en 2011, otorgado por el Ministerio de Cultura de España.
La entrega del reconocimiento se realizará el próximo 25 de noviembre en el marco de la FIL. El premio consiste en un estímulo económico equivalente en pesos a cien mil dólares estadounidenses, galardón que busca reconocer la destacada trayectoria de los traductores a favor de la literatura universal.
Tomás Segovia, en cuya memoria se ha nombrado a este premio, definía la traducción como “la experiencia más radical de una lengua, y en cierto sentido más radical aún que la creación, porque por el hecho de estar mirando dos lenguas a la vez se tiene la doble visión que da tener dos ojos, y hay una visión en profundidad que a veces el creador no tiene”.
La creación de este premio forma parte del Proyecto Cultural del Siglo XXI Mexicano que lleva a cabo el Conaculta, el cual tiene como fin, además de destacar la labor del escritor y traductor Tomás Segovia, reconocer el trabajo de los hombres de letras que engrandecen a México y lo fortalecen como plataforma intelectual del español.  
En esta primera edición del Premio de Traducción Literaria Tomás Segovia, el jurado estuvo conformado por:
Daniel Divinsky. Abogado egresado con diploma de honor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Es, desde 1967, socio y director literario de Ediciones de la Flor. La editorial cuenta en su variado catálogo con una línea de libros de ficción con autores de todo el mundo (John Berger, Hans Koning, Fernando Quiñones, Rodolfo Walsh, Luis Rafael Sánchez), poesía (Brassens, Tennessee Williams, Vinicius de Moraes, Cortázar), psicoanálisis, teatro, historia y literatura para niños (con autores como Bradbury, Ionesco, Roa Bastos, Umberto Eco). Ha recibido las siguientes distinciones: Premio Arnaldo Orfila Reynal, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (1997); mención especial del Premio Konex, por su aporte a la difusión de las letras (2004); Reconocimiento a la Trayectoria del Senado de la Nación Argentina (2007); Reconocimiento a la Trayectoria, Premio Clarín (2011); Premio Perfil a la Inteligencia en el rubro Cultura (2011). Fue designado “padrino” del mercado de Industrias Culturales de la Argentina y la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina (2012).
Cecilia García-Huidobro. Periodista y profesora de castellano por la Universidad Católica de Chile. En 1989 obtuvo el grado de Magister en Literatura en esa misma Universidad. Es decana de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales y directora ejecutiva de la Cátedra Abierta en homenaje a Roberto Bolaño. Desde 1978 colabora en el suplemento cultural Artes y Letras del diario El Mercurio. Paralelamente desde 1983 se desempeña en la Revista Universitaria de la Universidad Católica de Chile, primero como editora y luego como directora de dicha publicación cultural. Entre 1989 y 1995 formó parte del Comité Editorial de Ediciones ARQ, editores de la Revista de arquitectura y diseño ARQ y de publicaciones especializadas en esa disciplina. Se desempeñó como editora de la Revista de Libros del diario El Mercurio (1997-2007). En 1994 publicó el libro José Manuel Balmaceda, soñador de reformas. En 1996 publicó La ciudad de los Césares: una frontera mítica en Historia, memoria y ficción. En 1998 Artículos de incierta necesidad; en 2000, Vicente Huidobro a la intemperie; en 2004, El escribidor intruso, y en 2005, Moneda dura. Gabriela Mistral por ella misma. En el año 2000 recibió el Premio Cámara Chilena del Libro “por su destacada labor en el mundo del libro y la literatura”.
Felipe Garrido. Licenciado en Letras Españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde ha sido profesor desde 1975. En 2004 tomó posesión de la silla XVII de la Academia Mexicana de la Lengua, es miembro de su Comisión de Consulta y desde 2011 es director adjunto de la misma. Algunas de sus obras son: Con canto no aprendido (1978); Cómo leer (mejor) en voz alta: guía para contagiar la afición a leer (1990); La musa y el garabato (1992); Para leerte mejor: mecanismos de lectura y de la formación de lectores (2004); Asombro del Nuevo Mundo (2008), y Juan José Arreola para jóvenes (2011). Ha sido galardonado con los premios: Juan Pablos por Tajín y los siete truenos (1982); Premio de Traducción Literaria Alfonso X por Quizás, de Lillian Hellman (1983); Los Abriles por La urna y otras historias de amor (1984); Reconocimiento al Mérito El Caracol 99, otorgado por la Asociación Mexicana de Narradores Orales Escénicos (AMENA) en el año 2000. Ingresó al Sistema Nacional de Creadores de Arte en la emisión 2000. En 2011 recibió el premio Xavier Villaurrutia por su obra Conjuros.
Fabio Morábito. Es autor de varios libros en el género de poesía: Lotes baldíos (1985), que ganó el Premio Carlos Pellicer en ese mismo año; De lunes todo el año (1992), que ganó el Premio Aguascalientes en 1991; Alguien de lava (2002) y Delante de un prado una vaca (2011). En el género de cuento: La lenta furia (1989), La vida ordenada (2000) y Grieta de fatiga (2006), este último ganador del premio de narrativa Antonin Artaud 2006. Ha escrito libros de prosas, Caja de herramientas (1989) y También Berlín se olvida (2004). Ha publicado las novelas Emilio, los chistes y la muerte (2009) y Cuando las panteras no eran negras (1996). Tradujo la poesía completa de Eugenio Montale en 2006 y el Aminta de Torquato Tasso en 2001. Antologías de su obra poética y cuentística han aparecido en España, Italia, Argentina y Venezuela. Varios de sus libros han sido traducidos al alemán, al inglés, al francés, al portugués y al italiano. Ingresó al Sistema Nacional de Creadores de Arte en la emisión 1993.
Angelina Muñiz-Huberman. Doctora en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México con estudios de posgrado en City University of New York. Es profesora de Literatura Comparada en la UNAM. Ha impartido cursos, talleres y clases en instituciones culturales y académicas tanto en México como en el extranjero. Es autora de cuarenta libros de poesía, narrativa y ensayo, entre los que destacan: Morada interior (1972); Tierra adentro (1977); Vilano al viento (1982); La guerra del unicornio (1983); De magias y prodigios, Transmutaciones  (1987);  El ojo de la creación (1992); Guía de los perplejos (1993); Cuentos de la cábala (1995); Molinos sin viento (1996); Oído desatento (1997); Caleidoscopio (1998). Ha traducido a Shakespeare, Nathaniel Hawthorne, Lawrence Durrell y Harold Pinter. Su labor como escritora le ha valido diversos premios, becas y distinciones tales como: Premio de Literatura Magda Donato, 1972; Medalla de Jerusalén, 1975; Medalla Novi Lux Orbis Quater Saecularis Anima Patriae, UNAM 1981; Premio Internacional de Literatura Xavier Villaurrutia, 1985; Premio Internacional de Novela Sor Juana Inés de la Cruz, 1993; Medalla Jerusalén Tres Mil Años, 1995; Premio José Fuentes Mares, 1997. Su obra se ha traducido al inglés, francés, italiano, hebreo, yiddish y búlgaro. Actualmente existen más 600 estudios sobre su obra literaria. Ingresó al Sistema Nacional de Creadores de Arte en la emisión 1993.
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miércoles, 31 de octubre de 2012

Mujeres freelanceras, tarifas y autoestima


Una nota en inglés tomada del International Freelancers Association sobre el tema escabroso de las tarifas y el trabajo independiente, en particular lo que sucede con las mujeres en esa encrucijada. A algunos les horrorizará el tono de "vuélvete un empresario exitoso" de la nota, pero tiene puntos importantes e interesantes sobre un tema que solemos evadir en nuestras pláticas sobre el oficio.
Tomada de: http://internationalfreelancersacademy.com/why-low-self-worth-drives-lower-wages-for-women-freelancers-and-what-you-can-do-about-it/


Why Low Self-Worth Drives Lower Wages for Women Freelancers — and What You Can Do About It

Summary: This week's training episode, written by my good friend and colleague Dianna Huff, is one of the most important we've ever published at the Academy. It addresses the elephant in the room everyone has been ignoring for years.

2012 Freelance Industry ReportEd Gandia’s 2012 Freelance Industry Report has some interesting data pertaining to women and money.

For instance, female freelancers earn more per hour than do their male counterparts at almost every rate level from $20 to $59. And, at $60 to $99 per hour, men and women are just about equal. But as soon as you get to the $100, $150 and $200+ per hour ranges, men are consistently outearning women.

Ed believed he knew why — but he needed a woman to tell the story.
I am that story. Yes, I’m in the $200+ per-hour range now, but I struggled for years to get there and couldn’t figure out why men — with less experience — were making a whole lot more money than I was.

What was I doing wrong? I knew it wasn’t because I dumb or lazy.
It took me awhile to figure it out. It’s because I undervalued my experience and skills. I believed I was worth less because I was a mom who worked from home — one who didn’t “need” the money. And, I bought into negative beliefs and lack thinking.

This article is about the elephant in the room that none of us want to talk about — namely, that we women earn less due to our own fears, lack of money knowledge and low self-worth.

Women Begin Their Careers With Lower Salaries — and Never Catch Up

I started my business in 1998. I already knew quite a bit about how to run it because I had been a business manager for a small manufacturing firm for seven years.

I knew the ins and outs of doing my own payroll and paying taxes, ordering supplies, invoicing and even getting clients. And, because I had worked
corporate marcom, I knew all about marketing.

What I didn’t know was how to charge for my services.

When I started, I had just quit my corporate job where I had been making $42,000 a year complete with two weeks of vacation, full medical insurance, and other perks.

Since I was now working from home part-time and had lower expenses, I determined that I only needed to make half of that $42,000. So, I made that my goal the first year — to bring in $21,000.

The problem? Women, I’m afraid to say, make less then men even for the same jobs. Because I was in the “pink collar ghetto,” my salary was already very low. Of course, when I was offered the job, I didn’t think to negotiate for a higher salary. I just took what they gave me. I thought I was lucky to have it! (More on that later.)

So by cutting in half my already low salary, I set myself up for poverty wages. In addition to paying for household expenses, that $21,000 also had to cover my business expenses.

The first few years in business, I was miserable. My low point came when a client hired me to write a sales letter for a very high-tech product. That letter cost him $165 because I was charging by the hour. “Wait a minute,” I thought, “something isn’t right here.”

And so started my journey on how to increase my earnings. I spent years reading books and doing the exercises. My income did increase — how could it not with all that work! — but I couldn’t reach the level at which I knew I could and should be earning.

The problem, I know now, is because I approached earning money from the female perspective.

In her book, Knowing Your Value: Women, Money and Getting What You're Worth, Morning Joe co-host Mika Brzezinski talks about her own challenges with earning a salary that matched her experience and worth.

For many years, Mika’s co-host Joe Scarborough made 15 times what Mika made. Why the discrepancy? Mika didn’t know her value — and thus worked mega hours at a freelancer’s wage.

Like me, she made the classic mistake of taking a low starting salary — and then spent the next few years clawing and fighting her way to a better one. It wasn’t easy.

Since reading her book (twice!) and recommending it to many women, I’ve come to see the same problems Mika experienced in my own life and in other women’s. When it comes to underearning, women, especially women freelancers, make these three very huge mistakes.

Mistake #1 — We Undervalue Our Experience

A couple of years into my business, I discovered Bob Bly’s book, How to Make $85,000 a Year Copywriting. This book was a lifesaver for me because in it, Bob listed his fees for many of the same types of projects I was doing.

I could see immediately that I need to do two things: change from hourly to project fees (which I did) and raise my rates.

But again, I made a huge mistake. Instead of setting my project fees to match Bob’s, which were quite nice, I made them lower. Why? I determined I wasn’t “qualified enough” to charge those fees.

I can still hear my thought process to this day . . .”Well, I’m not Bob Bly. I haven’t written dozens of books. I don’t do direct response. I don’t have a track record. I can’t charge what he’s charging. So I’ll charge 50% of what he’s charging.”
Yep. That’s what I did. This despite the fact that I was perfectly able to write just about anything for high-tech and manufacturing companies and do an excellent job at it, too.

I know now that what I did is a typical female response. And I’m not the only one who does this. In my travels, I’ve met lots of really smart, really bright women who charge peanuts. Why? Some of the reasons I’ve heard are:

“I don’t have the experience.”

“I just need pin money.” (“Pin money” refers to the household “allowance” men gave their wives upon marriage. It was spent on small household items or personal adornment. That alone should be a clue to rethink why you’re in business if you’re working for “pin money.”)

“I’m lacking awards and things.” (Yes, a woman actually said that to me.)

“The going rate in my industry is .10 cents a word. That’s all I can get.”
Undervaluing our skills and experience is probably the biggest mistake we women make when it comes to setting our fees as consultants and freelancers. Why do we sell ourselves short? I think it’s due to this next mistake.

Mistake #2 — We Consider Ourselves So LUCKY

In her book, Mika interviews a number of high-powered women about money, the mistakes they’ve made and the lessons learned.

The one phrase I kept seeing over and over in those interviews was, “I am so lucky to have . . .” a flexible job, a great position, a good salary, health insurance, the ability to attend a child’s Halloween parade, [fill in the blank].
If you’re a mom and you work at home, you know what I’m talking about. You feel soooo grateful to be able to work from home and be with your children. I know. I’ve been there.

Working from home gave me the best of both worlds. I got to work, and I got to be with my son.

That’s what I’d tell myself over the years when I learned that men doing the same type of work as I were making a lot more money. “Stop complaining,” I would tell myself. “You’re lucky to be home.”

But deep down, I was really resentful. I remember when I first met Ed Gandia. He was in the process of launching his freelance business, and he asked me if it were possible to make $100,000 a year copywriting. I laughed. I wasn’t making that much money.

Ed hit the $100,000 mark at about the same time I did. It took him two or so years to get there after starting his business. It took me eight.
I was so lucky! Oy.

Mistake #3: We Buy Into Lack Thinking

I hate to say this but it’s a truth — we women are sometimes incredibly nasty when it comes to judging our fellow sisters. (This is something Mika discusses in her book, too.)

We judge each other on how much time we spend with our kids, who brings the home-baked versus store bought goodies to the class party, and whose kid shows up in the lovingly made-from-scratch costume at Halloween.

We also judge each other on how much money we spend on ourselves. If we spend on ourselves, we’re not putting our children first (baaaaad). Don’t believe me? Just watch What Not to Wear and listen to the women explain why they stopped buying clothes for themselves.

I would read those articles about how you didn’t need a wardrobe, manicured nails or good shoes when you worked at home. I read articles and books about how to pinch pennies, cut costs and live on the cheap. (I don’t think men ever read these books.)

And boy, did I take this advice to heart. By the time I began working with an image consultant in 2009, I was still wearing to client meetings the slacks, shoes, and blouses I wore in the mid-1990s! I can remember showing up at one client meeting wearing a scarf to hide a hole in my sweater — because I believed I couldn’t afford to buy myself a new one.

No wonder I wasn’t making more money!

The Solution to Earning More Money Begins With You

If you’re not earning the money you want, take a look at YOU. It’s easy to blame your lackluster earnings on the economy, clients who won’t pay, the fact that it’s a man’s world, or that in your industry you can only charge certain rates.
If you want to earn more money, here are three steps you can take (you can do lots more, but I don’t have the space to list them out):

1. Determine your worth

It’s easy to look at the Freelance Industry Report and other similar sources and determine that yes, you’re making “enough” if you fall in the middle or high end of the range. After all, as one woman said to me, “You know, $100 dollars an hour is a lot of money.”

Yes, it is, IF you believe you don’t “need” the money because your husband brings home a good salary or you’re able to live on less due to penny pinching (that’s what’s referred to as noble poverty).

Charging what you’re worth, however, has absolutely nothing to do with what other people charge, how cheaply you can live or what your husband makes.
Charging what you’re worth has everything to do with your skills, your experience and the value you provide to your clients.

Take a pause and go back and read those two statements again.
It doesn’t matter if your husband or partner pulls in a cool million or you’re a trust fund baby. If you have the skills and experience, you charge what you’re worth. Period.

How do you determine your worth? Take a good long look at the work you do to see how you help improve your clients’ bottom line or their business in general.
Also look at the skills and experience you bring to the table: what makes you unique or different? What skills do you have that aid you in your work? Are you showcasing those skills?

For me, these skills include my intuition and sensitivity. These are my “female” gifts, which I devalued my entire adult life — but they’re what make me great at what I do. Once I figured this out, I was able to place a higher value on them — which made it much easier to raise my fees. 

2. Charge What You’re Worth
It really bothers me when I hear women say, “I can’t charge any more than what I do. That’s the going rate.” Usually the going rate is something absurd -- .10 cents a word to translate or to write a blog post, $8.00 an hour for virtual assistant work.

I used to pay my babysitter $6 - $8 dollars an hour — and she was in high school. You, with your degrees, experiences, skills and expertise are worth way more than babysitter wages.

As prosperity guru Randy Gage says, prosperity is a value for value exchange. If you have a low value of yourself, you’re basically lowering the value of your work — and you get low value in return.

If you’ve done your homework from Step One, you now know what you’re worth and how your work helps companies’ bottom lines and overall performance.
This is where it gets hard, however. Maybe what you’re worth is more — much more — than the “going rate.” You can already hear the voice in your head, “I can’t charge that! No one will hire me.”

If you have the experience and skills, face your fears and charge your new fees.
Here’s what will happen: some prospects won’t be able to afford you. But others will. Instead of having six clients at your low fees, you’ll have two clients at your new higher fees — clients who will VALUE you.
And let me tell you, that is really nice place to be.

3. Raise Your Rates -- Regularly.

In her book, Mika talks about how Joe would have knock down fights with NBC brass to get a higher salary for his work. (Mika, however, continued to struggle along at slave wages.)

Men, for some reason, have something in their DNA that gets them to ask for more money anytime they’re asked to do something new. Women don’t.
You learn quite a bit in the course of a year. If you’re like me, you read everything. Maybe you attend a conference or two or a few workshops. And, you learn while on the job. You take on new projects that stretch you a little bit — or a lot.

All of this growth means you have more worth — and that you’re worth more. So raise your fees. Regularly.

If you lose a client or two, that’s ok. It just means you’re making room for new clients — the ones who will give you gigs that will help you grow and change even more.

What’s your experience with charging what you’re worth? Please share your stories. The more we talk about this important topic, the more we all benefit.

Dianna Huff, CEO of DH Communications, Inc., is a recognized B2B Web marketing expert. She’s also the publisher of Women Achieving Dreams, an e-book featuring 22 stories of women who overcame fears and obstacles to achieve their dreams. Proceeds benefit charity.

lunes, 29 de octubre de 2012

Sobre la Academia Mexicana de la Lengua

Retomamos del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires esta nota de Yanet Aguilar Sosa sobre la Academia Mexicana de la Lengua (AML), publicada el 13 de junio de este año en  El Universal.
Tomada de http://clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.mx/2012/10/para-que-los-espanoles-no-piensen-que.html


Las dudas sin resolver de la AML 
Por Yanet Aguilar Sosa
El Universal, 13 de junio de 2012

 
El lema de la Academia Mexicana de la Lengua sigue siendo el mismo con el que se estableció en 1875: “Limpia, fija y da esplendor”, igual al de la Real Academia Española (RAE), pero con una historia de acción, proyectos e impacto en la vida cultural de ninguna manera equiparable.
Contrario a la de España, la mexicana no tiene ni los recursos económicos, ni la injerencia para hacer del español un negocio; tampoco tiene los estudios ni las publicaciones de diccionarios y literatura clásica; ni la fuerza para incorporar más léxico del español mexicano al Diccionario de la Lengua Española, a pesar de que México es la nación con más hispanohablantes en el mundo. Uno de cada cuadro hablantes es mexicano.
Aunque por esa institución han pasado más de 300 estudiosos y escritores como Joaquín García Icazbalceta, Manuel Orozco y Berra, Justo Sierra, Emilio Rabasa, Luis González Obregón, Artemio de Valle-Arizpe, Antonio Caso, Federico Gamboa, Alfonso Reyes, José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán, entre muchos más, hasta hace poco los académicos empezaron a incidir en las decisiones que se toman en la RAE; antes no les daban ese privilegio, tampoco a los otros países de Hispanoamérica.
Sin embargo, son más los déficits que tiene esa institución. Ha producido y publicado un diccionario ambicioso, el Diccionario de mexicanismos, coordinado por la académica Concepción Company Company y publicado por Siglo XXI y la UNAM, pero que desde su salida ha estado en la polémica por sus errores, que por cierto, ya serán corregidos, pues el volumen está en un proceso de “ampliación y corrección, en una edición muy severa”, a decir del director de la Academia y director de Siglo XXI, Jaime Labastida

En lo interno, la Academia Mexicana de la Lengua también tiene pendientes, cuenta con 33 miembros, entre escritores, abogados, dramaturgos, periodistas y estudiosos de la lengua; de ellos sólo ocho son lingüistas, lexicógrafos, filólogos o gramáticos, y sólo seis son mujeres. El más antiguo de los académicos es Miguel León-Portilla –que ingresó en 1961– y el más nuevo Vicente Leñero recién ingresado el 12 de mayo. El chelista Carlos Prieto está próximo a ingresar formalmente.
Además, la Academia terminó el Diccionario español del estudiante y aunque lo entregó a la Secretaría de Educación Pública, ésta no ha dado una explicación de por qué no lo ha publicado.
Ese es un proyecto sin concreción, al igual que la gestión que han empezado para hacer del español la lengua oficial de México y la solicitud para que el gobierno mexicano firme el Convenio de Bogotá establecido en 1960, que lo obligaría a dotar a la Academia de una sede propia –su sede actual en Liverpool 76 está en comodato– y darle recursos fijos para su gestión.
Ese organismo que limpia, fija y da esplendor a la lengua, tiene una nómina anual de 9 millones de pesos, dos de los cuales son recursos etiquetados dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación; los restantes provienen de apoyos de Conaculta y de la Fundación Pro Academia Mexicana de la Lengua.
La entidad, que está por firmar un convenio con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas para hacer “diccionarios” y que gestiona la creación del Instituto Alfonso Reyes para que “enseñe el español hablado en México allende de nuestras fronteras”, como afirma Labastida, es cuestionada por el lingüista mexicano Luis Fernando Lara:  “¿Méritos? No le veo ninguno, creo que podemos vivir tranquilamente sin la Academia Mexicana”.
Español, gran negocio; no en México
Este idioma que hablan 441 millones de personas, que es lengua única en 18 países –en tres más es cooficial– y segundo idioma más estudiado del mundo, superado sólo por el inglés, se ha convertido en uno de los grandes negocios de España al considerarlo capital cultural intangible, pero no lo es de México.
Tal cantidad de hablantes convierten al español en una de las oportunidades de negocio más confiables de cualquier economía, lo sabe España que en 2007 reportó ingresos por 462 millones y medio de euros gracias a los extranjeros que llegaron a estudiar español; pero ese es un rubro que en México no se hace por falta de interés y de recursos.
Luis Fernando Lara, quien colabora en un libro que saldrá en Barcelona, titulado El dardo en la academia, que contendrá unas mil 400 páginas de críticas a las academias de la lengua, asegura que la Academia Española maneja muchísimo dinero y las grandes trasnacionales aprovechan su influencia para entrar en Hispanoamérica con el pretexto de la unidad de la lengua.
“El español se ha convertido en la punta de lanza de las grandes empresas españolas, al grado de que le dieron patente de corso a la Fundeu, la Fundación del Español Urgente, que es la que anda repartiendo consejos de cómo se debe escribir pero con un agravante que casi nadie a notado, que la Fundeu vende un sello de calidad”, señala Lara.
Adolfo Castañón, académico que hace unos días fue nombrado nuevo bibliotecario-archivero de la AML, asegura que en México siempre le están regateando el apoyo a las instituciones nacionales y que no se aprovecha a la Academia para capacitar a los maestros, por ejemplo, o a la sociedad en general; que no se piensa en capacitar a la gente para saber hablar, saber leer y saber escribir en su propio beneficio.
Por su parte, Jaime Labastida dice que en España la lengua está considerada un asunto de Estado y ven la lengua como un activo económico, pero México, de entrada, no tiene lengua oficial. “Si el español fuera visto como un asunto de estado la academia recibiría los recursos que le corresponden como están previstos en un convenio multilateral que fue firmado por todos los gobiernos durante el tercer Congreso de las academias, en Bogotá, en 1960”.
Sin dinero, pocos libros
El argumento al que siempre llega Jaime Labastida por la falta de acciones es “la penuria extrema” en la que trabaja la Academia; sin embargo, Luis Fernando Lara afirma que tiene que ver con que es “una corporación que no se ha metido, es muy conservadora y además parece que no les gusta entrar al debate. Los verdaderos asuntos del español es preferible que los discutamos abiertamente y entre especialistas, la lengua es un hecho público y no la podemos sustraer a un grupo de gente”.
Asegura que son muchos años para tan pocos resultados, pues si se trata de hablar de publicaciones, la Academia Mexicana sólo publica sus memorias, hizo un Índice de mexicanismos durante la gestión de José Luis Martínez y luego un primer Diccionario breve de mexicanismos hecho por Guido Gómez de Silva “igualmente malo que este segundo que sacó Concepción Company”, afirma Luis Fernando Lara, profesor e investigador de El Colegio de México.
El ensayista Adolfo Castañón asegura que “en materia de publicaciones se ha hecho lo que se ha podido en esas condiciones” y recuerda que además se han publicado anuarios; cita también la reedición que se ha hecho del Vocabulario de mexicanismos que hizo Joaquín García Icazbalceta.
“Los académicos mexicanos, también como profesionales y de manera individual, han tenido una injerencia muy fuerte en el ámbito editorial; por ejemplo en la Biblioteca del Estudiante Universitario que edita la UNAM o en la Biblioteca de autores griegos y latinos”, afirma Castañón.
Sin embargo, Luis Fernando Lara apunta que aunque la mexicana fue la segunda academia que se fundó en América, después de la colombiana, se pasó los primeros 140 años de vida sin hacer nada; acepta que hubo académicos valiosos como Joaquín García Icazbalzeta o Francisco Santamaría que publicó su Diccionario de mejicanismos, pero que incluso lo hizo antes de ser miembro de la Academia.
“O sea, son obras de personas, no como ellos dicen de la corporación. A la vez la Academia mexicana nunca ha tenido un papel importante en el estudio del español de México y tampoco ha contribuido a los debates importantes sobre el periodismo, el uso de nuevas palabras, la influencia del inglés, etcétera”, señala el investigador.
Para Jaime Labastida, la Academia ha hecho lo que ha podido: “Uno de los propósitos que tenemos ahora es constituir una comisión editorial de la Academia, claro que podríamos publicar mucho, los trabajos de los grandes académicos, muchos de los libros de García Icazbalceta que no están disponibles. Esa es una laguna que la academia puede llenar”.
Las omisiones y los pendientes
Muchos son los proyectos de Jaime Labastida al frente de la Academia, como la creación del Instituto Alfonso Reyes del cual ya ha hablado con la presidenta del Conaculta, Consuelo Sáizar. Ella está de acuerdo en que es la Academia la más adecuada para definir objetivos y estructura. “La Academia quiere contribuir, ni lo puede llevar por sí sola ni puede apropiarse de eso, no le corresponde”, dice Labastida.

Reconoce que el Instituto Cervantes enseña el español peninsular, con el acento español y la forma de construcción peninsular y que en México “deberíamos enseñar el español culto de México”, por lo cual ha propuesto la creación de ese instituto a semejanza del Cervantes de España, del Camus de Portugal, de la Alianza Francesa de Francia, el Goethe de Alemania o el Dante Alligeri de Italia.
Adolfo Castañón dice que un pendiente es lograr una página de la academia que responda a las consultas como lo hace la de la Real Academia de la Lengua; con todo, la mexicana ha respondido más de cinco mil dudas.
Aún así, Luis Fernando Lara ve faltas en la Academia Mexicana de la Lengua, por ejemplo, que no ha puesto ninguna atención a las carencias de la terminología; es decir, al estudio del vocabulario científico y técnico.
Varios estudiosos, muchos de ellos de la UNAM, han hablado de que es un problema serio el del vocabulario científico y técnico del español pues “cada país está bajo distintas influencias y entran diferentes soluciones de vocabulario llega un momento en el que nuestros científicos dicen: ‘hablar en español nos cuesta más trabajo, mejor usamos inglés’. Eso, a lo que nos va a llevar es a perder capacidad en la lengua”.

También Luis Fernando Lara cuestiona los criterios de ingreso a las academias, hay personas de muy diferentes conocimientos y no se pueden estudiar la lengua como se debe. “Para ingresar a la Academia de Medicina hay que ser médico, en cambio para ingresar a la Academia de la Lengua no hay que ser nada en particular”.
Lara asegura que la Academia Mexicana de la Lengua está a caballo entre que hay escritores y los que no son escritores; por lo tanto, su actividad siempre es “muy casuística”.

Programa del I Coloquio Estudiantil de Traducción y Lecturas Dramatizadas de Letras Alemanas




Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Filosofía y Letras
Colegio de Letras Modernas (Letras Alemanas)

I Coloquio estudiantil de traducción
y lecturas dramatizadas

7 y 8 de noviembre de 2012
Salas A y B
PROGRAMA
Miércoles, 7 de noviembre de 2012
Mesa 1
12:00 – 14:30 horas

Meerschnecken, zum Beispiel: Juegos de palabras en cuentos para niños.
Citlali González Robert

Aspectos relacionados con la traducción de la obra “Mutter Courage und ihre Kinder”
de Bertolt Brecht y lectura dramatizada de algunos fragmentos.
Grupo de Traducción III (semestre 2013-1):
Miguel Ángel Anguiano Castrejón, Laura María Benítez Torres,
Enrique Daniel Flores Nava, Gabriela García Cárdenas, Laura Guianeya Juanchi Castillo,
Francisco Javier Ledesma Grañén, Mariana Rodríguez Peral

Canciones de “Mutter Courage”: Traducción comentada.
Manuel Espinoza Proudinat y Berta Sánchez Vázquez

Coordinadoras: Maestras Cecilia Tercero Vasconcelos y Silke Trienke

Modera: Ana Biniza Cruz León

Mesa 2
16:00 – 17:00 hrs

La importancia de la traducción en el romanticismo alemán.
Eder Suárez

El pasajero espectral: Una teoría nihilista sobre los fundamentos de la traducción.
Adrián Soto

El traductor en bicicleta. Consideraciones sobre una postura traductológica.
Cecilia Sámano Queitsch

Modera: Lidia Tirado

Mesa 3
17:00 - 18:00 horas

Propuesta de traducción del poema “Jenseits des Bug”. Paisajes de desesperanza en la obra de Rose Ausländer.
Urient's Joel López Manzano

Brief eines Selbstmörders: Un acercamiento a la obra de Manuel Gutiérrez Nájera a través de la traducción. Traducción al alemán
Johanna Malcher

Multiculturalidad en tres voces: El otro, el autor y el traductor.
“Ein Blick in die geistige Welt der Tlapaneken“. Traducción comentada.
Ana Biniza Cruz León

Modera: Eder Suárez


18:00 – 19:30 horas

Proyección de la película Die Frau mit den 5 Elefanten (La mujer con los 5 elefantes) documental de Vadim Jendreyko sobre Swetlana Geier, traductora de las 5 grandes obras de Dostoyevski, Alemania/Suiza, 2010
(versión original con subtítulos en español)


Jueves, 8 de noviembre de 2012

Mesa 4
12:00 – 14:30 horas

El pensamiento constante hacia la muerte: Tres ejemplos de “Freitod”
Lectura musicalizada de poesía.
Ana Patricia Gómez Pérez
Colaboradores: Gina Leticia Manzano Arizmendi, Gerardo de Jesús Payán Gutiérrez,
José Antonio Tapia Benítez

Die Pest. Georg Heym. Traducción comentada.
Lina Ibarra

Herzzeit: El intercambio afectivo, la correspondencia entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan.
Cinthya Herrada

Karoline von Günderrode. Una traducción.
Lidia Tirado Zedillo

Modera: Joyce Huber

Mesa 5
16:00 – 17:00 horas

“El Feo”, obra del dramaturgo alemán Marius von Mayenburg. Lectura de atril.
Grupo de Traducción III, semestre 2011-2
Versión: Lidia Tirado, Ana Biniza Cruz León, Valeria Vega Gtz.
Lectura por: Joyce Huber, Susana Figueroa, Lidia Tirado y Ana Biniza Cruz León.
Asesora: Mtra. Silke Trienke

Mesa 6
17:00 – 18:30 horas

Sinfonía de noche, fugaz incursión en la lengua judía con una propuesta de traducción Yiddish-Español
David Josué Piña Galicia.

Ilse Langner: Una visión femenina de la posguerra a través de una obra de escombros.
Anabel Alvarado.

Desde la masmédula: Una traducción de lo intraducible.
Valeria Vega Gtz.

Modera: Laura Cruz

Mesa 6
18:30 – 19:30 horas

Traductor vs. Falsificador. ¿Es el traductor un falsificador oculto?
Mtra. Cecilia Tercero Vasconcelos

Traducir lo cómico y lo grotesco de una lengua-cultura a otra. Algunos ejemplos
Mtra. Josefina Pacheco

Traducir emociones: Un acercamiento a la cultura maya a través de la poesía.
Mtra. Silke Trienke
con la participación del poeta maya Jorge Cocom Pech

Moderan: Lidia Tirado y Ana Biniza Cruz León.

jueves, 25 de octubre de 2012

El principito en hñähñu

Nota publicada en SDPnoticias.com el pasado 17 de octubre, sobre la traducción de El principito al hñahñu (conocido también como otomí).




Abre debate la traducción de “El Principito” al otomí; “¿Por qué mejor no publicar a escritores indígenas?”

El poeta y periodista cultural Mardonio Carballo indicó que no le parece tan atractivo que se traduzcan clásicos a las lenguas indígenas.

México, D.F.-  “En mi opinión es mucho más importante saber que están diciendo los pueblos indígenas y sus integrantes” escribió a través de su cuenta de twitter el poeta y periodista cultural náhuatl, Mardonio Carballo.

Carballo, quien colabora en la primera emisión de Noticias MVS con la cápsula Las Plumas de la Serpiente y conduce para el Canal 22 De Raíz Luna, planteó un serio debate sobre la traducción de “El Principito” al otomí, realizada por el profesor del Centro de Enseñanza de Idiomas de la FES Acatlán, Raymundo Isidro Alavez.

“Premisa falsa a mi parecer ¿Ahora que se tradujo El Principito al Otomí, los niños otomíes van a valorar más su lengua? No sería más necesario para el país que se publicaran libros de creadores en lenguas indígenas y darlos a conocer masivamente, para que los otros -los que hacemos que un niño se avergüence de su lengua- aprendamos a valorar a las otras culturas con las cuales compartimos este cachito de tierra que se llama México. Tal vez así, los niños y los papás de los niños no encuentren en la discriminación las razones para echar su lengua al olvido. Mucho ruido y pocas nueces” escribió en otra red social.

“¿Cuántos indígenas hemos leído El Principito o por lo menos fragmentos de este libro hermoso? Todos los que pasamos por la escuela primaria. ¿Cuántos escritores en lenguas indígenas conocemos? Preguntas para reflexionar. Y ojo, nadie está diciendo que El Principito no sea un gran libro”, puntualizó Carballo.
Ante los cuestionamientos sobre traducciones en doble vía, incluidas otras obras clásicas e incluso música de Francisco Gabilondo Soler, Mardonio insistió:
“¿Alguien conoce los cuentos y chistes del General Charis tan cotorros que los zapotecos cuentan y cuentan y que son tan hermosos? ¿No sería maravilloso que todos nos los supiéramos? Mi insistencia va en un sentido: No conocemos a los pueblos indígenas de México”.

La presentación de “El Libro"
Durante la presentación del libro en la Casa de Francia, la investigadora Verónica Kugel confió en que al ser una "lectura tan bonita y agradable, muchos jóvenes que ya no leen en su propia lengua se animarán a volver a hacerlo".

Por su parte, el profesor de idiomas de la UNAM indicó que trató "de rescatar los valores que inculca el autor como la solidaridad entre amigos, el deseo de ser feliz con cosas simples como una puesta de sol o las ganas de aprender y explicarse por qué suceden las cosas como si lo hiciera un niño".

Cabe destacar que Isidro Alavez es egresado de la Escuela Normal Rural "Luis Villarreal” ubicada en el Mexe, Hidalgo y posee estudios de maestría en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México, y un diplomado en Historia de México por la Academia Mexicana de la Historia.



Y la noticia anterior, a la que remite el enlace:
Tomada de: http://www.sdpnoticias.com/cultura/2012/10/17/especialista-de-la-unam-traduce-el-principito-al-otomi

Especialista de la UNAM traduce "El Principito" al otomí


"El Principito" del francés Antoine de Saint-Exupéry, fue traducida por Raymundo Isidro Alavez para unos 300 mil integrantes de la población otomí ubicados en Hidalgo, Estado de México, Guanajuato, Querétaro y Puebla.


México, 17 Oct. (EFE).- "El Principito" del francés Antoine de Saint-Exupéry, una de las grandes obras de la literatura contemporánea, ha demostrado ser uno de los "libros más universales" de la historia al ser traducido a la lengua indígena mexicana otomí, aseguró la investigadora Verónica Kugel.

"Esta traducción tiene doble importancia: para El Principito porque muestra que es uno de los libros más universales y que más impacto han tenido, y para el otomí porque nos muestra que puede expresar cualquier idea", explicó la investigadora del centro de documentación Hñähñu, la variante a la que ha sido traducida la obra.

Durante la presentación, en la Casa de Francia, de esta primera edición de 2.000 ejemplares, la experta confió en que al ser una "lectura tan bonita y agradable, muchos jóvenes que ya no leen en su propia lengua se animarán a volver a hacerlo".

Explicó que el título fue la parte más difícil de la traducción, pues los expertos pensaron en utilizar la expresión "Con el hijo del Rey", pero se dieron cuenta de que en realidad en el libro no hay referencias a un monarca. Por ello, expresar en esa lengua la "idea de un joven tan especial, fue la aventura lingüística del libro".

"Cualquier traducción técnica es mucho más fácil que la literaria, que requiere de experiencia, de enamorarse del libro, de dedicación y de una excelente visión de las culturas", afirmó Kugel, quien espera que haya una segunda edición de una obra que de acuerdo con la traducción literal se tituló "El muchachito gran jefe".

"El Principito" en Hñähñu está enfocado, de acuerdo con la académica, a dos públicos muy diferentes entre sí, uno que no habla la lengua indígena, que va a ser minoritario y que querrá coleccionarlo, y otro indígena, especialmente en escuelas o personas en general.

Kugel explicó que el pueblo otomí es uno de los más antiguos de México y está compuesto por unos 300.000 pobladores que principalmente se encuentran en los centrales estados de Hidalgo, México, Guanajuato, Querétaro y Puebla.
Por su parte, el traductor de la obra, Raymundo Isidro Alavez, aseguró a Efe que el "mayor reto" fue "describir los valores que transmite el autor" pues si se intenta adecuar a la lengua otomí de forma literal se pierde el sentido, de tal manera que leyó el libro varias veces para "sentir sus palabras y poderlas transmitir".

Algunos vocablos como "asteroide", "planeta" o "biombo" no existen en Hñähñu, por lo que según afirmó Alavez uno de los mayores esfuerzos de traducción fue encontrar nuevas palabras que permitieran identificar estos conceptos desconocidos en la lengua.

"Traté de rescatar los valores que inculca el autor como la solidaridad entre amigos, el deseo de ser feliz con cosas simples como una puesta de sol o las ganas de aprender y explicarse por qué suceden las cosas como si lo hiciera un niño", explicó el traductor, miembro de la Facultad de Estudios Superiores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), plantel Acatlán.


sábado, 20 de octubre de 2012

Un castellano americano para la Cataluña independiente


Un castellano independiente de España


Bernat Ferrer
La Nación digital

Lingüistas proponen que el Estado catalán normativice el castellano que se hablará, al margen de la RAE y sin oficializarlo, y entendiendo que “eminentemente es una lengua americana”

 

“Si la Catalunya independiente no gestiona el castellano, nos lo gestionarán desde fuera. Dar toda la legitimidad del castellano en Cataluña a la Real Academia Española (RAE) y al Instituto Cervantes sería un error gravísimo a medio y largo plazo.” Con esta contundencia se expresa la lingüista y editora Silvia Senz, una de las promotoras de una asociación en proceso de constitución, la Asociación Catalana de la Lengua Castellana, que pretende reflexionar sobre cómo el futurible Estado catalán deberá tratar el castellano. Conjuntamente con ella, el catedrático de Lingüística General de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) Juan Carlos Moreno Cabrera, afirma: “De entrada, oficializar el español será un error, porque el españolismo actuará como ya ha hecho en los países latinoamericanos. Nos enterraría”. En vez de la oficialización, proponen que la Catalunya independiente asuma el castellano como “una estructura de Estado de primer nivel: enseñándolo en a la escuela y aplicándolo en la industria cultural y en relaciones exteriores. Y, todo, orientado a América Latina”.
 En la foto: La lingüista Silvia Senz y el catedrático de Lingüística General de la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Carlos Moreno Cabrera, dos de los tres promotores de la Asociación Catalana de la Lengua Castellana. Foto: Bernat Ferrer / Nación Digital.

Senz y Moreno Cabrera, junto con Montserrat Alberte, lanzan al ruedo dos ideas (consúltese el borrador fundacional que proponen, en PDF): asunción desacomplejada del castellano por parte del Estado catalán, sin necesidad de oficializarlo, y que se entienda que el castellano “eminentemente es una lengua americana”, en tanto que en el continente americano se concentran el 90% de hablantes. Con este “nuevo enfoque” en el estudio del castellano, “la Catalunya independiente no sería un país cerrado como nos han querido hacer creer, sino abierto al mundo; no sería un país aislado, sino que usaría el castellano como lengua de relación de primer nivel internacional”. Con estas medidas, entre otras, consideran que “se situaría Cataluña en el mundo”, al tiempo que “quedaría aislada una España que, en realidad, viendo los hechos y analizando la norma, no ha querido ceder el poder lingüístico en América”, afirman provocativos.
“Hay que estudiar al enemigo y se deben conocer sus armas para poder utilizarlas en beneficio propio. Y España ha concebido siempre el castellano como una herramienta geoestratégica, económica y geopolítica de primer nivel. Lo vimos clarísimamente con el proceso de expansión de las grandes empresas españolas, que siempre han dicho que su mercado natural de expansión era América Latina. De hecho, todo el proyecto de España se ha construido a través de la lengua, el castellano ha sido el elemento central que ha recogido las esencias de la nación”, afirma Senz, de raíz castellanohablante.

“El catalanismo debe entender que la RAE es uno de los elementos políticos más potentes de que dispone el Estado” resaltan. “Los países latinoamericanos siempre le han cedido la gestión de su lengua, y cuando quieren establecer posiciones propias, todo son críticas.” De hecho, el presidente de honor de la Fundación proRAE es el rey Juan Carlos, el presidente, el gobernador del Banco de España, y, entre los vocales, se cuentan los presidentes de Telefónica, Repsol, Endesa, La Caixa y el Grupo Prisa, entre otros.

 
Lengua eminentemente americana

Tratando el castellano “como una lengua eminentemente americana” sin complejos, sostienen que la República catalana podría relacionarse de tú a tú con el gran mercado norte, centro y suramericano, así como con la comunidad hispana de EE.UU. “Es falso que el castellano sea una lengua homogénea. Es una lengua muy dividida, de hecho, la escuela y los medios de comunicación de América Latina ya han desarrollado una serie de estándares, no oficiales para la RAE, por propia necesidad”, explica Moreno Cabrera.

¿La prueba de todo ello? La multinacional de la animación Disney, cuando estrena una película para el mercado hispanohablante, de hecho estrena tres: una, “la principal”, apunta Senz, para el mercado formado por México, Puerto Rico y los hispanos centroamericanos, la segunda, para los países andinos, el Uruguay y Argentina…, y la tercera, “la versión minoritaria”, para el Estado español. El fenómeno literario Harry Potter también siguió los mismos pasos.

Aseguran que en Argentina menudo hay muchas quejas de los libros que lesllegan de España, porque se quejan de que “hay muchos chorizos o butifarras”, que no entienden. Si la Cataluña independiente tuviera en cuenta estas demandas, y asumiera otros estándares lingüísticos al margen del de la RAE, lograría una gran entrada en el mercado latinoamericano. Senz sentencia: “José Manuel Lara Bosch es un inculto, porque podría plantearse editar libros con estos otros estándares y hacer mucho más negocio de lo que hace ahora”.

“Debemos entender esta realidad, y debemos poder ser productores”, expone Senz. “El catalanismo está tan obsesionado con el futuro del catalán que no se da cuenta del potencial lingüístico que tiene en su entorno”, sentencia.
Una AVL para la RAE

“¿Por qué hablan de valenciano, catalán, mallorquín, ibicenco..., y en cambio no hablan de murciano, argentino, mexicano?”, se pregunta Moreno Cabrera. La reflexión, inevitablemente, lleva a preguntarse si el castellano, el catalán o el inglés existen como tales. “Las lenguas son sumas de variedades; la homogeneidad de una lengua es un concepto político”, responde contundente. Y opina: “La RAE no aceptaría nunca los equivalentes a la Academia Valenciana de la Lengua (AVL) aplicados a los diversos castellanos que se hablan en América Latina, pero serían mucho más necesarios”.

De la misma manera que es asumido por todos que el inglés británico es diferente del inglés norteamericano, y que ambos son estándares válidos, Moreno Cabrera y Senz se preguntan por qué no existe un fenómeno similar con el castellano. “El idioma normativo siguesiendo profundamente castellanocéntrico”, constatan.

“Se nos ha vendido la idea de que hay una lengua superior y genuina, el castellano normativo, y que de aquí se derivan las diferentes variedades. Pero, lo que prevalece, lo que es superior, es el normativo. Y es una idea que tenemos inoculada desde 1714, cuando Felipe V dio amparo a la Real Academia Española”, denuncian, sin aceptar que esta norma deba ser la única válida, como de hecho ya no lo es para la versión en español de las cadenas CNN o Fox.
La no oficialidad del castellano

“En Armenia, el armenio es la única lengua oficial. Sin embargo, en las librerías y bibliotecas, sólo el 30 % de la oferta que se encuentra es en armenio, el resto, el 70%, es en ruso. Imaginemos qué pasaría si el ruso fuera oficial.” Con este dato, Moreno Cabrera ejemplifica el motivo por el cual entiende que el catalán (junto con el aranés) debe ser el único idioma oficial de la futurible República. Y aporta otra: “Después de que los países latinoamericanos se independizaran de España, la ruptura con Madrid no fue total. Las élites criollas se continuaban identificando y relacionando con España, y Madrid las instrumentalizó en beneficio propio”. Y una tercera: “En Paraguay, el 90 % de la población habla guaraní. En cambio, en el Parlamento, ningún diputado lo utiliza, porque la consideran una lengua inferior”.

Moreno Cabrera y Senz hacen un llamamiento al conjunto del catalanismo para que piense cómo quiere gestionar las lenguas que se hablan en Cataluña. Ahora, la justicia española dictamina que en Cataluña se debería poder estudiar en castellano básicamente porque es una de las dos lenguas oficiales de la Comunidad Autónoma. Si el Estado catalán asume el castellano como oficial, “como propone ERC”, España tendrá un motivo de peso para poner en marcha un conflicto internacional con la Cataluña independiente, razonan. Con el castellano como lengua oficial, difícilmente nada podrá impedir que el espacio mediático español continúe sintonizado en las televisiones catalanas. En cambio, si no cuenta con un estatus de oficialidad pero el Gobierno vela especialmente para que se conozca, a ojos de la legalidad internacional el riesgo de conflicto disminuirá.

Por todo ello, Senz afirma: “No hay que otorgar plenos derechos a los castellanohablantes. El gran éxito de las políticas de integración de Cataluña, que han permitido que todos conozcan el catalán, ahora resulta que se lo cargan los propiospolíticos dividiéndonos por razones de lengua. No hay catalanohablantes o castellanohablantes, sino gente que tiene el catalán y el castellano como primera o segunda lengua, pero todos se pueden identificar con el catalán de una u otra manera”.

“Si el Estado catalán no blinda el catalán y el aranés, en ningún lugar más que en Cataluña tendrán garantizada la supervivencia. Porque, con la independencia de Catalunya, debemos tener claro que desaparecerá del País Valenciano y de las Baleares”, profetizan.